Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/09/2018
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Tomás Valle Villalibre
2/03/2018

Sus compañeras las vacas

Guardar en Mis Noticias.

 

[Img #35200]

 


                                                 
No quisiera yo con esta columna suscitar más polémica en torno a la presencia o no de algunos animalistas en las plazas de Barcelona para protestar porque “nadie piense en las vacas como madres”. Solamente pretendo ejercer mi derecho a opinar, sin tosquedades, sobre ese grupo de tres o cuatro chicas que en ropa interior, simulaban ser ordeñadas a través de unos  conductos que salían directamente desde sus pechos y que derramaban sangre en unas garrafas. Según estos grupos, que a menudo intentan mezclar feminismo con defensa de los animales, el ordeñar a las vacas además de ser un maltrato, es un acto machista, y las tratan como compañeras esgrimiendo lemas como: “feministas contra la explotación de nuestras compañeras”, “el mundo no piensa en ellas como madres” o “las vacas son violadas”. Consideran que  es una ‘aberración’ el consumo de leche por parte de los seres humanos y proponen que ésta se destine exclusivamente para alimentar a los terneros.

 

Gonzalo, un ganadero que tengo el gusto de conocer, me daba su opinión al respecto: “estos listillos y listillas son el prototipo de personas que se piensan que los alimentos provienen de los supermercados, uno de los alimentos más beneficiosos para el ser humano es la leche de vaca “.  Carmen, su compañera desde hace veinte años y ganadera (que no agricultora como les llamaban las animalistas) desde que tenía dieciocho, piensa que en realidad son unas ignorantes, que en su vida han visto una granja de vacas y puntualiza que deberían protestar también por las cabras y las ovejas, que igualmente se las ordeñan y de cuya leche se obtienen unos extraordinarios quesos. Ambos quieren dejar claro su cariño a las vacas de leche, muy superior a la que pueda tener cualquier animalista. Dicen vivir de su trabajo como ganaderos y no de subvenciones o ayudas de no se sabe quién y por qué.

 

Por mi parte, pienso lo mismo que el escritor Pérez Reverte cuando dijo: “el día que celebremos el día del gilipollas, en nuestras calles no va a caber un alfiler”.

 

En la vida cotidiana existen líneas rojas, líneas que separan  el sentido común de la sinrazón o lo inteligente de lo absurdo. Unas líneas que aportan la cordura que parecen no tener con sus posiciones radicales y extremistas este tipo de grupos que han decidido fusionar animalismo y feminismo, pasando de la defensa del toro a pedir que no se ordeñe a las vacas para “preservar su dignidad como madres”.

 

Una Psicóloga, con la que he compartido algunos trabajos, me hizo una definición al respecto: ”La perspectiva ética se basa en el reconocimiento de lo humano por lo humano, en distinguir a los seres humanos de los demás seres naturales y asumir obligaciones respecto a los humanos que no tenemos frente al resto de lo que existe”.

 

Comparecerse del sufrimiento de un animal es una emoción plausible, y batallar contra su maltrato es una causa noble. Pero se me antojan surrealistas los planteamientos de este tipo de animalistas que entre la posmodernidad y la seudocultura New Age están perdiendo toda la respetabilidad que pudieran tener. Estos movimientos animalistas  extremos son un producto netamente urbano que por su ramplonería y exiguo calado intelectual de sus planteamientos, basados en poco más que un fugaz espasmo, intentan extender y generalizar un conflicto entre el ser humano y el resto de las especies que habitan con nosotros en este lugar llamado Tierra, culpando además a todos los necios que habitaron este mundo antes que ellos y que por sus errores han hecho que, hoy, ellos sean tan listos.

 

Por otro lado animalismo y feminismo no es lo mismo, son causas diferentes con orígenes diferentes e incluso a menudo mutuamente excluyentes, por mucho que desde ciertos movimientos, algunos de índole política, se empeñen en mezclarlos dentro de un tergiversado batiburrillo. La única pretensión de estos ‘progresistas’ es utilizar esta supuesta alianza como arma arrojadiza para alimentar un eterno clima de frentismo desde una ilusión de continuada clandestinidad, que en realidad es una trampa en la que no deberían dejarse engatusar los grupos feministas ya que en mi manera de ver las cosas, puede producir un efecto negativo para ellos.

 

Me cuesta creer que los grupos feministas estén de acuerdo con algunos de los lemas que estas asociaciones emplean: “Feministas contra la explotación de nuestras compañeras las vacas”, por ejemplo. 

 

Por suerte conozco a muchas mujeres y hombres que tienen animales, aman a los animales, pero no practican este animalismo extremo caracterizado por los complejos y la autoexculpación.De igual forma conozco muchísimas mujeres declaradas feministas y en lucha permanente por los derechos de la mujer y las injusticias derivadas por serlo, que reniegan de este concepto ‘animalismo-feminismo’ que abraza el animalismo extremo y que en todo caso tendría tanto que ver con el feminismo como con el machismo.

 

El tema daría para mucho, pero como por mi parte no quiero emplear más tiempo en este tema, ni abusar de su paciencia para leerlo, voy a poner punto y final, no sin antes aconsejar a estos grupos ‘animalpsicóticos’, que busquen otro tipo de representaciones metafóricas menos ridículas, ya que su momento de gloria lo consiguen en todo caso por las pintas que llevan y no por la seriedad de los argumentos que exponen.

 

Pero esta es tan solo mi opinión; y como tal, puede ser errónea.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress