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Tomás Néstor Martínez Álvarez
18/02/2018
ENTREVISTA / Juan Pedro Aparicio, escritor

"Como Lot, nuestra tierra tiene prohibido mirar atrás, porque su historia es tan grandiosa que puede hacer daño"

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El viernes pasado, era Juan Pedro Aparicio el invitado a Tardes de Autor, una presencia mensual de los grandes de las letras en Astorga, organizado por Luis Miguel Suárez para la Concejalía de Cultura. Es uno de los lujos culturales que tenemos en nuestra ciudad y Astorgaredacción no desaprovecha la ocasión para realizar esta jugosa entrevista

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Tomás Néstor Martínez: Estamos con Juan Pedro Aparicio una voz independiente de las letras en lengua castellana o en lengua española, leonés de firmes convicciones, escritor de difícil catalogación, novelista, autor de cuentos, de articuentos, de microrrelatos, de cuentos cuánticos, de ensayos, de artículos periodísticos, de libros de viajes, todo de variada temática ¿y sin embargo estudiaste Derecho?

 

Juan Pedro Aparicio: Bueno el que no vale para otra cosa…

 

 

Tuviste malas compañías, dicen que a lo mejor esas malas compañías fueron las que le llevaron a la literatura.

 

A estudiar derecho no, a la literatura. Aunque pienso que el Derecho y la escritura tienen muchas concomitancias, pues en general el universitario que no tiene una vocación definida o que no vale para muchas cosas se metía en Derecho. Y yo me metí en Derecho.

 

 

Pero no lo has ejercido habiéndote dedicado al comercio internacional, entre otras cosas. ¿Y que te hayan bautizado en la misma pila bautismal que a Durruti  imprime carácter, o no tiene consecuencias?

 

Eso no sé si es más bien una fanfarronada, o es verdad. Tengo la duda de que a Durruti lo bautizaran en Santa Ana. A mí me bautizaron en la iglesia del Mercado que son vecinas. Además no sé si la de Santa Ana bautizaba o no. Durruti vivía más cerca de la del Mercado que yo y sin embargo a mí me bautizaron en la del Mercado, así que pienso que a él también, pero no estoy seguro.

 

 

En cualquier caso novelísticamente funciona.

 

Y con respecto a lo de imprimir carácter o no, pues posiblemente sí. Fíjate que hablamos de Durruti que nadie sabe que era de León. Así como la procedencia de La Cepeda se niega de la santa, a Durruti  por lo foráneo del apellido también se le niega de León. En las cosas de León el argumento viene detrás de la convicción que es no.

 

 

Siguiendo con tus andanzas tienes un montón de premios, algunos de los más conocidos son el Nadal, en el año 88, el Internacional de Ensayo Jovellanos y el Premio de las Letras de Castilla y León.

 

 A mí me satisface también el Setenil, porque es el premio al mejor libro del año.

 

 

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Precisamente ahora vengo del entierro de Fermín López Costero, que el año pasado fue finalista en el Setenil con un libro de relatos. Fermín escribió sobre todo relato breve y además coincidisteis en septiembre en Villafranca del Bierzo.

 

También fuiste director del Instituto Cervantes en Londres,  aunque antes habías estado como cocinero en un hospital…

 

No, no como cocinero no. Como ayudante de cocina en un hospital. Al acabar la carrera en España me asfixiaba un poco y además quería conocer Europa, ya que Europa era el paraíso prohibido.

 

 

Eran los años del certificado de penales y todo eso…  y en aquella época ¿quién que fuera medianamente sensato no tenía historial en penales, sobre todo si estaba en la universidad?

 

 Eso vino un poco más tarde, cuando yo salí a Europa no era tan general.

 

 

¿Entonces la experiencia en el Instituto Cervantes fue buena?, porque tú eres algo anglófilo ¿no? Yo marcaría una geografía sentimental en tu obra: León, Madrid y Londres. En algún sitio dices que si Londres no existiera habría que haberlo inventado. Madrid porque se ha construido entre todos y León porque tiene una historia y un pasado tanto histórico como cultural como de tradiciones, inigualable, y en algún sitio llegas a decir que en León como en Suiza sigue habiendo concejos.

 

Todo eso lo corroboro.

 

 

Hay una anécdota que no sé si es verdadera o no. Te nombran comisario de la conmemoración de los 1.100 años del viejo reino y tú vas al Palacio de los Guzmanes, o sea a la Diputación y quien mandaba en aquel momento aparece dando gritos diciendo dónde está ese Juan Pedro Aparicio qué…

 

No, no, no.  Ella era dura pero no tanto.  Dijo algo así: ¿Cómo han dejado pasar a este hombre aquí sin avisarme? Es muy distinto. Lo que pasa que hay otra cosa que yo no digo porque ella era una persona terrible.

 

 

Recuerdo también lo de Sabino Ordás, que hubo gente que llegó a Ardón. ¿Cómo preparasteis aquello? La época era propicia para ese tipo de representaciones, porque estaba Merino, estaba Luis Mateo Díez y estabas tú. ¿Qué recorrido tuvo todo aquello?

 

Se nos ocurrió en un momento de incomodidad con el ambiente literario del momento, había muy pocas posibilidades de comunicar y entonces creamos el personaje y volcamos en él nuestra concepción de la literatura, un poco también de la vida y construimos a través del personaje una novela e incluso una ensayística, como si Sabino Ordás tuviera todo un corpus. Había algo de irónico en la visión de la aldea de un cosmopolita, de un tipo que había visto mundo, que había conocido a todo el mundo y había vuelto a la aldea y desde ella mirara a España. España que sigue siendo un sitio bastante papanatas. Se adora mucho a lo de fuera, se ningunea lo de aquí, no se lo ve…

 

 

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Me viene ahora el chiste que en algún sitio relatas del inglés, el italiano, el francés y el español subiendo la cucaña.

 

Eso es una constante, en ‘El año del francés’ yo lo hago de manera explícita, e incluso en el documental.  En ‘El año del francés’, llega un francés a León y después de tirarse en paracaídas, escalaba la catedral con las manos. Por delante iba uno de León, ‘el Macareno’, un macarra de aquí es el que va abriendo camino y tirando de la cuerda, pero la gente no lo ve porque mentalmente no está preparada para ver a uno de los suyos haciendo una heroicidad. Tiene que ser el francés. Y luego en el documental sobre la cuna del parlamentarismo yo utilizo a un inglés que ha escrito un libro celebrado en Inglaterra y le digo: mira te voy a llevar a León, voy a ser tu Gato con Botas y tú serás el marqués de Carabás, ¿pero eso qué es?...  Sí, sí, me explico, porque allí si no lo dice un inglés no lo oyen. Ahora bien si lo dice un inglés, aunque no lo entiendan, les impresiona.

 

Cuando estuvo en León el alcalde lo quería hacer hijo predilecto. En el documental ironizo sobre todo esto. Empieza el documental en Londres con un león y sobrepuestas las palabras de Sánchez Albornoz diciendo que León es la cuna del parlamentarismo antes que Inglaterra. Sánchez Albornoz debió de decir esto por los años 50, tomándolo de un libro de Julio González, un grandísimo historiador olvidado que tuvo problemas con el franquismo, un historiador muy responsable que publicó en el año 44  'Alfonso IX', un tocho de 1000 páginas y ya se refiere a esos decreta como Constitución. Pusimos sobreimpresa la frase de Sánchez Albornoz por ser el más conocido, una frase lapidaria que nadie veía y nadie leía. Y cuando sale el inglés y lo dice pues entonces ya todos lo creen. Mientras lo dijeran Sánchez Albornoz o Julio González quedaba inadvertido. A mí me gustaría curar este defecto de la gente. Es que los españoles no nos vemos.

 

 

Vamos con la escritura. Primero los cuentos.  Del cuento dices que es una narración que empieza pronto y termina enseguida. Segundo los cuánticos con muchísimos matices a esto. Cientos y cientos de cuentos has escrito…

 

No, no tantos. Habré escrito unos 300 cuánticos y luego 30 de los otros. Entre cuentos y cuánticos unos 330, no creo que sean más.

 

Cuando escribí cuánticos pensé editar un libro que se titulase ’La mitad del diablo’ con 336 relatos, pero me convenció el editor de que no lo hiciera ya que ese libro tendría dificultades, porque a la gente tanto le abruma. Cada cuento es un mundo aunque sea muy pequeñito y para entrar en él hay que hacer un esfuerzo. A la gente le apetece más invertir su tiempo en grandes novelas, porque el esfuerzo de situarse se hace una sola vez, el lector se va acostumbrando a los personajes, y le resulta más fácil. Por ello hice poco más de un ciento para el primer libro, más tarde otros ciento y pico, pero no llega a 333 entre todos mis cuentos.

 

 

Me entusiasma el acabado de los cuentos, como envuelves al lector y al final das un volantazo para finalizar de manera inesperada y con un sentido del humor muy corrosivo. Por cierto, cuando comparas el humor de los españoles con la sal gorda, que tiene que ser como piedra de sal para que captemos el humor… Has citado, o te han citado alguna vez una frase de Cortázar: “Sí la novela gana por puntos, los cuentos han de ganar por kao”.

 

Yo eso no lo he dicho, pero sí, está bien, está muy bien. A mí los cuánticos se me dan bien.

 

 

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Centrándonos en los cuánticos que son como un  iceberg, siendo más lo que no se ve que lo que aparece. ¿El lector tiene que intuir lo que está por debajo?

 

Decía Hemingway que en una narración es más lo que no se ve que lo que se muestra. Eso que ocurre en todas las narraciones, en el cuántico es llevado al extremo. Yo hice un cuántico que era para mostrar mi teoría y al mismo tiempo es una boutade. Es ese que titulo ‘Luis XIV’ que todo el mundo sabe que es el Rey Sol y el texto dice: ‘Yo’.

 

 

Es el microrrelato más breve. Es imposible qué en lengua castellana haya otro más breve.

 

Comprendo que es una boutade, pero para explicar la teoría del cuántico es bueno, no ha caído mal…

 

 

Yo recuerdo que cuando lo leí me pareció una genialidad. Y cuando explicaba lo que era el microrrelato siempre lo ponía como ejemplo...

 

 Es  precisamente para lo que sirve.

 

 

La gente tiene que saber quién era Luis XIV,  esa es la parte del iceberg que no se ve.

 

Claro, es la elipsis, el baúl del lector y que el escritor no exhibe. El escritor lo supone en el lector y le dice, toma la llave, y esa llave abre el baúl que tiene el lector.

 

 

Y de todas las colecciones de cuentos como son ‘El origen del mono y otros cuentos’, ‘La vida en blanco’ donde están algunos de tus primeros cuentos, alguno de los cuales es genial, como el del Bernabéu. 

 

Sí, ese es premonitorio, porque todavía no se habían producido los atentados allí.

 

 

Y además aparecía ‘Malo’ que es también un familiar novelístico interesante. Siguiendo con los cuentos, ’La  mitad del diablo’, ‘El juego del diábolo’ más o menos libros complementarios y por último ’London calling’. ¿Podríamos considerarlo como un intento de Decamerón moderno?

 

Yo creo que ese libro podría ser una novela. Para mí es como un recordatorio de mi paso por Inglaterra en ese último año. Yo cuando iba al instituto Cervantes, en Londres, iba caminando y me encontraba con situaciones que me hacían reflexionar y las apuntaba. Lo que luego fueron las semillas de estas narraciones.

 

 

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De entre las novelas destaco ‘Lo que es del César’ que fue de las primeras en el año 81, ‘El año del francés’,  Retratos de ambigú’ premio Nadal, ‘Malo en Madrid o el caso de la viuda polaca’.

 

Hay cuatro de mis novelas que considero que van en bloque, y a ese bloque lo denomino ‘La novela de Lot’, la primera, por la cronología de la acción, no de la escritura, sería ‘La forma de la noche’, la España de la guerra civil en Asturias y los presos en León, Lot, lo llamo Lot. La segunda novela es ‘El año del francés’,  el franquismo, y la tercera ‘Retratos de ambigú’, esta democracia con corruptelas, incertidumbres y raros devaneos para acá y para allá…  y por último ‘El viajero de Leister’, con un Lot ya de ultratumba.

 

Lot remite al nombre bíblico, pero en este caso no es un personaje, es el reino de León, al personaje le estaba prohibido mirar hacia atrás; si miraba atrás se convertía en estatua de sal. Lot, nuestra ciudad, nuestro reino, nuestra tierra tiene prohibido mirar atrás, porque su historia es tan grandiosa que puede hacer daño. Lot no puede mirar atrás. Eres el primero que ha oído esta interpretación.

 

Me parece que define perfectamente todo lo que es nuestra historia del viejo reino. Por ejemplo Alfonso IX fue tres veces excomulgado, ¿lo sabías? No lo sabía nadie.

 

 

Pero luego compensó con la santidad del hijo y ¿cuántas esposas tenía?

 

 Alfonso IX fue un tío maravilloso,  fue el que más reinó, lo hizo durante 42 años.

 

 

Por último destacaría ‘Nuestros hijos volarán con el siglo’, en la que muestras un cariño especial a Jovellanos.

 

 Y a esa novela porque también es mi última novela.

