Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/08/2018
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Esteban Carro Celada
24/02/2018

Los Amat, dos obispos ilustrados (y IV)

Guardar en Mis Noticias.

Cuarta y última entrega sobre los obispos Amat, que trata de las dificultades y envidias que Felix Torres Amat, obispo de Astorga, tuvo con la censura eclesiástica y con el Santo Oficio.

 

[Img #35081]

 

 

Las intrigas de Cadolino contra la segunda edición de la Biblia de Torres Amat

 

En la Nunciatura de Madrid, el secretario Cadolino, intrigante a merced del Duque del Infantado, se empeñaba en indisponer desde antiguo a Félix Torres con el Papa y con el nuncio.

 

Lo era por entonces el cardenal Justiniani, Félix se dirigió un día a la Nunciatura. Se adelantó el cardenal a felicitarle:

 

-Ahora estará muy contento, después de 18 años de trabajo, con lo bien que le ha salido la traducción, que mejora muchísimo las anteriores.

 

-Estoy angustiado - contestó Torres Amat.

 

-¿Cómo así?

 

-Porque me escribe el obispo de Córdoba y me manda esto.

 

El cardenal quedó asombrado. Tras de una comunicación secreta a los obispos españoles firmada por el nuncio, había una coletilla en que se ponía en entredicho la traducción de la Biblia de Torres Amat.

 

-Le doy mi palabra de honor que yo no la he conocido ni por supuesto estoy de acuerdo. Comprendo que está detrás de mi firma. Lo lamento muchísimo.

 

Era la maniobra producto de la confabulación de Ignacio Cadolino.

 

A la salida, el taimado le felicitó. Cadolino deseaba retrasar la segunda edición a todo trance. Intentaba que pidiera su autorización a Roma.

 

-Me basta por el momento con la de mi ordinario. Al Papa ya le enviaré otro ejemplar cuando se publique.

 

También el cardenal Ingüanzo se preocupaba porque se solicitara la censura de la segunda edición; así la retrasó, cuando menos, tres años. La censura no avanzaba embarullada. No se dictaminaba a favor, a pesar de las cerca de cien cartas laudatorias de la primera edición, incluida la del mismísimo Ingüanzo, por entonces obispo de Zamora, no cardenal de Toledo; la retrasa, pues. Cambia varias veces de censor y la zarabanda comienza siempre: el viejo sensor de mal humor y sin maravedí o el obeso agustino.

 

El olfato de Torres Amat es de sabueso periodista. Dio con el padre Barba. Al verse descubierto, acude al cardenal Tiberi:

 

-¿Ha hallado algo extraño en la traducción de Torres?

 

-Tiene fama de jansenista. Recelo de unas palabras en hebreo que no entiendo y otras en árabe y algunas en griego.

 

Así se escribía la reacción y la envidia.

 

Quizás esta intervención del cardenal Tiberi  aceleró a este su retirada de la nunciatura al obispado de Yessi. Era comprensivo. Entonces se consideraba esto un pecado, al menos en ciertos medios. Un día, Amat le aseguraba:

 

-Será Papa si los gobiernos representativos triunfan; entonces trate de reformar la Curia, corrigiendo sus abusos.

 

En esta ocasión no fue buen profeta. En las Cortes trabajó para conseguir una legislación progresiva. Tronaba un día: “El párroco que llegue a la vejez por 9000 reales podrá decir que ha llegado al término de su carrera. Un portero de secretaría tiene 12000 reales, sin carrera literaria”.

 

 

[Img #35083]

 

 

Sinibaldo de Mas, el diplomático y viajero más original del Romanticismo

 

Torres Amat contaba con compensaciones vitales en la amistad. Amigos en cualquier gama del pensamiento. Se desahogaba pasando por los despachos de los ministros, hablándoles de injusticias, de gatuperios, especialmente en la época esparterista. También lo practicaba con la Reina Gobernadora Cristina. Uno de sus mayores placeres residía en la correspondencia que le enviaba su discípulo Sinibaldo de Mas. Sinibaldo se lo debía todo a Torres Amat; por mediación de este pudo avanzar en la vida diplomática, en la bohemia internacional, a cuenta del gobierno. Sinibaldo le escribe una vez desde Constantinopla, otro día desde Calcuta, a veces desde Damasco.

 

Acude a las ruinas de Palmira. Compone un poema y lo deja grabado en un sepulcro de más de dos mil años. Habla en el de Volney, del arzobispo de Palmira, y de su protector, el obispo de Astorga.

 

Aún vive por mi suerte

 el que heredó la miel de su albo labio,

 o, cielos, que no vea yo su muerte.

 

Torres Amat lo presenta a Martínez de la Rosa, ‘Rosita la pastelera’;  a Busgor, marqués del Infantado. Recibe en su correspondencia con Sinibaldo el impacto de las ideas más novedosas de la época: un intento de escritura general -ideografia-, el sistema musical de la Lengua Castellana y las aventuras del diplomático, escritor itinerante, cosas que le calman frente a los Leguleyismos de los canónigos asturicenses; le hablaba de Suez, de los desiertos de Arabia, de los coolíes de Calcuta y Shanghai, del Partenón de Grecia.

 

Infinidad de amigos y de escritores conversaban con Torres Amat. Toda la España política, literaria y eclesiástica tenía mucho que ver con él.

 

 

Su  carta pastoral de  1842,  al ‘índice’

 

Aún había de cosérsele la angustia de un trago amargo. Será el que le enlaza con el misterio de su tío. Un golpe de gracia magistral y curialesco con inserción en “índice de libros prohibidos”, al igual que la  ‘Ley Agraria’ de Jovellanos, de su carta pastoral de 1842. Faltan cinco años para su muerte y no ha visto clarificada, durante veinte años, la posición de Roma sobre los libros de su tío Félix Amat. Por su parte ejerce un apostolado de lectura intensa, regalando 150 biblias para las parroquias de Astorga, que suponen más de 1000 volúmenes y otros tantos de la obra de su tío. En la Carta Pastoral de 1842, el obispo reitera su renuncia, si le es aceptada, a causa de sus achaques y por su servicio a la Iglesia en plano nacional. Ya la había solicitado en 1838.

 

 

[Img #35082]

 

 

La pérdida de los bienes temporales

 

Adoptaba una actitud muy diferente a la de los demás obispos, frente a la desamortización mendizabaliana“Apenas había comenzado mi ministerio pastoral ya tuve que ocuparme en consolar y exhortar a mis cooperadores a que sufrieran con resignación cristiana la próxima pérdida de los bienes temporales que iba a ser una consecuencia de las nuevas opiniones políticas que el Gobierno había adoptado”. Y eso no ha sido si no ser “purificados de la escoria de intereses humanos”. En tiempos de Gregorio XVI hacía mucha sensación esta otra afirmación: “Respetad y ser obedientes a vuestros superiores y a todos los depositarios de la autoridad pública o soberana sea el que fuere el sistema de gobierno político que está vigente”. En la carta cuenta sus gestiones públicas ante el gobierno, en el momento que le ha tocado vivir; se enfurece a pesar de haber perdido casi la voz, pues tiene cerca de 80 años.

 

Pocas fechas más tarde Torres Amat supo que su carta del 6 de agosto había sido prohibida por el Santo Oficio. La explicó en el ’Corresponsal’, periódico madrileño, origen de la difusión de la noticia; aclaró su carta pastoral en otra.

 

Su salud, duramente quebrantada, sus jaquecas casi crónicas y estos disgustos posteriores de quien creía que la Iglesia debía tomar en España una actitud realista, le llevaron bien pronto al sepulcro. Bajo las bóvedas de la iglesia de Montserrat en Madrid está enterrado este obispo de Astorga, que iba camino de arzobispo de Valencia. Murió el 29 de diciembre de 1847.

 

 

[Img #35084]

 

 

Una vía inteligente frente a los extremismos de derecha e izquierda

 

Ambas figuras entremezcladas, tío y sobrino, se interinfluyeron. Cada cual vivió horas tensas. Ambos realizan una notable tarea para la Iglesia. Escritores, tuvieron la satisfacción de la amistad. Suspiraron por la concordia, el diálogo, la eficacia en sus obras. La traducción de la Biblia de Félix Torres Amat perdura hoy todavía. Millones de ejemplares entre España e Hispanoamérica se han impreso. Trataron de adelantarse a grandes ideas actuales: una mayor clarificación de la Iglesia y del Estado, el uso de los medios de comunicación social -la prensa, el libro, los museos-, el ecumenismo, la tolerancia y libertad opinativa.

 

Tanto tío como sobrino llenan un siglo sin la brillantez rotunda del revolucionario radical, aun clérigo, tan abundante en el XIX, ni tampoco la del otro extremoso fanatismo del conservatismo a ultranza. La de los Amat es una vía liberal enraizada en la contingencia. Aún así se les llamaba masones, revolucionarios, jansenistas. Uno ve que por ahí se frustró la Iglesia posible española, del siglo XiX, mucho más abierta, y que podía habernos ahorrado parte de nuestros defectos actuales, incluida una gran porción de anticlericalismo de derecha y de izquierda.

 

No fueron eclesiásticos exclusivamente encasillados en una acción confesionalmente religiosa. Humanistas. Y como tales ejercieron con las limitaciones de la época. El diablillo que se enreda en Torres Amat es el que supone seguir la línea de su tío; Torres ha sido un catalán enaltecedor de Cataluña con obras perdurables, indiscutibles.

 

Noticias relacionadas
Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress