Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 16/08/2018
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DETRÁS DE LA HUELLA DEL INEMA
Juan Antonio Cordero
6/02/2018

Mérida Pérez 1964-71. Lo académico

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El último curso académico completo en que fue utilizado el edificio de Padre Blanco como Instituto, fue el 1962-63. El siguiente comenzó en el de Padre Blanco, porque la puesta en marcha del nuevo sufrió la demora de unos meses, pero tan pronto como se pudo (creo que los primeros meses del 64) se realizó el traslado y comenzó a funcionar en el Edificio de los Sitios 2. El año 1971 se pone en funcionamiento la Ley de Villar Palasí que produce unos grandes cambios educativos sobre todo en lo que afecta a las Enseñanzas Medias (EGB y BUP).


Como ya hemos comentado, el nuevo Edificio del INEMA ya nace pequeño y dado el emplazamiento escogido, sin posibilidades de ampliación. No se saben las razones de las decisiones tomadas al respecto, así como los beneficiarios de tales decisiones, si los hubiere. 

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Pero derruir el precioso edificio modernista Grupo Escolar Santa Marta[1] que puede verse en la foto, al que un servidor asistió en los años 1958 o 59, situado en la Muralla para construir un edificio pequeño de origen, apenas sin patios ni capacidad de crecimiento y crear casi inmediatamente una ampliación de éste tocando otra parte de la Muralla… no parece casual habiendo, como las hubo en aquel momento, otras opciones.


Recordamos que, como ya hemos mostrado anteriormente, en el año 46 el Ayuntamiento compró unos terrenos en los Chanos, tocando al Cuartel de Santocildes, que fueron cedidos al Ministerio de Educación para construir un edificio más apropiado que los existentes en aquel momento en Padre Blanco y Rodríguez de Cela. Y que el Ministerio los aceptó en agosto de 1947.


Se aludió a que el terreno de los Chanos ya tenía nuevas ocupaciones para descartarlo y otras posibles ubicaciones como la Eragudina o la Plaza del Ganado, también fueron rechazadas a pesar de cumplir eficientemente los requerimientos que pedía el Ministerio de Educación. En ambos casos, la amplitud de los terrenos hubiera evitado quedarse pequeño justo recién inaugurado.


No se conocen bien los motivos profundos de por qué se abandona la utilización de los Chanos, pero lo cierto es que se decide utilizar el terreno ocupado por el mencionado Grupo Escolar, a pesar de ser este espacio mucho más caro, mucho más pequeño y con menos disponibilidad. A nuestro juicio esto fue el primer gran atropello, o al menos error, asociado a la creación del nuevo Instituto, aunque no el único. 


Construir un nuevo Centro y crear casi inmediatamente después una ampliación de éste destruyendo otra parte de la Muralla… no parece casual. Pudiera pensarse que la pequeñez del primero justificara el segundo gran atropello, la construcción de la Delegada en la Muralla. Tal vez algún día merezca la pena analizar el por qué de las decisiones tomadas, y tratar de encontrar explicaciones de lo que pasó y por qué pasó.


El Curso 1963-64 se inaugura el nuevo edificio de INEMA de las calle de Los Sitios 2. La prensa local señala las maravillas del nuevo Centro en cuanto a la modernidad del material didáctico-pedagógico y los laboratorios.

 

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El acceso principal al Instituto se hacía a través de una entrada central. Tras subir cuatro escalones accedías al hall.

 

Entrando, a la derecha, la Secretaría, cuyo tablón de anuncios ha visto tantos semblantes de alegría joven y aparatosa y tristeza con lágrimas entrecortadas mirando notas finales. Y dentro, la administrativa, Doña Maria Antonia Martínez Garrido, eficiente Secretaria, educada, respetuosa con todos y respetada… recientemente fallecida. Y también Don Rafael Tejeiro, Comisario de Policía y Profesor de Dibujo, siempre irónico y con una pequeña cuerda, de no más de un metro, empolvada de blanco en el bolsillo derecho de su chaqueta y que hacía servir como tiralíneas en el encerado. Una buena persona, un buen profesor, casi siempre de buen humor, y un buen policía que supo separar pulcramente sus dos trabajos.

 

A la izquierda, la Conserjería, con paquetes de folios, copiadoras, clichés para tipografía…, los funcionarios con sus categorías que aún no distingo hoy: el bedel, el conserje… El señor Valderas y Gonzalo, que también llevaba un pequeño bar en la pared que pegaba al "Tronco", con sus pinchos de tortilla y bocadillos de mejillones a 6 pelas... como nos recuerda Rafa Torres. Y el señor Losada, aunque de este último no estoy seguro de si estaba en Los Sitios, 2 y la Delegada o sólo en esta última.

 

De frente el Muro, justo debajo de las escaleras que llevan a los pisos superiores.


Había, creo, otro acceso al Instituto por una escalera situada en el ala izquierda, utilizada por las chicas para salir, que daba al pequeño bar-chiringuito aludido, donde los alumnos más pudientes compraban bocadillos, pinchos y otras chuches a la hora del recreo. También se servía orujo y ginebra… pero no a los alumnos.

 

En la planta baja, a la derecha, y tocando con las antiguas casas de Miguélez, la Capilla, posteriormente con otros usos lúdico-pedagógicos. Estaban también los despachos de Dirección y Secretaría, lavabos de alumnos y profesores, algunas aulas y, creo, algún laboratorio y departamentos.

 

La primera planta estaba sobretodo dedicada a las aulas de los cursos más bajos. También había lavabos, otros cuartos (materiales, algún Seminario[2]…) y la Sala de Profesores. En frente de la Sala de Profesores había un Aula muy larga, donde yo cursé 1º y a la que asistimos más de 75 alumnos. Daba a la Muralla y su longitud podía ser la mitad del ancho del edificio. La otra mitad la ocupaba otra aula igualmente larga, aunque practicable, que servía en ocasiones como salón de actos.


No recuerdo apenas nada de la segunda Planta, que era la de los cursos superiores. El bachiller Superior ya lo cursé en la Delegada.

 

Ha llegado a mis oídos, por más de una fuente que considero solvente y que no citaré, que en el año 1965 o 66, tuvo lugar una conversación por la Muralla entre el alcalde conocido popularmente como Pepón y Don Ángel González Álvarez, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y Director General de Enseñanzas Medias del MEC en aquel tiempo, sobre las primeras decisiones que darían lugar a la construcción de la Delegada del Instituto, situada en la Muralla.

 

El primero se quejaba de que estaba habiendo una explosión de estudiantes de Bachiller en Astorga, y que el INEMA recién estrenado se quedaba pequeño. Don Ángel le dijo: “¿Tú tienes terrenos para hacer un Instituto?” a lo que el alcalde contestó: “Aquí mismo”, señalando los terrenos de la parte de abajo de las Murallas, lado Cuatro Caminos.


Poco después, parece ser, que desapareció el Proyecto de un instituto en Montijo y se vino para Astorga, con planos y orientación incluidos. No tengo más detalles de lo ocurrido, pero es posible que este cambio rápido y ‘entre bastidores’ sea la causa de la mala orientación que siempre tuvo el edificio: Desde siempre todo el Aulario estuvo a la sombra, lado paseo, lo que no tiene ningún tipo de lógica en un sitio con temperaturas bajas la mayor parte de curso…


Es de suponer que en aquellos tiempos… el margen de variación y modificación de planos era mínimo… amen del favor que suponía para Astorga dicho Centro. Como para andar con remilgos, escrúpulos o poniendo pegas… Por otra parte, parece que esta discrecionalidad administrativa… tampoco era una excepción.

 

A modo de simple curiosidad, me he tomado la molestia de buscar el Instituto Extremadura de Montijo y la Delegada de Astorga para ver similitudes, y yo creo que las hay, pero dejo al lector que saque las conclusiones que le parezcan oportunas respecto a los comentarios hechos.

 

 

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Quede constancia del gran crecimiento de la población de estudiantes de Enseñanza Media que tuvo lugar, en Astorga, y en toda España… y que seguramente podrían explicar algunas de las situaciones, desajustes y anomalías que ha padecido nuestro  sistema educativo durante estos años, y de los que muchos de nosotros hemos sido protagonistas. La distancia con los hechos ha de darnos más comprensión con los fenómenos que automatismo en los juicios de lo que pasó ayer con la mentalidad y los valores de hoy. El análisis riguroso de la historia, aunque sea cercana, necesita de fuertes contrapesos de contexto, de marco social, económico y político.

