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Luis Miguel Suárez Martínez
3/03/2018

La novela ejemplar número trece

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Miguel de Cervantes, La tía fingida. Edición de Adrián J. Sáez, Madrid, Cátedra, 2018, 154 pp.

 

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En 1788 Isidoro Bosarte da noticia del hallazgo, en la Biblioteca de San Isidro de Madrid, de un cartapacio manuscrito que contiene tres obras: Rinconete y Cortadillo, El celoso extremeño y La tía fingida. En el caso de las dos primeras, el texto del manuscrito —recopilado por Francisco Porras de la Cámara, prebendado de la catedral de Sevilla, hacia la primera década del siglo XVII—  presenta algunas diferencias respecto a la versión definitiva de las Novelas ejemplares, por lo que constituye una versión anterior. En cuanto a tercera, al igual que los otros dos relatos, aparece sin el nombre de su autor. El manuscrito de Porras de la Cámara, que pasó por las manos de diversos eruditos y que sirvió de base a las primeras ediciones de La tía fingida, acabó desapareciendo en 1823.

 

Poco tiempo después, Aureliano Fernández-Guerra descubre en la Biblioteca Colombina un códice, datado en torno a 1630, con otra versión de La tía fingida, también sin nombre de autor. En este caso, no aparece acompañada en el códice por textos de Cervantes sino de Quevedo y de otros escritores. Esta circunstancia arroja ciertamente todavía más dudas en torno a su autoría, que algunos estudiosos continúan asignando a Cervantes.

 

Entre estos últimos está Adrián Sáez, profesor de Literatura española en la Universidad de Neuchatel, que  acaba de publicar en la prestigiosa colección ‘Letras Hispánicas’ de Cátedra una edición exenta de la novela. En su estudio introductorio (pp. 13-80) comienza planteando el problema su autoría (pp. 13-23), repasando, primero, los argumentos esgrimidos por la crítica en contra de la paternidad de Cervantes y los nombres alternativos propuestos (desde el propio Francisco de Porras, hasta dos escritores cercanos al escritor alcalíno como Alonso de Salas barbadillo o Luis Vélez de Guevara). Ofrece luego los argumentos a favor de la filiación cervantina de la novela, por la que él mismo se inclina considerándola obra de juventud, lo que explicaría algunas de sus imperfecciones.

 

El segundo apartado, ‘Sal y pimienta, una historia picante’ (pp. 23-51) se consagra al análisis del relato, mientras que el tercero (pp. 51-58) (pp. 58-67) se dedica al personaje de la prostituta en el universo literario cervantino. La siguiente sección examina los posibles modelos de La tía fingida: los Ragionamenti de Aretino, la Celestina y quizás, aunque de forma más difusa, La lozana andaluza. Asimismo se estudia su relación con otras obras cervantinas como El casamiento engañoso, El vizcaíno fingido o Rinconete y Cortadillo. Completan el estudio introductorio un apartado sobre la historia y el análisis del texto  (pp. 67-77), una nota sobre las características de la presente edición (pp. 79-80) y una completa bibliografía (pp. 81-94).

 

En cuanto a la novela propiamente dicha, se ofrecen, acompañadas de abundantes notas, las dos versiones conocidas, la de Porras de la Cámara y la de la Biblioteca Colombina, cuyas numerosas diferencias pertenecen más al plano del estilo que al del contenido. La historia, con ciertos ribetes picarescos y un indudable recuerdo de la Celestina, resulta, en su brevedad, un tanto esquemática. En este sentido, no cabe duda de que resulta claramente inferior a cualquiera de las Novelas ejemplares. De todos modos, y más allá de las discusiones eruditas, el lector descubrirá en ella un inequívoco aire cervantino, tanto en los personajes protagonistas (dos jóvenes estudiantes prendados de una desconocida joven) como en determinados motivos y rasgos de estilo. El propio escritor en el prólogo de las Novelas ejemplares se declara autor de la Galatea, del Quijote, del Viaje del Parnaso, “y otras obras que andan por ahí descarriadas, y, quizá, sin el nombre de su dueño”. Una de esas obras descarriadas bien podría ser La tía fingida.

                                                  

 

 

 

 

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