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Luis Miguel Suárez Martínez
17/02/2018

El azar y el tiempo

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Óscar M. Prieto, 40, León, Eolas Ediciones, 2017, 285 pp.

 

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La última novela de Óscar M. Prieto (Benavides de Órbigo, 1973) se titula 40, cifra alusiva a esa edad crítica asociada a la madurez. La acción comienza in extremas res, es decir, por el final, cuando Cosmo, el protagonista, está festejando precisamente su cuadragésimo cumpleaños. A partir de ese momento la acción volverá al pasado para reconstruir, con continuos saltos en el tiempo, los diversos acontecimientos que explican la situación presente. Despreocupado y hedonista, y con cierta traza de donjuán —“La mujer es su aventura, lo femenino su vocación” (p. 34), se dice de él—, Cosmo vivirá una experiencia traumática que a punto está de costarle la vida. Mientras permanece en el hospital, donde ha tenido que ingresar a consecuencia de una alteración del ritmo cardiaco, será testigo de un asesinato, el de su compañero de habitación Gestas Trevijano, en apariencia un paciente inofensivo, y en realidad un peligroso capo de la droga colombiano. 

 

Este incidente le llevará a replantearse el sentido de su propia vida y a buscar nuevos horizontes. Con este planteamiento enlazan otros temas fundamentales en la novela: el paso del tiempo —“del pulso del paso contra el tiempo siempre se sale derrotado si lo que se quiere es vencerlo” (pp. 104-105)—, el papel del azar y del destino en la existencia humana, o la responsabilidad del hombre en su propia fortuna. De la reflexión existencial emerge, finalmente, un sereno vitalismo: “Canta en tu sangre, canta el amor a la vida y tú comprendes la verdad de que el único sentido y objetivo es hacerles la vida lo más amable a los demás” (p. 169). El proceso de maduración personal del protagonista constituye, pues, el hilo principal del relato. En un segundo plano, y casi oculta durante buena parte de la narración, queda otra trama cercana al género negro, que irá emergiendo sobre todo en la parte final y que se desarrollará de una forma bastante esquemática. El desenlace, quizás un tanto forzado, parece estar en función de una moraleja explícita (p. 284) que dota al relato de un inequívoco aire de fábula. 

 

 

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Respecto a los personajes, junto al protagonista el que adquiere mayor relevancia es Armelle, casi siempre distante, cuya personalidad no acaba de desvelarse del todo y que adquiere cierto halo de amada ideal. Por su parte, los amigos de Cosmo, que terminarán convergiendo todos en su fiesta de cumpleaños, prácticamente forman una especie de personaje colectivo. Cierto interés presenta alguna figura secundaria como la del abogado de los sicarios, en la que se plantean profundos conflictos éticos… En cambio, otras como Aquiles o Soraya resultan bastante más esquemáticas y hasta incluso poco verosímiles.

 

Como es habitual en su narrativa, Óscar M. Prieto introduce en sus reflexiones diferentes citas y alusiones literarias (Borges, Cortázar, Thomas Mann, Saint-Exupéry, Ángel González, Wilde, Marco Aurelio, Neruda, Benedetti, Arquíloco…) no siempre explícitas, sin que falten tampoco algunas referencias musicales recurrentes (Bob Dylan, Freddie Mercury, David Bowie, etc.) que constituyen una especie de banda sonora de la película de la vida del protagonista. No obstante, ni el tono meditativo ni los elementos culturales lastran el ritmo del relato, a cuya agilidad contribuyen tanto la preferencia  por la frase breve como los continuos saltos en el tiempo, señalados siempre de forma expresa (“368 días antes”, “76 días antes de esa frontera”, “639 días antes de bajar de la montaña”…) que enlazan los distintos hilos de la trama novelesca.

 

 

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Es de destacar, además, en el aspecto formal la presencia de un narrador externo omnisciente —aunque en algún momento se reconocen de forma irónica los límites de su omnisciencia (p. 91)—, que con frecuencia se dirige en segunda persona al protagonista e incluso le cede la palabra (pp. 227-230 y pp. 250-256), alternándose así las tres personas narrativas. En un momento dado (p. 230), el narrador desvelará su verdadera figura —que el propio lector, no obstante, ha podido ir adivinando a lo largo del relato—, en un recurso que no deja de resultar un tanto artificioso y que solo se explica por el ya señalado carácter de fábula que adquiere la historia de Cosmo. En definitiva, Óscar M. Prieto ha construido en 40 una fábula sobre el azar, el destino y el descubrimiento de la verdadera condición humana.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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