Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 21/09/2018
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DETRÁS DE LA HUELLA DEL INEMA
Juan Antonio Cordero
5/03/2018

Mérida Pérez 1964-71. Hábitos y más…

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Hábitos, escudos… y otras cosas de las que creo que se ha de hablar en esta época, aún sin pretensión de ser exhaustivo. Cosas relevantes en sí mismas, como el Uniforme/Escudo, los Ejercicios Espirituales o el Himno de INEMA; otras, relevantes para la Sociedad, como la precariedad de los Profesores Interinos de la época o lo de 'Los chicos con las chicas' de los Bravos; otras, relevantes para Astorga en particular, como el Motín del 69 del Seminario, aunque solo tangencialmente relacionada con el tema que nos ocupa. Haremos un breve repaso…

 

1. El Escudo y el Uniforme.

 

Parece ser que el escudo de INEMA fue diseñado por Don Rafael Tejeiro, profesor de dibujo, durante una de las clases que daba cuando Miguel Angel García Gómez, quien nos hace este reporte, que además era alumno suyo, estudiaba 1º de Bachiller en el Instituto de la calle Rodríguez de Cela. Era el Curso Académico 1957-58.

 

 

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Seguramente el uniforme se impuso el curso siguiente, es decir el 1958-59 y en principio fue concebido con boina negra y abrigo gris. Poco más tarde, estas dos piezas se suprimieron o dejaron de ser obligatorias... nos cuenta la misma fuente.

 

El uniforme de los chicos constaba de un jersey azul marino, de cuello redondeado, camisa blanca, pantalón gris y zapatos negros. Creo que no estaban regulados el color de las prendas interiores, aunque si lo estaba el color de los calcetines. El jersey debía de llevar sobrepuesto el escudo o la insignia de INEMA, como a la altura y posición del corazón.

 

Algún testigo directo, a quien agradezco la ayuda que nos ha prestado, me contó que antes de nosotros, de los sesentones actuales, los chicos también llevaban boina. Debía ser allá por el año 60… pero parece ser que las autoridades la eliminaron porque las citadas gorras estaban más tiempo por el aire, volando, que en las cabezas que tenía que cubrir.

 

Parece ser que, en otro arrojo de romper moldes acorde con el sentido moderno de la institución, se procedió a cambiar el tipo de jersey. Se mantuvo el color pero se cambió el cuello de pico por el cuello redondo. Y lo que es más, se permitió, que coexistiesen ambos modelos durante un tiempo de transición como podemos ver en la foto. Todo un ejemplo de flexibilidad y heterodoxia dignos e constatar.

 

 

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El uniforme de las chicas era el siguiente: la boina de color azul marino con pitón gordo, blusa blanca, chaqueta de lana de color azul marino, pichi vestido de cuadritos de pata de gallo colores azul marino y blanco, el escudo del INEMA en la manga, diferencia de los chicos, medias color carne o natural o calcetines blancos cortos y zapatos negros tipo gorila. Libertad absoluta para el color y forma de las prendas íntimas, cosa que se valoraba muy positivamente el alumnado… en general.

 

La boina de las chicas se mantuvo bastante más tiempo. Exactamente hasta el día 11 de Septiembre de 1970. Esta fue la fecha del Claustro en la que Don Manuel Pérez Barreiro accedía a la Dirección del Instituto por traslado de Don Jose Gregorio Martín Moreno que ocupó una plaza de Inspector Extraordinario en Valladolid. En ruegos y preguntas, a petición de Doña Charo Vega, se aprueba la eliminación de la boina en el uniforme femenino. En esta fecha también se cambiaron los calcetines cortos blancos por otros azules y largos, tipo leotardos que eran más fuertes.

 

Un protagonista de la época, que prefiere no ser identificado, nos comenta lo siguiente: “El Muro desapareció bastante antes de que se relajara el control del uniforme. Este último era estricto al menos en  los cursos 70/71, 71/72, 72/73. Recuerdo al Jefe de Estudios, Don Miguel Ángel Cuervo, profesor de Matemáticas, reprenderme severamente en 3º (72/73) por llevar una camisa blanca con discreta rallita. Y también recuerdo en 4º (73/74) que Don Abelardo nos dijo literalmente: "aquí no queremos ni melenudos ni patilludos; el pelo se lleva "estilo hombre"; "estilo Don Miguel Ángel".

 

2. Ejercicios espirituales

 

Creo que desde siempre, al menos desde la década de los 50, INEMA realizaba cada año unos Ejercicios Espirituales, de obligatoria asistencia para todo el alumnado. Duraban una semana.

 

En general hay bastante gente que los recuerda como de una gran presión -hoy diríamos una comida de tarro total- que reforzaba la idea de un Dios terrorífico, vengativo y vigilante, rodeado de tinieblas y muerte. Un Dios que era el vencedor del mal, y un mal analizado en casi todas sus formas, posiciones e intensidades. Un bien y un mal claramente definidos y delimitados por las prioridades de una Iglesia pre-vaticana... que iba dando sus últimas bocanadas. Incluso en Astorga.

 

Había gente a quienes les gustaban, porque les agradaba ese tipo de meditación y otros los detestaban. Creo que para la mayoría, entre los que me encuentro, era un mal menor, es decir, detestables, pero menos que las clases y deberes diarios.

 

Yo hice ejercicios espirituales los siete años del bachiller desde el curso 57-58 hasta el curso 64-65. Eran en la Iglesia de S. Francisco. En el mes de noviembre. Los daban distintos 'especialistas' en asustar a niños indefensos. Los nombres de estos especialistas los tengo en el saco del olvido. Íbamos juntos chicos y chicas pero no mezclados; chicas en los bancos de la derecha; chicos en los de izquierda.

En el curso 64-65, cuando hice Preuniversitario, los ejercicios fueron en la capilla del nuevo instituto inaugurado el curso anterior. Había tanto control de asistencia que llegaron a expulsar a dos compañeros de curso por no  asistir. Una semana después tuvieron que readmitirlos pues la familia de los alumnos recurrió a la mediación de un pariente con un cargo muy importante en el Ministerio de Educación. El Director y el Jefe de Estudios tuvieron que rectificar y readmitirlos.“ (Miguel A. Gómez Garcia).

 

Respecto al control de asistencia, siguió  existiendo tras la readmisión citada por nuestro testigo…, pero creo que poco a poco fue dejando de ser tan férreo, rígido y efectivo. También puede describirse un paulatino cambio de tono de los contenidos… desde los sermones más terroríficos de finales de los 50 o comienzos de los 60 a los más abiertos de finales de los 70.

 

Tuvieron lugar en distintas ubicaciones, que eran las siguientes:

 

Iglesia de San Francisco (Redentoristas). Desde los inicios (desde donde tenemos constancia) hasta el curso 1963-64 se hicieron en la Iglesia de San Francisco.

 

El año 1964-65 se hicieron en la Capilla del nuevo edificio de INEMA en calle Los Sitios 2. Por alguna razón que desconozco (ya había Iglesia en el nuevo edificio),  se volvieron a hacer en Redentoristas y/o en San Bartolo. Es posible que fuera puntualmente por no caber todos en esa Capilla.

 

El último tramo del recorrido de los Ejercicios Espirituales en INEMA fue en la Residencia de San Francisco, saliendo de Astorga en el Camino de Santiago, dirección a Murias, hoy Residencia de gente mayor. Debían ser los años 74-75-76.

 

Los testimonios de este último periodo nos cuentan que eran solo chicas, que los sermones los daba alguien de fuera de Astorga, que incluso daban de comer en la propia Residencia y que se lo pasaban muy bien. En esta última época, ya no eran ni parecidos a los que le precedieron. En general se mantiene un buen recuerdo de ellos en este último tramo, mucha permisividad, aunque se pasaba lista. Incluso permitían fumar. 

 

 

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3. El himno de INEMA

 

Debía ser el año 1970 aproximadamente cuando Don Bernardo Velado Graña, profesor de Religión del Instituto y Don Luis Calvo Rey, director de la Banda Municipal de Astorga crearon el Himno del INEMA, que fue impreso en la antigua Gráficas Cornejo. La letra del himno[1] corrió a  cargo del primero y la música del segundo. Adjuntamos la partitura de himno.

 

 

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4.- Los chicos con las chicas

 

En el año 1967, los Bravos habían logrado cierta fama, en parte, con una canción que se llamaba 'Los chichos con las chicas'. También incidía en el tema Javier Aguirre con una película del mismo nombre. Los chicos con las chicas deben estar, las chicas con los chicos deben vivir… Pero no en la Muy Noble, Leal y Benemérita ciudad de Astorga. Al menos en aquellos años.

 

Aunque la Ley era clara en relación a la separación de alumnos por sexo, e incluso por Institutos… si ello era posible (no para el caso de Astorga), y que eliminar la Coeducación de la Instrucción de la República había sido una bandera de la que el Régimen se mostrada orgulloso, hay testimonios contradictorios respecto a la separación chicos y chicas por Aula.

 

Nuestro informante de referencia en esta época nos cuenta que antes de inaugurarse el nuevo edificio de los Sitios, y desde 1º hasta 4º, el de la calle Padre Blanco constituía el instituto femenino y el de la calle Rodríguez de Cela el masculino. Esto durante el Bachillerato Elemental, ya que en los cursos posteriores, 5º, 6º y Preu, se usaba indistintamente el aulario de uno u otro edificio, en función del número de alumnos y en clases mixtas.

 

Ya en el nuevo centro, se mantiene esta misma lógica de separación por sexo, aulas para chicos y para chicas. También había otras aulas mixtas, si bien con chicos y chicas separados por filas… y siempre que fuera inviable hacer otras agrupaciones. Determinadas asignaturas, mayormente optativas o con poco alumnado (inglés por ejemplo), se prestaban más que las troncales a las clases mixtas. Sintetizando, en base a mis recuerdos, siempre que era factible, las clases eran separadas.

 

Chicos y chicas separados, en aulas distintas, en centros distintos (si era posible), pero también en los tiempos de recreo. Salíamos por puertas distintas, los chicos por la puerta central y las chicas por la secundaria. Saliendo, y desde la puerta central del INEMA a la izquierda era la zona de las chicas, es decir, la zona de los taxis, las plazas, etc. y a la derecha los chicos, que jugábamos en el monumento a los Caídos (buenos recuerdos tienen mis espinillas de ese monumento), la Catedral y el Palacio… que estaba en muy mal estado... y peor que lo dejamos nosotros.

 

Los chicos y las chicas no podían jugar a las mismas cosas. Y mucho menos aún si en esos juegos había contacto físico incluso pequeños roces. No eran infrecuentes castigos de una semana sin recreo, en el Muro, a un grupo de chicas por jugar a juegos genuinamente masculinos como piola (con sus variantes: individual, que requería pericia en el espolique, y churro, media manga, mangotero…, de equipos y con madre), galopo o guardias y ladrones. Jugar las chicas con los chicos estaba prohibido explícitamente y era punible.

 

 

5. Profesores de segunda clase

 

La tipología del profesorado dentro de los Institutos, en esta etapa de finales de la Dictadura, básicamente se dividía en dos grandes grupos: los que tenían la Oposición aprobada y la Plaza y los Interinos. Los primeros podían ser Catedráticos (Oposición de 145 temas) que tenían más poder y Agregados (Oposición de 100 temas). Los otros eran los Interinos, muy numerosos porque casi no salían Oposiciones ni a Agregadurías ni a Cátedras, y constituían en eslabón más débil de la cadena educativa. Y esto por varias razones.

 

La primera, porque sus nombramientos dependían directamente del Director que hacía la propuesta a la Delegación… que lo aceptaba sin más, sin ningún orden de preferencia, antigüedad, méritos, etc. La segunda, es que cobraban bastante menos que los Agregados… aunque hicieran el mismo trabajo, tanto en el concepto Sueldo como en la no percepción de ningún complemento por cargos (en caso de tenerlos) ni tampoco en antigüedad. La tercera, es que eran los últimos que se colocaban en la elaboración de la planificación y horarios, con lo que quedaban excluidos de los Preu y COU cuyas clases reducían horas de docencia y también tenían horarios más dispersos, difíciles y con más huecos.

 

Por si todo esto fuera poco, parece ser que en algún momento, creo que el en año 67, fue exigida a profesoras jóvenes la firma de un documento en el que se comprometían a no quedarse embarazadas durante el periodo contratado. Así se trataban de evitar las suplencias por baja maternal… si bien, parece ser que la medida fue puntual… y no se volvió a producir fuera de ese año… que nosotros sepamos.

 

No es de extrañar que se preparasen con tanta intensidad las oposiciones pues era mucho lo que había en juego respecto a diferencias laborales, tanto de salario como de estatus.

 

Pocos años después, esta situación fue cambiando. El nombramiento de Interinos comenzó a hacerse a partir de una bolsa de trabajo gestionada de forma más o menos trasparente por la Delegación del MEC, y se aumentaron las Plantillas con varios años seguidos de Oposiciones, donde, dicho sea de paso, tuvieron lugar abusos… digamos de signo contrario, es decir, Interinos que no querían opositar pues preferían plazas en localidades grandes a aprobar Oposiciones y participar obligatoriamente en el Concurso de Traslados… que podían alejarte de las grandes ciudades.

 

6. El motín del Seminario

 

El Concilio Vaticano II había sido clausurado en 1965 e introducía adaptaciones importantes en la doctrina de la Iglesia en relación a las necesidades de nuestro tiempo: mayor cercanía a los fieles, diálogo con otras religiones (sobre todo orientales), cambio a un lenguaje más conciliatorio, voluntad de abordar y afrontar los problemas en las coordenadas de los nuevos tiempos, etc.

 

Estos cambios vaticanistas no calaron en todas las capas de la Iglesia ni al mismo ritmo ni con la misma intensidad. Nuestro Instituto fue asumiendo, aunque muy lentamente, algunos de estos cambios, reflejados mayormente en la menor presión de los Ejercicios Espirituales; así, de obligatorios y generalizados pasaron a ser obligados sólo para el Bachiller Elemental; de ahí, a más o menos permisivos y abiertos… hasta desaparecer.

 

Pero no en todos los sitios se produjo una transición sin traumas. El alcance de los cambios era importante y, a veces, eso pudo generar desencuentros entre diferentes partes de una misma estructura, como reflejan los hechos que a continuación comentamos referidos al Seminario, con quién el Instituto compartía profesorado.

 

En la Primavera de 1969, cuando ya se estaba apagando el fuego del Mayo Francés en París y comenzaba en otros lugares alejados del centro del mundo… como es el caso que nos ocupa, se produjo en el Seminario de Astorga una revuelta estudiantil protagonizada por alumnos aspirantes a sacerdotes. Cuentan las malas lenguas que se llegó, incluso, a blandir alguna bandera republicana…, lo que es una sorprendente noticia, al menos si comparamos el hecho con el Carlismo del Siglo XIX en nuestra ciudad, atrincherado en más de una ocasión dentro de sus propias paredes.

 

En aquellos momentos el Obispo de Astorga era el Ilmo. Sr. Don Antonio Briva, cuyo apellido pronunciaban con una oclusiva bilabial sorda (no sonora) algunos seminaristas malintencionadamente. Es decir, Priva.

 

Poco antes de los hechos, así se había manifestado el Prelado en referencia al problema que estaba a punto de desencadenarse «Graves problemas de orden doctrinal, ideológico, psicológico y aun disciplinar esperan una solución sin aplazamiento... No podemos ordenar la pedagogía de nuestro seminario de suerte que sus alumnos quieran hacer del sacerdote un hombre como otro cualquiera, en su modo de vestir, en la ocupación profana, en la asistencia a los espectáculos, en la experiencia mundana...». 


Eran tiempos de vacas gordas… si se me permite la expresión. El curso 1965, unos años antes,  el Seminario tenía matriculados medio millar de Seminaristas Mayores, y con estos números detrás el Obispo apostó por el cierre del Seminario unos meses (de marzo a mayo) para tratar de expurgar los casos más extremos  y reivindicativos de entre las masivas vocaciones que en aquel momento había, cosa que consiguió, ya que muchos estudiantes e incluso algunos profesores no regresaron tras el verano.

 

Pero la herida se cerró en falso. Veinte años después, en 1989, por segunda vez en sus más de 200 años de vida, volvería a cerrar sus puertas el Seminario. Habían cambiado mucho las cosas. La falta de vocaciones había caído hasta 11 alumnos repartidos en 6 cursos, de los que 10 se amotinaron en contra del sector más conservador de la institución[2], ganando pírricamente el pulso, que concluyó apartando a Don José Anta Jares, cercano al Opus Dei y a Don Bernardo Velado Graña de sus tareas docentes en la  formación de sacerdotes. Los Seminarios ya no eran lo que habían sido. Ya no se llenaban con hijos de labradores que escapaban de la labranza a través del sacerdocio. El manantial se estaba secando… y todo tiempo pasado había sido mejor.

 

 

Próxima entrega: 3.8. Mérida P. 1964-71. Mis Profesores

 

[1] Himno del INEMA. Letra: Don Bernardo Velado. Música: Don Luis Calvo.

Cantemos, estudiantes del INEMA,

el himno juvenil de la amistad,

cantemos fieles siempre a nuestro emblema:

Amor a la verdad, a la verdad.

Profesores y estudiantes: ejemplar comunidad:

constructores anhelantes en colmenas de la paz.

Las hojas verdes del roble flores en el pecho son,

brote juvenil del noble recio astorgano blasón.

Por cimiento las murallas nos ofrece la ciudad,

por cimera,  las estrellas y la azul inmensidad.

A la vera del camino que siguió la cristiandad,

como nuevo peregrino de la universalidad.

Cantantes en colmenas de la paz.

 

 

[2] Varios años después de los hechos, algunos medios reflejaron lo ocurrido como puede verse en los dos siguientes enlaces:http://www.elmundo.es/cronica/2002/344/1021884459.html y http://www.diariodeleon.es/noticias/provincia/dimite-rector-seminario-conflicto-futuros-sacerdotes_33397.html que se pueden consultar para ampliar y profundizar en la información mostrada.

 

 

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