 

 

Jovellanos es de la Ilustración, que además ha sido vilipendiado, acusándole de robar... E iba en el barco un tanto abrumado y remordido…

 

Tenía una obsesión con Jovellanos. De entre las ciudades que has mencionado falta Gijón. Mi familia es asturiana, y empecé a andar, empecé a nadar, empecé a todo en Gijón, dónde pasábamos un mes en verano. Una ciudad que me encanta, una ciudad menestral un poco señorita pero muy campechana. Quizás por eso, porque en Gijón hay una presencia absorbente de Jovellanos, me caló tan hondo. Yo no lo había leído apenas por no destacar especialmente como literato, sin embargo sí lo hizo como político que piensa, un poco a la manera de Azaña que, siendo un hombre de acción, también escribe y ambas escritura y acción, resultan fantásticamente conjuntados, siendo una gran excepción en la vida española. También me llama la atención por su amplio espectro, pues intenta acoger todo aquello que merezca la pena, aunque sea del bando contrario, y eso es muy importante en un país como éste que ha tenido una historia muy intransigente.

 

 

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Además recibes por ese libro el Premio Internacional de Jovellanos. Vayamos con él. Nuestro desamor a España, cuchillos cuachicuernos contra puñales dorados ¿Cuándo se jodió España?

 

Yo eso no sabría decirlo. Depende de la óptica que adoptes será un momento u otro, y hay varias momentos en los que a mi juicio, en vez de dar un paso adelante hemos dado un paso atrás. Si nos ceñimos a la época más cercana a la nuestra, diría que la invasión francesa rompe con la evolución más despierta e iluminada que podía haber tenido la vida española. La invasión francesa despierta las fuerzas más reaccionarias capitaneados por la facción más extremista de la Iglesia. Al grito de que la patria es atacada convoca y aglutina esas fuerzas y fue un enorme paso atrás. Pero yo lo que quería dejar constancia en mi libro ‘Nuestro desamor a España’ de ese rey oculto Alfonso IX, que estaba prohibido porque era un mal ejemplo para los jóvenes, como con Sócrates.

 

 

¿Sigue España siendo un país teocrático?

 

 La Iglesia tiene mucha fuerza, mucho poder. Los radicalismos que padecemos, los separatismos que sufrimos son los hijos del carlismo y han creado las regiones más ricas de España, se da una concomitancia terrible.

 

 

Y luego los vascos van y nos copian los fueros, a través del Fuero de Logroño. Pero  primero fueron los fueros de León.

 

A mí casi que me miraban por encima del hombro cuando fui a la televisión esta de Castilla y León y me entrevistaron para el telediario. El entrevistador, buen profesional, no dejaba de tener un retintín que venía a decir: Así que usted dice que en León nació el parlamentarismo. Yo le respondí: no lo digo yo, y le dije quién lo decía. Yo no puedo inventarme esas cosas.

 

Este libro mío, a partir de ganar el premio Jovellanos ha sido finalista del premio nacional, también del Premio de Ensayo Caballero Bonald; es decir tenía ya un recorrido. Aún así me dijo un miembro del jurado confidencialmente cuando no salió: “Hombre tu libro es que es mucho de León.” Claro, León parece un pecado pero es que León tiene una presencia histórica enorme no se puede obviar.

 

 

¿Es el origen de España Castiespaña?

 

La España que vivimos es Castiespaña. Castilla nos quita la dinastía, se pone los números Alfonso VIII y convive con Alfonso IX, porque ellos no se ponen estos números. Eso son los historiadores, y han hecho la siguiente cosa en Castilla, Alfonso VIII y en León Alfonso IX ¿Si son reinos distintos cómo vamos a hacer esa numeración? ¿Y entonces el de Portugal por qué le echamos fuera? ¿Por qué ese Alfonso no ha de contar? Porque los que hacen la historia de España cogen a Castilla como núcleo, como medida de todas las cosas…

 

 

De todas las Españas

 

 Y entonces a León le quitan su historia.

 

 

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¿Está sesgada la historia entonces desde Fernanando III el Santo?

 

Es Castiespaña y ojo que desde Fernando III el Santo hasta los Reyes Católicos lo que hay es una sucesión terrible de guerras civiles. Si cogemos la historia del Reino de León, cuando la corte pasa de Oviedo a León, hay un progreso en la reconquista sobre todo social. Se trata de una reconquista muy peculiar, porque no eran enemigos irreconciliables…

 

 

Como que Alfonso VI era emperador de las dos religiones…

 

Sí efectivamente. Era un crecimiento en profundidad, un modelo que podía haber llegado a ser. No fue así, el modelo que triunfó fue el de la cruzada, el de Castiespaña y esto nos lleva hasta entrados los Reyes Católicos a la continua guerra civil y a la desaparición de León, con la creación del Principado de Asturias a imitación del Principado de Gales, que es otra tierra conquistada y el rey inglés dice: '¿queréis un príncipe de Gales?, pues aquí está, el heredero al trono de Inglaterra'. Y acá los de Castilla hacen otro tanto.

 

 

También has escrito libros de viajes, ‘El Trascantábrico’, ‘Los caminos del Esla’ en colaboración con Merino... Defiendes que hay una narrativa noroccidental que viene de Gallaecia, el reino de los suevos, el Reino de León. Entonces los narradores del noroeste tienen algo que vienen de lejos y que los diferencia y los identifica y también incluyo el norte de Portugal.

 

Eso lo decía Sabino Ordás, era una de sus reivindicaciones. Y así iluminó a Antonio Pereira. Pereira fue de los que fue a ver a Sabino Ordás y yo por respeto a Pereira al que quería muchísimo, pues me tuvo en brazos de niño, les dije a mis amigos que había que avisar para que no fueran, pues podían sentirse burlados…

 

 

A aquella convocatoria fue más gente, incluso hubo gente de Madrid que vino para visitar a Sabino Ordás.

 

 Y eso había que pararlo porque a mí no me gustaba.

 

 

No deja de ser un juego literario, no tiene por qué parecer mal, venía tan bien armado y elaborado ese personaje…

 

Pero esa no era nuestra intención. Lo nuestro era escribir, contar nuestras cosas. Hoy es un personaje, cuando vas a Ardón es todavía un personaje.

 

 

Con la boina y todo, cual Pío Baroja. Dices en alguna ocasión que los personajes de tus libros te producen un fuerte síndrome de Estocolmo, como si se te hubieran hecho familiares. Además gran parte de esos personajes no son de los ganadores.

 

Bueno, ese tipo de personajes yo creo que eran más de Mateo, me parece a mí que esas pueden ser frases de Luis Mateo que habla mucho de los perdedores. A mí no me gusta hablar tanto de los perdedores. Mis personajes son unos desgraciados, como su autor. ¿Sabes lo que puede haber ocurrido?, como tú eres muy concienzudo, ya lo veo, tal vez esa idea la hayas podido tomar de una conversación entre Luis Mateo y yo en Diario 16, en la que a Mateo se le atribuía lo que yo decía y a mí lo de él. Un error, porque yo estoy seguro que eso que dices es de Mateo.

 

 

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¿Eres un escritor escultórico?

 

Sí.

 

 

Es decir que no planificas, sino que te dejas llevar como el escultor que va encontrando en la piedra como en la nada.

 

Sí, coges la piedrona y empiezas hasta ver lo que te sale... Hay otros escritores que son arquitectónicos. Para mí escribir es cómo caminar en la niebla.

 

 

Otra de las cosas que sorprenden en tu narrativa es la manera en que pasas de la realidad cotidiana de la calle a la fantasía, cómo elaboras esa fantasía a partir de raíces muy identificables.

 

Sí, eso lo expreso con una frase lapidaria: “La fantasía es la metáfora de la realidad.”  

 

 

Poco cariño sientes por los cruzados franceses. ¿Serían los yihadistas de entonces?

 

Casi sí, el problema es que he leído mucho de esto. He leído el libro ese maravilloso de Steven Runciman, en el que se cuenta de manera tremenda lo que hacían, y además resulta muy interesante para los españoles tan fustigados por lo que hiciéramos en América, quitando Las Casas y Vitoria. Ahora bien comparado con lo que hicieron los franceses y los ingleses en esos santos lugares con las Cruzadas; los  asesinatos a mansalva, casi solo en busca de botín, como también los vikingos. Peor que lobos.

 

 

Para ir terminando, hay por ahí otro Juan Aparicio Belmonte que nació en Londres y lleva publicadas ya siete novelas, al menos.

 

Es mi hijo, son de un género negro humorístico muy original y muy divertido y muy raro. Dentro de la novela negra española son de una originalidad absoluta, con temas españoles, ambiente español y con una retranca muy poderosa.

 

 

¿La literatura nos salva frente a la fugacidad  de la vida?

 

Yo creo que sí, porque en realidad el escritor lo que pretende es dejar una interpretación de su tiempo que esté más de acuerdo con la tópica que dicta el entorno de su tiempo. El escritor, tanto como una capacidad de expresión, es sobre todo una mirada y eso es lo que pretende el escritor, salvar una mirada.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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