 

En un Cuadro que no mostramos por escasez de espacio se podría apreciar el incremento de la Enseñanza Media en España, medido en número de Centros (Oficiales o no), Alumnos (desglosados por sexo) y Profesorado a lo largo de los 30 años que van de 1938 a 1968. Si dividimos el referido periodo de 30 años en dos quincenas, podemos hacer 3 comentarios:


1.- Comienza a regularse la enseñanza media no oficial, tanto en relación a Centros como a Profesorado, excluidos los relativos a los alumnos libres.


2.- En general durante el primer periodo (de 1940 a 1955) tenemos un fuerte incremento, de hasta el 200% en aspectos como Total de alumnos o de Profesores, con crecimientos más pequeños de Centros Oficiales.


3.- Una fuerte aceleración de la Enseñanza Media durante el segundo tramo del periodo (1955 a 1970). El de Centros Oficiales se multiplica por más de 3, el de Alumnos (Os+As) por 4, el de Alumnos Oficiales, por 6 y el de Alumnas Oficiales por 10.

 

 

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Por lo demás, la vida en Astorga continuaba a un ritmo parecido al que nosotros vivíamos fuera del Instituto. El Régimen seguía perdiendo el lustre y la rigidez de que había gozado… pero no de forma estrepitosa ni tan siquiera acelerada o rápida.


La explosión demográfica que siguió a la apertura económica de la década anterior comenzaba a llegar a las Enseñanzas Medias. El aumento del número de matrículas dejaba pequeños nuevos edificios de un año para otro. Asimismo la contratación de nuevo y joven profesorado en los Institutos comenzaba a introducir cambios de profundidad en las viejas estructuras académicas. Y el inicio de estos cambios ya no tenía marcha atrás. Vinieron para quedarse.


El Plan de 1967 sustituye al de 1957 que incorpora la unidad didáctica de 60 minutos, reduce el nº de horas semanales e introduce asignaturas más, digamos lúdicas, a cambio de reducir horas en las ‘hueso’, los sábados comienzan a ser no lectivos, se rebaja la presión de los Ejercicios Espirituales y se abre la posibilidad del libre tránsito de alumnado por Astorga en tiempos del recreo…


Se van abriendo nuevos establecimientos de ocio para los jóvenes: 3 locales con futbolines (el de Jose M Goy, el de Alberto en la calle de la Cruz y Julemar, que además de futbolines tenía dos billares, máquinas tragaperras y máquina de discos).


Atrás va quedando también la vieja partición de Astorga para chicos y chicas a la hora de los recreos.
Por fin los chicos pudimos hacer otra cosa que jugar a saltar de una lado para otro en el Monumento a los Caídos… de recuerdos tan ingratos para nuestra integridad física en general y para nuestras espinillas en particular.

 

 

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Por fin, podíamos pasear por la(s) plaza(s), a cara descubierta, sin esconderte ni ir pendiente de no ser visto por alguien inconveniente en cualquier esquina.


Por fin podíamos meternos en los futbolines primero de Alberto y después de Julemar (¿o fue al revés?)… porque para los otros aún éramos aún pequeños… 


Julemar fue el que más éxito tuvo cuando yo empezaba a ‘adolescer[3]’, cuya época de futbolín ya se había pasado y veíamos jugar al billar a los ‘maestros’… que seguían siendo los mismos de la década anterior. Después, cuando podíamos pagarlo, jugábamos los chavales. No lo hacíamos nada bien… pero utilizábamos el lenguaje correcto de auténticos profesionales… como si fuéramos expertos: tirar de fino, de lleno, por la banda, pasabola, picado, corrido, hacer carambolas a tres bandas… y hasta probar un massé… si no nos veía el vigilante, Manolo, un minero retirado que nos llevaba finos, porque era un tiro muy complejo que fácilmente podía hacer un siete al paño, lo que era una verdadera desgracia.

 

A medida que íbamos aprendiendo un poco de nuestros maestros… ya podíamos ir a jugar al Central, con billares y jugadores de más nivel que los de Julemar. Y a tomar vinos, a veces, con pincho de tortilla, en el Duerna, el Cubasol, la Guitarra y el Ríos. El Ríos del padre de César, primero, y de César, con la máquina de discos y la música más moderna y actual de la ciudad.

 

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Y una mención especial al Club Quijote, situado en los bajos de la Casa Sacerdotal donde unos cuantos jóvenes de ambos sexos, muchos de ellos estudiantes del Instituto y la Escolapias, dimos contenido a algunas inquietudes culturales... protegidos por un clero aperturista, con una visión digamos ‘más vaticana’ de la juventud. La revista ‘El Quijote’, la Biblioteca con los libros que iban sobrando de otros sitios, los ensayos de teatro (al menos ‘El sí de las niñas’, ‘Escuadra hacia la muerte’ y ‘Bodas de sangre’ –estas dos últimas… difíciles de ver en la época-, clases de guitarra, excursiones, horas de estudio, ajedrez, subasta, mus y muchas más cosas mezcladas con las miradas furtivas mudas y el sonrojo de los primeros amores. Y el señor Marcelino, tan paciente, serio, buena persona y mediador de jóvenes de 15 a 18 años cargados de energía y de hormonas. Tan respetado por todos. 

 

Y las Conferencias sobre distintos temas que, un viernes al mes, daba un invitado. Alguien me ha recordado la de Pérez Barreiro -debía ser el curso 1970-71, siendo ya Director-, llena de secretismo, sobre el Opus Dei. También me recordó que en algunas de aquellas Conferencias, no es el caso de la mencionada, gozábamos de la presencia del Policía García, que en aquel tiempo era Comisario en Astorga, y no sé si iba de oficio o por la afición de ver qué traíamos entre manos los jóvenes, algunos jóvenes de la ciudad… porque a decir verdad, y a pesar de estar muy cercano a las decisiones del Club, no recuerdo que fuera invitado. 

 

Y el Padre Ruiz, profesor de Griego, bonachón, sonriente y agradable, alma adulta del Quijote, cuya presencia en los pocos y fracasados bailes lucientes como a plena luz del día en aquel bar-salón–biblioteca, juzgamos tan innecesaria como excesiva. Ahí estábamos todos, aprendiendo a proponer, a votar, a buscar consensos y a ejercer de oposición. Aprendices adelantados de la democracia llevados de la mano por la Iglesia más moderna y en su propia casa. Una experiencia de alto valor para muchos de los protagonistas, entre los cuales me encuentro, donde ganar, perder, aprender, competir, compartir, discutir, asumir, ceder, ayudar y necesitar… eran labores que hacíamos cada día, incluso a veces, al mismo tiempo.

 

Por lo demás éramos chavales, y habíamos ya tomado Vitacales, pero los años y el Bachiller Superior, no sé si el segundo más que los primeros, nos iban madurando a toda velocidad. Los intereses y motivaciones iban tomando nuevas formas bajo la atenta mirada del Principio de Realidad y los instintos iban siendo orientados y embridados para hacer lo posible, real.


La niñez ya empezaba a ser un recuerdo a finales de los 60. Eran los últimos años en Astorga y en casa, al abrigo del frío invierno y de la soledad. Pronto empezaría el vuelo, un vuelo de retornos solo parciales. Un vuelo temprano y arriesgado hasta construir tu siguiente nido. Tan lejos y sin embargo tan cerca. Como en ‘Nothing else matters’ la gran balada de Metallica.

 

Próxima entrega: 3.6. Mérida P. 1964-71. Comportamiento

 

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[1] El bonito edificio modernista Grupo Escolar Santa Marta fue construido como reconocimiento a los caídos de Los Sitios en Astorga, al cumplirse el centenario de la Guerra de la Independencia. La subvención fue de 131569 ptas que suponía el 60% del importe total de 219282,58 ptas. Aparte de Astorga, otras ciudades como Gerona, Ciudad Rodrigo, Manresa y Molina de Aragón, también ejemplares en heroicidad, fueron premiadas con proyectos dedicados a perpetuar la memoria de sus plazas.


[2] En esta época, las distintas agrupaciones que formaba el profesorado en base a las materias que impartía se denominaban Seminarios. En la actualidad, el vocablo Seminario va siendo sustituido lenta pero imparablemente por el de Departamento, ya casi generalizado. 


[3] La palabra intencionalmente utilizada “adolescer” no está admitida por la Real Academia de la Lengua, pero su significado es deducible a primera vista. Frente a ella, la palabra correcta sería “pubescer”, que necesitaría conocimientos en clásicas  (del latín “pubescere” ‘cubrirse el vello’) para llegar a su significado que es “llegar a la pubertad”. ¡Hay que facilitarles las cosas a la Real Academia…, al menos, para evitar que sea ella la que nos las complique a nosotros! XDDD

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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