Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/08/2018
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Tomás Valle Villalibre
2/02/2018

Necesito silencio

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En este mundo tan ajetreado puede parecer muy atrevido hablar del silencio, pero yo creo en él, creo que es algo más que la ausencia de ruido, es el descanso del alma en momentos difíciles, la satisfacción en escenarios memorables.


Pitágoras definía el silencio como “el principio de la sabiduría”.


Hoy, en mí estudio, sentado frente a la ventana desde la que veo nevar sobre los tejados de la ciudad siento que el silencio es mi mejor aliado. Imponiéndose como un buen momento para la reflexión e intentar encontrar lo que a simple vista no soy capaz de ver; para tomar decisiones sobre circunstancias que forman parte de mi vida y que considero entrometidas en el momento y el tiempo. 


Respiro hondo y escucho el ruido del silencio mientras repaso mentalmente lo que fue el año que he dejado atrás y pretendo concretar objetivos para el que ha comenzado. No me resulta fácil ya que suelo ser más crítico con lo que he dejado de hacer, que con lo que hecho; tampoco el establecer prioridades sobre lo que pretendo hacer es fácil y más aún  en estos momentos de mi vida.


“El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio” diría el filósofo alemán Freidrich Nietzche.


Necesito silencio. Silencio para pensar y pensar, y no saber lo que he pensado de tanto pensar. Solo necesito silencio para darme cuenta que soy capaz de correr tupidos velos sobre momentos del pasado que podrían abrir heridas. Para recordar a los que han pasado por mi vida dejando una huella que no quiero  borrar.


La saturación informática que estamos viviendo, la gran cantidad de opiniones vertidas desde los medios de comunicación o a través de las redes sociales sobre cualquier cuestión, sin que nadie las solicite, a mí personalmente me hacen reivindicar el silencio. El estruendo de rumores y murmullos, la palabra hueca de los políticos, el bullicio financiero, la injusticia social. Necesito silencio. 


Silencio prístino de lugares tranquilos, embriagados por la calma y la tranquilidad. Silencio como paréntesis, como momento de quietud en medio del griterío reinante, como opción recomendable cuando no se tiene nada realmente importante que decir. 


La nieve sigue cayendo suavemente, como con miedo, sobre los tejados que veo desde mi ventana. Todo está tranquilo. Hasta el perro de la señora Chon, la vecina del cuarto, parece necesitar tranquilidad evitando hacer el más mínimo ruido. Necesito silencio.  


Silencio para descifrar el espectáculo de la naturaleza, imaginar el murmullo de un caudaloso rio, el melodioso coro de grillos y saltamontes, los majestuosos mensajes de las olas del mar, de las nubes, o para, simplemente intentar apreciar la reservada voz de una rosa.


Silencio para paladear los colores, los sonidos, las palabras sabias que surgen de él y no regresan al abismo, si no que perduran en el tiempo. Necesito silencio para leer y releer la vida, mi vida; para respirar el aire libre de pensamientos, para sumergirme en un mar lleno de fantasías, para oxigenar mi espíritu.


Silencio no significa vacío, alejamiento, oscuridad, olvido; silencio es un espacio sagrado en el que las voces resuenan más nítidas explicándonos el sentido insondable de nuestras ambiciones secretas.
La nieve resbala silenciosa por los cristales de la ventana de mi estudio. Silencio…necesito silencio.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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