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M.A. Reinares
28/01/2018

Gregorio Valderrey: "Siempre he dado el callo con voluntad y ganas, la vida no me ha regalado nada"

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Gregorio Valderrey es la cara visible de La Venta de Goyo, la empresa de ámbito rural premiada por la Asociación de Empresarios de Astorga y Comarca. Pero trabajando duro al lado de Goyo está Belén Fernández, su esposa, una cabreiresa que se coloca siempre en el segundo plano de la escena, pero que junto con su marido ha logrado en tres años levantar un negocio de hostelería en un pueblo, Valdespino de Somoza, que costaba situar en el mapa. Hoy muy pocos desconocen que en este pueblo hay un lugar donde se come de lujo.

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Acaba de recibir el Premio a la Empresa Rural 2017 con el que la Asociación de Empresarios de Astorga y Comarca reconoce su trabajo al frente del restaurante La Venta de Goyo en Valdespino de Somoza, un pueblo enclavado en Maragatería a nueve kilómetros de Astorga. ¿Cómo fueron sus comienzos en el sector de la hostelería?

 

Mis primeros pasos en la hostelería están en Casa Gloria de Santiago Millas con Pili y Juan cuando tenía 15 o 16 años. Me llamaban algunos sábados y domingos cuando empezaron a trabajar fuerte. En principio les iba a ayudar en el comedor y al final me quedé con Pili en la cocina ayudándole a sacar el cocido y preparando las fuentes. El cocido maragato que hacemos en La Venta de Goyo se lo debo a Pili, de hecho ocho días antes de abrir las puertas de la venta me fui a que me acabara de enseñar, y la verdad es que es un éxito. El secreto es buscar carnes buenas y curadas, que todas las materias primas sean de calidad.

 

 

Es decir, que a usted lo que de verdad le gusta son las ollas y la cocina.

 

Eso de toda la vida.Yo me crié en Santiago Millas con mi abuela. Se murió cuando yo tenía 13 años y yo me recuerdo siempre a su lado, éramos inseparables, me gustaba observar cómo se desenvolvía en la cocina. Hasta los seis años vivimos en Astorga cuando la crisis económica de los años 80 dejó a mi padre sin trabajo en la construcción y tuvimos que venir a Santiago Millas. Con muy pocos ahorros y con la ayuda de mis abuelos, mis padres compraron 17 ovejas que poquito a poco fuimos aumentando hasta conseguir un rebaño de casi 350 cabezas. Yo terminé 8º de EGB y me obligaron a hacer 1º de BUP, pero había mucho trabajo y unos cuantos problemas en casa y dejé los estudios. En ese curso ayudaba a arar las tierras y con el rebaño.

 

 

Por lo que nos cuenta, la vida no le ha regalado nada.

 

Siempre he dado bien el callo, ganas y voluntad no me han faltado nunca. En aquel momento mi padre estaba ya enfermo y mi madre siempre tuvo problemas con las piernas y la vista. Nosotros subsistimos gracias a mi abuelo, era el que iba el martes a la compra y si necesitábamos algo siempre estaba ahí para ayudarnos. Mis padres tenían dos pensiones no contributivas por enfermedad, es decir, no había nada. Cuando había algún trabajo en el pueblo como por ejemplo levantar una pared de una huerta o hacían un tejado y necesitaban alguien que fuera a quitarles el escombro, pues allá iba yo para ganar un pequeño sueldillo.

 

A los 16 años empecé a trabajar en la construcción de pinche con Sindo Castro, mi primer sueldo fue de 81.000 pesetas en el año 1994. En la construcción aprendí a revestir paredes, poner ladrillos, a colocar reglas..., fui restaurando la casa vieja de Santiago Millas, arreglé la cocina e hice un cuarto de baño y dos habitaciones con los pocos ahorros que fui ganando en esos años. Mi vida ha sido trabajar y ahorrar para arreglar la casa de Santiago Millas. El que más me enseñó de este oficio fue el señor Antonio, una persona muy buena de Santiago Millas, con el que aprendí a colocar la regla, a emplomar, a todo.

 

Fueron momentos malos de verdad. Cuando hicimos el tejado de abajo, el señor que nos vendió la teja tuvo que estar esperando para cobrarla, igual, seis años, yo creo que lo daba por perdido, siempre le dije que cuando pudiera le iba a pagar y confió en la palabra de un maragato. El día que le llamé para que me diera el número de cuenta y pagarle la nota que teníamos pendiente, no me quería cobrar solo por la cosa de haberle llamado. Hoy este hombre es uno de mis mejores clientes.

