Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 25/04/2018
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
SEMANA SANTA
Astorga Redacción
25/03/2018

"Ya ha subido la cuesta; está en la ciudad. Podemos empezar; se ha abierto la Semana Santa"

Guardar en Mis Noticias.

Después del canto de la oración de las llagas de Cristo,la procesión del Ecce Homo de Piedralba salía en la noche de este Domingo de Ramos al campo frío. Se hacían las paradas pertinentes del vía crucis para rezar, se encendían pequeñas hogueras estación a estación y el paso lo pujaron alternativamente hombres y muchachas que sentían vivamente el ensañamiento contra el Crucificado

 

[Img #35688]

 

 

Fragmento del `pregón de Paulino Sutil (Abril 1995)

 

En la adusta paramera de Piedralva a Astorga, sólo se oye en la noche del Domingo de Ramos, un tenue ruido: el gemir del viento y la oración sincera de las piedras del camino.


Ya lo decía el refrán como voz de la experiencia y del pueblo, por cierto con mucha enjundia y realismo: "es sólo el desierto el que llora por ser pradera". Aquí, en esta noche, los cantos y los abrojos lloran y se abrasan por la fuerza del Espíritu y quieren ser camino -Viacrucis- para este paso del Señor, encorvado, azotado, humillantemente atado a la columna como el malhechor y el disidente.


En esta noche primera de la Semana Mayor, como en un prólogo de dolor y abatimiento, el camino viejo de Piedralva tiene en común con el desierto, exigencias de desnudez; es el empuje soberbio de la tierra calcinada por lluvias y heladas -color ocre-, noche oscura, -hacia la pureza y la lucha enorme del Hombre- Dios, atado a la columna que avanza sin miedo y con el esfuerzo de los valientes hacia las murallas, hacia la Jerusalén- Astorga, en fiestas.

 

 

[Img #35689]

[Img #35690]

 

 


No el hombre que piensa y se divierte, que juega con la bola de las ilusiones a ser creador e inventor, sino el que habla, el que musita palabras de perdón; el que se pone al lado de los vencidos y derrotados, de los oprimidos por la fuerza del mal y la envidia opresora de los sin sentido; el siervo manso y humilde, el no-violento y sí pacificador, el que da respuesta difícil y, a veces incomprensible, a tantos porqués angustiosos de la vida; el que ilumina las zonas anchas y oscuras de la existencia humana.


Luminarias y antorchas, hogueras en la noche; devoción en el Viacrucis, mordiendo el polvo y sintiendo en su carne las llagas del error y del desvarío. En este denso caminar se mira al cielo y se cuentan estrellas y en el polvo se aprecia el sudor, el dolor y el arrepentimiento.


Una parada breve, pero emocionante en el Monasterio de Santa Clara: oasis de paz y silencio, testigo fiel para tantas generaciones, baluarte de sosiego y generosidades. Saben mucho de lágrimas y lloros que, esta noche, se mezclan, llenas de amor, a las lágrimas de este Cristo bondadoso, a quien cantan y dan la primera bienvenida.


Una entrega simbólica, ritual, emotiva a las Cofradías de Astorga. Van a ser las que lo cuiden, lo limpien del polvo del camino y allí en la Vera Cruz, encuentre el cariño y el aplauso, la oración y la devoción.


Ahora sí, la marcha lenta y ascendente hacia la ciudad se hace cada vez más masiva y luminosa. Se divisan encendidas y abrasadas por la luz, las agujas de las torres de la Catedral. Redoblan solemnes los tambores y suenan agudas, hirientes en la oscuridad, las trompetas perdiéndose su eco en las lejanas montañas y la ciudad se asoma al balcón del Postigo:


"Abriros, Portones, va a pasar el Rey callado, pero también exaltado”


Se dejan sentir graves, tremendas las voces fuertes y varoniles de los cantores de San Justo que entonan el Miserere. Ya ha subido la cuesta; está en la ciudad. Podemos empezar; se ha abierto la Semana Santa.

 

 

[Img #35691]

[Img #35692]

 

 

Ramón Hernández. ‘Golgothá’ (Fragmento)

 


Bebió una vez y otra de aquel vino de terror, llamó a las puertas cerradas del Sanhedrín, imploró que le devolvieran el tiempo a cambio del dinero de su traición y le quiso arrancar a las tinieblas la consoladora mentira de que nada de aquello había sucedido en Gethsemaní. Nunca ocurrió la escena del beso en la mejilla como contraseña dirigida a la muerte, se decía a sí mismo. Y, sin embargo, era cierto. Las puertas permanecían cerradas y en el aire, como un veneno mortal, aquel beso aleteaba como una libélula.


— ¡Abrid a ese miserable! —ordenó uno de los responsables de la guardia, después de contemplar al que desesperadamente llamaba a través de un enrejado ventanuco.


Una espesa amargura asciende a la garganta del traidor y, como si las monedas de plata fueran de fuego y le quemasen las manos, las arroja sobre las baldosas del patio del Sanhedrín, sintiendo que necesita la muerte como el sediento el agua. Y, huyendo de sí mismo, a extramuros de la ciudad, buscó la robusta rama de un árbol para ahorcarse. 


Mientras tanto, entró de nuevo Pilatos en el pretorio, ordenó que llevaran al prisionero ante su presencia y, a solas con él y sus guardianes, le preguntó si, como afirmaban los que le acusaban, se consideraba rey.


— Mi reino no es de este mundo —respondió—, si lo fuera tendría como tú soldados que me defendieran y ya ves que estoy solo. Yo he nacido solamente para dar testimonio de la verdad.
— ¿La verdad? ¿Qué verdad? ¿De cuál verdad hablas? — le preguntó el pretor.

 

 

[Img #35693]

 

 


Rígido en la madera del retablo, sabe que no respondió a esa pregunta.


— En efecto, no aclaró mis dudas en absoluto —dice Pilatos desde su soledad de museo—. Aquel infeliz guardó silencio y, lógicamente, me sentí frustrado en grado sumo, pues había llegado a creer que quizá de aquel loco pueblo hebreo, que a sí mismo se declaraba el elegido de un dios único, podría aprender algo que me aliviara la amargura de sentirme un ser absurdo y cruel en un mundo sin sentido.


Y regresó al insomnio, sintiendo cómo le recorrían el cuerpo las agitadas pesadillas de Ludmilla Ionesco de Morahis, la sofisticada mujer romana con la que compartía aquella suerte de privilegiado exilio en tan apartado rincón del mundo cesáreo. Hastiado del amor de aquella noble aristócrata tímida, únicamente le unía a la ilusión de la imposible dicha el sortilegio escondido en las copas del vino de Liguria que, tras su encuentro con aquel extraño galileo sereno y pacífico, bebió con avidez suicida, acariciando la remota esperanza de que el esquivo sueño le rescatara por unas horas de su habitual angustia de vivir.


—Yo no encuentro ninguna culpa en este hombre —dijo a los príncipes de los sacerdotes—. Y, puesto que decís que es de Galilea, que lo juzgue Herodes.

 

 

[Img #35694]

 

 


Laberinto de las palabras, cábala del enigma, insinuación de lo anodino. En las ciudades ábrense las ventanas como ojos de insectos, palpitan los relojes colgados de las paredes, óyense lamentos y susurros de besos. Tiene el silencio frenesí de ecos y decapitadas sombras yacen en la encrucijada de la luz y la tiniebla.


— ¿Acaso eres mudo? Realiza algún prodigio y creeré en ti —le increpó el odiado tetrarca de Galilea cuando le llevaron a su presencia.


Quema la noche aquella en el recuerdo, como un hierro candente y frío a la vez. Los esbirros de aquel rey espúreo se burlaron del estático y silente prisionero, tan diferente a otros agitadores políticos que habían tenido que juzgar. Groseros lacayos pusiéronle un ajado y descolorído manto de color púrpura; tal vez apolillado despojo de los guardarropas regios (…)

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress