Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 25/04/2018
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Samuel Yebra Pimentel
8/02/2018

Esta guerra que no sucederá

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El alcalde de Astorga pronunció un discurso en Turienzo de los Caballeros; iba de extraño disfraz, de la tela más suave y delicada que pudiera imaginar emperador alguno. No fue su discurso carnavalesco, era sobre una batalla que sucedió en Turienzo y que perdió el ejército español. Un hito en la Guerra de la Independencia.


El batallón español, tan solo una docena, comandado por un húsar había salido a las 12.30 de Santa Colomba de Somoza y acortaba por un camino de tierra en dirección a Turienzo. Por delante iba el tambor tamborileando un paso extraño a la marcha. Bajaban entre una nube de fotógrafos; alguno de los soldados de cuando en cuando también disparaba su móvil. Cruzaron un puente y los fotógrafos les salieron en emboscada desde el fluir del regato; poco más adelante se vieron con unos ciclistas de montaña con atavíos de confección también bien extraña, parecían escafandras abisales. Llegaron en formación a la plaza del pueblo, descansaron sus armas y su caminar. Los fotógrafos, superiores en número, les cercaron, agachados a su vera no cesaban de disparar. Impertérritos, los soldados eran inmunes. Cargaron sus fusiles, apelmazaron la pólvora con la baqueta e hicieron la descarga conmemorativa. Una guerra de cruasanes y de cafés con leche en su lentitud.


Leyó el papel el alcalde de Astorga dejando su disfraz en desamparo, en sus vestimentas vestigios del belicismo de la celada reciente. Se descorrió una placa conmemorativa, los fotógrafos sobrevivían a la fusilería; bien apostados no cesaban de disparar a la placa. Aplausos de la gente. 


No transcurrirían ni diez segundos cuando una cámara de televisión pidió a las autoridades que por favor repitiesen el descorrimiento de la lápida. Las autoridades accedieron.


Los fotógrafos apuntaron sus cámaras de nuevo, la operadora de televisión disparaba su ametralladora silenciosa. Nada se salvaría de ser representado. Lo que vieran o leyeran en los informativos era puro simulacro.


Entre el suceso de la batalla de Turienzo y su réplica habían pasado 209 años, entre la realidad del descubrimiento de la lápida y su falsificación, como mucho medio minuto. Signos de la aceleración de los tiempos.

 

Entre un suceso y su representación el tiempo se comprime. Ya casi estamos a punto de que el duplicado sea el molde, terminará de adelantarse a su tiempo. Todos los sucesos vendrán en el programa: Nevará antes de nevar y habríamos muerto antes de morirnos ¿Qué estatuto tendrán entonces la realidad y su doble?


La siguiente vez pudiera ser que los sastres del emperador representen una farsa de sí mismos. Eso sí, facturarán por el doble.           . 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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