 

 

Esa seriedad y saber estar de los maragatos lo ha trasladado al sector donde finalmente ha acabado desarrollando su vida profesional. ¿Dónde aprendió a trabajar duro en hostelería, a llevar una bandeja y servir con profesionalidad las mesas?

 

El Hotel Astorga fue mi primera escuela. Empecé a trabajar de camarero en una época fuerte, cuando se estaba construyendo la autovía en el año 97. Me tuve que poner la pajarita y el chaleco, parecía un figurín. Yo le debo todo a Tito, hubo momentos buenos y momentos malos como cuando me acompañó a León a buscar a mi madre el día que murió mi padre. A este hombre le debo muchas cosas. Allí conocí a Belén, ella llevaba seis meses trabajando en la cocina y después de cinco o seis años nos empezamos a tirar los tejos. Ya llevamos 21 años juntos.

 

 

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En los ratos libres cuando salía del Hotel  Astorga hacía seguros para sacar unos ahorros con los que ir quitando deudas que habíamos contraído años antes y para seguir arreglando la casa de Santiago Millas, esa casa ha sido siempre una de mis ilusiones.

 

Después estuve casi cinco años en Villadangos trabajando en el restaurante del Hotel Avenida cuando empezaron las obras de la autopista y de urbanización del polígono industrial.

 

 

Su vida laboral parece la de una hormiga: muy laboriosa y sin dejar pasar una sola oportunidad. A pesar de las dificultades siempre acaba saliendo adelante con éxito, como le ocurre ahora con La Venta de Goyo.

 

Gracias a Dios desde el principio ha sido así, siempre acabo encontrando un hueco. Después volví al Hotel Astorga, trabajé en el Astur Plaza 11 años y medio, donde me doy a conocer bastante en la terraza, y por útlimo en el Ciudad de Astorga. La clientela que hoy tengo la conservo, incluso, desde el Hotel Astorga. A La Venta de Goyo vienen señores que llevo atendiendo desde hace 21 años. Antes de abrir La Venta de Goyo trabajé tres meses en Palcarsa que me sirvieron para capitalizar el paro. A partir de ese momento, me dije que si iba a trabajar en hostelería lo haría para mí, en un negocio que yo gestionara. Y así fue.

 

Al acabar lo de Palcarse fue cuando se me iluminó la cabeza, me senté como cuando tienes un problema que no le encuentra salida y me decidí por Valdespino. Lo había intentado en 2008 en Santiago Millas pero me falló la financiación. A Valdespino traje los presupuestos de maquinaria, mobiliario, vajilla..., ya tenía hasta los pedidos organizados, porque mi proyecto de Santiago Millas lo tenía maqueado, esto es un calco de aquello, es el estudio económico que hice para presentar al programa Leader.

 

Cuando nos trasladamos a Valdespino vine a por todas, si alguien pensó que venía a ver lo que caía estaba muy equivocado. En la Semana Santa de 2014 cuando abrimos La Venta de Goyo nos fue muy bien pero esto no es Jauja, evidentemente, es un negocio que requiere mucho sacrificio personal, con muchos gastos de luz, el alquiler, la Seguridad Social... Ahora  somos cuatro empleados Belén y yo fijos y otras dos personas que nos vienen a ayudar los fines de semana, las fiestas y cuando hay más apuro.

 

Detrás de la venta hay una historia personal, están nuestros dos hijos, mis hermanos, sobre todo Víctor y Robinson que cuidan de los niños, para nosotros son un pilar importante en este trabajo donde no existen horarios.

 

 

Acaba de comentar que antes de La Venta de Goyo ya lo había intentado en Santiago Millas pero le falló la financiación. ¿Las ayudas a las iniciativas empresariales rurales son realmente eficaces?

 

Este año va a tocar en el Parlamento autonómico pelear el tema de la fijación de población. No vale que se tengan una serie de ayudas a través de asociaciones locales como el Leader que subvencionan con el 20, 30 o 40 por ciento si no puedes disponer de ese dinero desde el minuto uno. La gente que viene a los pueblos muchas veces lo hace por necesidad y sin recursos económicos para poder emprender, de qué sirve que te vayan a dar una ayuda si tienes que poner tú la financiación por delante y esperar a que cumplas una serie de trámites para darte el dinero. Yo creo que lo interesante es que te ayuden en la financiación con garantías que pueden ser el local, parte de la maquinaria o con lo que sea, no es que haya que dar el dinero por darlo. La subvención la has pedido para evitar males mayores, pero una vez que el negocio está en marcha no es para que siga funcionando y tener liquidez sino para cancelar deudas y que cómodamente se pueda seguir haciendo los pagos. Sólo es capaz de soportar económicamente el inicio de un negocio quien que tenga liquidez u otro negocio para poder tirar, porque los bancos ya sabemos como funcionan.

