Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 21/06/2018
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Marcos Carrascal Castillo (@M_CarrascalC)
16/02/2018

Naciones sin nacionalidades

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El término nacionalidad ha alcanzado una popularidad inusitada en estos últimos meses. La cuestión identitaria catalana ha excitado eso que llaman el debate nacional. El liberalismo más radical ha destruido los parámetros nacionales, al considerar a la nación —y lo que se desprende de ésta— algo así como un ente que se afana en castrar la libertad. También el internacionalismo pretende relativizar el término nacional, en busca de una unidad que supere las fronteras humanas.

 

No obstante, parece que la sociedad española ha vuelto a sumergirse en esos deseos de nacionalidad. La nacionalidad no es otra cosa que un deseo de pertenencia a un grupo con el que se mantienen vínculos culturales, lingüísticos, históricos, sociales o económicos. Al fin y al cabo, un deseo. No es de extrañar que las naciones milenarias sean condenadas al ostracismo de los medios de comunicación, mientras otras realidades nacionales con una antigüedad menor a un lustro reúnan debates y portadas. Efectivamente, hablo de, por ejemplo, el Reino de León y de Tabarnia.

 

El Reino de León es la realidad que parió el germen astur que comenzó con esos siglos de lucha en tierras iberas que, coloquialmente, se conoce como Reconquista. No tardó en latir un corazón propio y una identidad propia en las entrañas de los leoneses. A gala llevan los hijos de León ser el primer país que creó el parlamentarismo o el mantenimiento de una lengua propia —usada por vez primera en las cámaras legislativas por un diputado valenciano—. Esta nación se fundió con Castilla; y, años más tarde, se introdujo en esa unión dinástica que desembocaría en España. Empero, el Reino de León fue derritiendo sus signos identitarios, hasta reducirlos al folclore popular o a tímidas reivindicaciones culturales.

 

En la Constitución Española, cúspide de la pirámide legal que regula nuestro país, se mencionan las nacionalidades históricas que representan los gentilicios catalanes, vascos/euskeras y gallegos. Ha habido intentos de añadir a valencianos y a canarios. Y, sin embargo, ¿los leoneses no tienen una nacionalidad histórica? Quizás, los leoneses habrán de resignarse ante una nación sin nacionalidad; una suerte de Tabarnia milenaria y sin presencia mediática: es decir, lo contrario de Tabarnia.

 

Hoy en día, hablar de nacionalidades dentro de los límites españoles puede ser considerado delito de alta traición patria. Empero, yo apuesto por agudizar nuestra mirada y entender que en la diversidad más absoluta y en el reconocimiento de tantos rincones de nuestro Estado podemos tejer una nación que seduzca a todos. Esto significa que España no se reduzca a Madrid y a Cataluña. Astorga también es España y quiere labrar su nombre en los debates que azotan al país. Como Astorga, tantas comarcas que solo se inmortalizan cuando son protagonistas de un suceso o un episodio oscuro.

 

Desde este medio, quiero brindar por una España que se preocupe también por esas naciones que el devenir de la Historia les ha arrebatado su nacionalidad; por una España que sea más que Madrid y Cataluña; por una España de sus pueblos; por una España de su historia; por una España de su cultura; por una España de todos y para todos.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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