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Samuel Yebra Pimentel
25/01/2018

El malestar de la salud

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Dice José Lázaro que “difícilmente tendrán solución los problemas sociales, si los intereses reales se ocultan sistemáticamente bajo el discurso de los falsos valores generales”.


Este es el escamoteo general que ejercitan sobre la población los políticos establecidos. Siempre la misma estrategia, las creencias particulares y sus beneficiarios se disfrazan de valores universales científicamente probados. -Téngase en cuenta que el modo democrático de gobernar no puede quedar únicamente en la forma de elegir representantes, sino también en la prosecución de soluciones justas y buenas, algo imposible desde este escamoteo de la verdad. –


No hay nada mejor que una crisis, una gran crisis, para imponer una restricción de los derechos, para conseguir la anuencia de los ciudadanos sobre los recortes. ¡Apriétense los cinturones!


Suponíamos que dada la nueva situación teníamos que renunciar, aunque no más fuera por un momento, a lo que eran derechos asentados. Cunde al tiempo el discurso de la resignación coreado por expertos y líderes y lideresas políticos/as.


Una resignación que pasó de ser material a ideológica con el llamado pensamiento único, pues tras los valores manifiestos, -¡apriétense los parietales!-, había intereses ocultos, de cambio de modelo sanitario, de ir privatizándolo paulatinamente…


Un cambio de modelo sanitario y educativo y de administración de las aguas y de las basuras, e incluso policial y penitenciario.

 
Para la educación se inventaron los conciertos, nada que ver con la música. El Estado subvenciona la ‘libertad’ de las familias a elegir una educación diferencial. Esta ‘libertad’ se empaqueta como el valor fundamental y al paso se oculta el interés confesional o ideológico, sin menosprecio del económico, por mantener el control sobre la juventud. ¿No es esta la subvención del capricho? ¿No debieran de haber empezado por ahí los recortes?: ¡Viva la religión, muerte a la filosofía!


Se subvencionan unas formas particulares de entender la educación y se prescinde a un tiempo de la capacidad de selección del profesorado, o se hace la vista gorda con la segregación del alumnado que se practica en esos centros en detrimento de los públicos, que terminarán por aceptar a los alumnos/as difíciles expelidos desde la privada y /o concertada.


Así se desprestigia también la sanidad pública, con intereses espurios parecidos. Toleramos entonces, con el eufemismo de la crisis, el copago de los medicamentos, el abultamiento de las listas de espera, el ninguneo de la ley de dependencia.


La sanidad en los pueblos castellanos y leoneses es ya una sanidad nómada. En aquellos pueblos en los que aún hubiera consulta un par de días por semana, con la libranza de guardia del facultativo/a se quedará en uno solo. No habrá enfermos el resto de los días, así será decretado y/o recortado. Coja usted su coche o avise a un taxi (el transporte público pasó a ser a la demanda como tránsito a su desaparición total) y salga al albur de encontrar a su médica o enfermera. Otro tanto ocurre con las especialidades, caso de Astorga. Ancianos giróvagos astorganos en tránsito a León en busca del especialista de turno. El taxi, de su peculio y sus pensiones esquil(m)adas.


El sábado día 20 de enero hubo una manifestación contra este estado de cosas en Valladolid, si no fuera por este tipo de protestas todavía serían mayores los recortes. Resulta curioso que a la misma solo acudieran los afectados, los sindicatos y algunos partidos de la oposición. Esto prueba un ‘Modus tollens’: los que no reclaman no apoyan a su ciudadanía ni en la salud ni en la enfermedad.


No todo lo reivindicado en una manifestación tiene por que serlo por todo el mundo que acude a ella, pero basta que sus aspectos fundamentales lo fueran para poder sumarse.


De Astorga nada de nada, ni el PP ni el PAL, lo mismo sucede con los desconocidos ‘Ciudadanos’ que no estuvieron, salvo que fuera a título personal. ¿Tienen estos partidos locales pensamiento propio? No lo parece. Tienen prioritariamente los intereses de su partido sino los suyos personales. Y sucede que en este caso esos intereses no coinciden con los de la ciudadanía a cargo de su gobierno. ¿Cómo va a ser posible así un pensar en común sustentado en el diálogo?


"Politicamente -dice Karl Jaspers- no puedo permanecer ajeno al gobierno de mi ciudad, pero moralmente sí puedo permanecer ajeno a ese gobierno, en cuanto no asiento a él y cifro mi voluntad en su destrucción". (Esto no es deslealtad al gobierno, es asentimiento a la propia convicción pensada, bien pensada, que elude la identificación del bien común con el interés de los pocos): Puedo fundamentar esta voluntad de denuncia del gobierno local astorgano, regional, comunitario y estatal en el informe de Oxfan-Intermon, o el ‘Informe España 2017’ realizado por la Comisión Europea.

 

En estos dos informes publicados el 22 de enero del año en curso se cuestiona la presunta objetividad en el modo de tratar las cuestiones sociales por parte del gobierno de España y sus adláteres.


El informe de Bruselas se lamenta de la enorme y persistente desigualdad, de la gran cantidad de población en riesgo de pobreza, del abuso de la contratación temporal. (Y mientras el presidente español declarando que jamás intervendrá en una empresa donde exista discriminación salarial hombre-mujer. ¿Persigue la ley la discriminación o no? ¿En qué quedamos, se guía usted por la ley o no se guía? Parece ser que según convenga.)


Por su parte el informe de Oxfam-Intermon manifiesta que la recuperación económica en España ha beneficiado cuatro veces más a los ricos que al resto de la población. ¿Habrá que recordarle también a Rajoy que la simple generación de riqueza repartida injustamente como se hace ahora no redunda en beneficio de los ciudadanos y por ende del país? ¿Habrá que recordarle que el recorte de país en que nos ha convertido somos nosotros? ¿Habrá que recordarle que su recorte es el de la recortada?


Visto que el trato personal y técnico de la sanidad pública se degrada de manera ostensible, que se producen ventajas de todo tipo, incluso fiscales, para favorecer a los individuos con cobertura sanitaria privada y de que cada vez somos más conscientes de casos de negligencia tratados en la sanidad pública. Lo que ha venido activando la protesta…¿Cuánto tiempo podremos aguantar a estos políticos antes de ser expelidos como en Islandia?

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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