Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/08/2018
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Mercedes G. Rojo
9/02/2018

Lucía de la Luna: Fotografía hecha vida, hecha sonrisa

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Se hace llamar Lucía de la Luna y es una de esas almas creadoras que caminan día a día por las calles de nuestra ciudad siempre con la sonrisa puesta, contagiando energía positiva y optimismo, aspecto que se refleja en el resultado de sus fotografías. En realidad su nombre es Lucía Rabanal Celada y es natural de la vecina localidad de San Justo de la Vega aunque afincada actualmente en Astorga. Aficionada desde niña a la fotografía, siente auténtica pasión por la misma y, aunque profesionalmente no se ha dedicado a ella, siente como si persona y cámara fueran un único todo, indivisible, pues reconoce que ésta es “parte de mi día a día. Me  paso cada rato haciendo fotos a cualquier cosa, siempre veo en lo cotidiano algo especial, y mucho más con las personas. Es inevitable para mí, siempre lo digo. Y lo dice también la propia fotografía, que me pide que siga adelante, siempre”

 

Se define como “una mujer soñadora, inquieta, muy amiga de mis amigos y que busca en la cámara poder demostrar los que mis ojos ven” y que no es otra cosa que la belleza, una intensa belleza que encuentra especialmente en las personas; una perspectiva que viene dada por su particular mirada y que dice no ser capaz de explicar ni mostrar si no es a través de sus instantáneas. Y como en el arte las distintas disciplinas caminan de la mano, Lucía se reconoce también como una apasionada de la música, en especial de la música ‘indie’, de la que dice impregna el espíritu de sus fotografías. Guarda con celo su propia selección musical, de la que se acompaña siempre cuando trabaja  con ellas, pues confiesa que “forma parte de mí, es parte de mi inspiración”.

 

Ni vive de ella ni lo pretende, reconociendo la gran valía, cualificación y experiencia que tienen los verdaderos profesionales de la misma que trabajan en Astorga a cuya sombra se siente pequeñita, además de contarnos que, dentro de los mismos y en el plano más artístico, su referencia, quien para ella más destaca, es una mujer. No nos dice su nombre pero casi, casi, podemos intuirlo. Y, aunque no pretende convertir la fotografía en su sustento, advierte no poder vivir ajena a ella  pues la considera su mejor manera de expresarse “solo así puedo enseñar como veo”, solo así puede mostrarse tal y como es,  teniendo claro que no ha sido ella quien ha escogido la fotografía como forma de expresión sino ésta quien la ha elegido a ella.  Es algo que siente en lo más profundo de sí misma, que no puede evitar y que le permite en todo momento ver pasar la vida con pasión, casi siempre como si tuviera una cámara en la mano, con una mirada que se detiene muy a menudo en las personas y sobre todo en los niños que siente es a quienes mejor retrata.

 

 

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Hablamos con ella de la influencia del entorno en el arte, en quienes ejercen cualquier variante del mismo, y aunque no tiene muy claro si esa influencia existe o no, si hace despertar el alma creadora en los que transitan por sus caminos, lo que sí tiene por cierto es que hay personas –apostaríamos que ese es su caso- que solo saben expresarse (o de esa forma lo hacen mejor) a través de medios artísticos, bien sea porque ya poseen actitudes innatas, bien sea porque nacen rodeadas de un entorno apropiado; el caso es que ya llevan el arte inoculado en sus venas. Personalmente comenta haber llegado a este mundo de la fotografía a través de su deseo de aprender de todo lo que hay detrás de las cosas que le gustan, un paisaje, un detalle, un rostro, una mirada… “me ocurría siempre que me quedaba embobada viendo los atardeceres, la luna,…” siempre entretenía sus pensamientos sobre ello durante más tiempo que el resto de las personas que la rodeaban. Y lo mismo le pasa con respecto a las conversaciones que mantiene sobre temas que le resultan de interés “me quedo horas y horas pensando y cuando quiero dar mi opinión o mostrar mis sentimientos recurro a la fotografía. Observo mucho mi entorno y a las personas y cuido los detalles para que no se borren de mi mente y por ello es que los guardo siempre en fotos”

 

Buscando concretar más sus fuentes de inspiración en general habla del ejemplo que le provocan los múltiples artistas que llenan Astorga, con algunos de los cuales, otros fotógrafos, ha participado en muestras conjuntas. Y en cuanto a los motivos concretos que escoge para sus obras nos cuenta lo inspiradoras que le resultan algunas zonas de nuestra ciudad “las calles de Astorga tienen magia y hay un hueco en una parte de la catedral que es luz…, la calle de la casa de Panero es magia y los atardeceres cayendo sobre Astorga son infinitos…”. También nos habla de su pueblo, San Justo de la Vega, y de los sitios tan especiales e inspiradores que le gusta perpetuar del mismo.

 

A Lucía de la Luna le ha costado mucho comenzar a mostrar sus trabajos, trabajos que como hemos podido apreciar por todo lo dicho, forman parte de una necesidad vital de plasmar lo que piensa y siente ante las cosas. Se confiesa una persona tímida a la que le cuesta que se ponga el foco de atención sobre ella, quizá porque continuamente considera que podría hacerlo mejor de lo que lo hace (circunstancia muy de agradecer en un mundo lleno de demasiados egos en los que el ejercicio de la autocrítica es nulo, aunque en ocasiones - como ésta - nos prive a los demás de disfrutar más a menudo de los resultados de un magnífico trabajo artístico) y si en un momento determinado comienza a mostrar públicamente sus fotografías es gracias a la reiterada insistencia de la gente de su entorno, aquellos a quienes les gusta su trabajo y que la animan a compartirlo. El empujón final vendría de la mano de “una fotógrafa profesional con la que realicé un curso y que insistió en que me mostrara, que tenía talento y una visión especial y que debía dejar que se viera”. Y aquí está.

 

Sus retratos son cada vez más conocidos “yo elijo a quien quiero retratar y ellos y ellas me eligen a mí, pero intento avanzar y he empezado a estudiar en serio porque me gustaría hacer más cosas que por formación aún no sé ejecutar”, y dice sentirse muy orgullosa de cada retrato que hace y frente a quien la persona retratada reacciona bien y le gusta, de cada vez que logra plasmar una de esas fotos que siempre tiene por hacer en la cabeza y le sale bien. De todo lo hecho, sin embargo, no destaca nada en especial que le haya aportado más que lo demás, solamente esa sensación de satisfacción producida por saber entender lo que cada persona que se muestra ante su cámara espera de ella y que, al mirar las fotos que acaba de hacerle en la cámara, se vea y le guste lo que ve. Y como algo muy especial, aún a pesar de lo poco que le gusta figurar, la ilusión de que, en su momento, desde el ayuntamiento se escogiese una foto suya para el tríptico de Navidad. Al hilo de ello hablamos de cómo trata Astorga a sus creadores tema en el que destaca sobre todo el hecho de que “debería contar con más actividades en las que se pudiera mostrar los trabajos de nuestros artistas, para que todo el mundo los disfrute”. Considera que hay que cuidarlos mucho porque “son algo único, que transmite, y todo lo que transmite hay que cuidarlo siempre”, destacando que los niños son el futuro de Astorga y que se les debería poner en contacto permanente con el arte a través de múltiples actividades, “cursos o encuentros con artistas para que aprendan y, si les gusta, desarrollen su arte… Insisto en que hay que cuidar a nuestros artistas”

 

 

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Y hablando de proyectos, aparte de ese interés suyo por seguir formándose para crecer como fotógrafa, lo hace sobre “un proyecto para concienciar el respeto hacia las personas” algo sobre lo que lleva años pensando y que podría llevarse a cabo de la mano de alguien muy especial que lucha contra esa falta de respeto actualmente generalizada de manera muy activa. Pero es una idea que reconoce que aún tiene que  madurar más y que, puesto que para el mismo quiere contar con más artistas, nos deja ahí, en suspenso. Sin embargo, a poco que se conozca a Lucía no nos cabe duda alguna que llegará el momento de que ese proyecto se lleve a cabo y de que, además, sin duda, nos sorprenda.

 

Lucía se siente agradecida cada vez que alguien se fija en ella, en su trabajo, un hobby que le ha proporcionado tantas satisfacciones que no duda en animar a quienes lo comparten con ella a seguir adelante, pidiendo ayuda a los que saben, haciendo cursos y trabajando sin parar, sin rendirse, porque dice saber por experiencia que cualquier foto que se tenga en la mente puede hacerse. Y también da las gracias a quienes han querido estar delante de su cámara, a quienes sonríen cuando ven su trabajo, a quienes están a su lado haciendo que un sueño se vaya haciendo realidad, escuchando cada día sus historias con las fotos, “a la gente que sabe -cuando ve una foto-  que la ha hecho Lucía de la Luna, infinitas gracias”,… Y, sobre todo, “quiero dar las gracias a todos los que crean y no se rinden porque para mí son referencias y disfruto mucho con sus trabajos.”

 

Para terminar me gustaría hacerlo con una parte de lo que ella me ha contado y que ha llamado especialmente mi atención. Creo que en este párrafo se encierra toda la esencia de lo que Lucía de la Luna es, de su especial visión de la gente y de lo que su obra fotográfica transmite: “cuando consigues retratar el alma de una persona y puedes ver su belleza te sientes tan llena que es inexplicable. Todos tenemos luz, no hace falta ser una persona guapa (para mí no hay guapos ni feos) solo saber mostrar a un fotógrafo tu manera de soñar y así, en comunión de ambos, todo se une y salen los retratos. El  alma se puede mostrar y se puede ver. En  mi retina tengo cientos de caras que me han enseñado a crecer y me han aportado una felicidad indescriptible”.

 

Esta es Lucía de la Luna; sus fotografías, habrá que descubrirlas.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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