 

Todos tenemos que ser iguales a la hora de acceder a las ayudas. Cuando acudí al Leader en 2008 para montar una empresa en el ámbito rural me pusieron como traba que en Santiago Millas ya había otro restaurante y el pueblo estaba saturado de plazas hoteleras. Yo no sé de dónde sacan las normas, la competencia siempre es un aliciente. Al final he montado La Venta de Goyo sin ninguna ayuda porque dejas de creer en ese sistema. La liquidez la conseguí después de casi 20 años trabajando y no pedir el paro nunca, lo capitalicé íntegro, eso sí que es una buena ayuda para la gente que quiere emprender.

 

 

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Lo de fijar población queda muy bonito sobre el papel porque en las áreas rurales donde sufrimos la despoblación, la realidad del día a día acaba con las grandes palabras de los políticos. Sin ir más lejos, esta semana en Valdespino de Somoza hemos estado tres días, prácticamente, sin Internet. Así es muy difícil el asentamiento de negocios.

 

Efectivamente, debemos tener servicios de calidad. En esta semana con tres días sin Internet, el martes no pude cobrar tres mesas con tarjeta, tuve que fiarme de la buena fe del cliente para que me hiciera una transferencia. Es un compromiso hacia los clientes que no es ni medio normal y nadie se preocupa de esto. Con Movistar estuve el otro día hablando una hora y media hasta que al final pude hablar con una persona responsable y me dijo que había una avería en la torreta de Santiago Millas, que el primer día falló el 4G que nos va muy rápido, y luego el miércoles también falló el 3G, hemos estado dos días y medio dejados de la mano de Dios. ¿Quién se preocupa de nosotros?

 

A los ayuntamientos hay que pedirles facilidades para que la gente emprenda porque pueden hacer más de lo que hacen. A la Diputación hay que reclamarle que se gaste un poco más en promocionar a los pueblos de la comarca de La Maragatería, ya está bien de Leitariegos, de San Isidro y la Cueva de Valporquero, parece que todo se va esa zona, todos pagamos impuestos y también nos merecemos una partida de publicidad para promocionar esta zona.

 

En Valdespino en los dos últimos años han pasado por La Venta de Goyo más de 10.000 personas. Con esto lo que quiero es animar a que vengan otras personas y se queden aquí o habrán otros negocios que pueden ser perfectamente de hostelería. El esfuerzo que estamos haciendo los agentes privados debe tener un apoyo por parte de las instituciones. Pedimos que se tomen en serio el potencial que tiene la Ruta del Oro, tenemos yacimientos en toda Maragatería, los romanos vinieron aquí para explotar los minerales de nuestra zona, no sólo el oro, también de hierro, como las minas de Santiago Millas.

 

 

Y para ir finalizando, estará orgulloso de que tres años después de poner en marcha La Venta de Goyo, Asemac les haya reconocido a usted y a su mujer todo el esfuerzo que están realizando.

 

 

Es una gran satisfacción. Les doy las gracias tanto a Asemac como al ayuntamiento de Astorga y las Concejalías de Comercio y Turismo por que cuenten con nosotros para participar en ferias y eventos. Desde Valdespino animamos a todas las empresas del ámbito rural a que se asocien a Asemac porque sería una manera de tener mayor presencia a la hora de pedir que se mire un poco más hacia los pueblos y sus habitantes, que son los que también dan vida a la economía de Astorga. 

 

Parece que no pero en los pueblos sí se mueven iniciativas. Yo siempre pongo como ejemplo Valdespino donde hay tres empresas de construcción, una de forja artística y mecánica, una empresa periodística, una peluquería,  un establecimiento hostelero, una casa de turismo rural, tenemos el gimnasio ecológico, la herrería de Pepe Ares y un artista plástico, Luis Antonio Alonso. Y toda esta riqueza económica se ha ido creando pasito a pasito a tan solo nueve kilómetros de Astorga.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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