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SEMANA SANTA
Astorga Redacción
30/03/2018

"... Sin comprender por qué razón se llevaba a la muerte a quien era la vida"

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La lluvia caída en la noche de este Jueves Santo en Astorga impidió que las procesiones de la Hermandad de los Caballeros del Silencio y la penitencial de la Santa Vera Cruz y Confalón salieran de sus respectivos cabildos. Los hermanos y hermanas del Silencio asistieron en el interior de la iglesia de San Bartolomé al rezo del viacrucis y los de la Vera Cruz realizaron el enclavo del Cristo de Gregorio Español del siglo XVII. Completamos la información con fragmentos del pregón de Semana Santa de Pedro de Paz Luengo y de la obra de Fernando Arrabal Fernando Arrabal 'Cementerio de automóviles'.

 

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Pedro de Paz Luengo (Fragmento Pregón 1994)

 

Un estremecimiento sacudió mi conciencia ante la maravilla del misterio contemplado. La noche florecía y suaves voces cantaban en lo alto:

 

La noche derrota al sol
que agoniza entre estertores,
no con luces de colores
sino con pruebas de amor.


Es Dios que entrega su esencia,
ofrecida a los humanos 
en sustento, que sus manos 
transubstancian en presencia.


El cuerpo, miembros de trigo, 
se vuelve nivea llanura, 
como la inocencia pura 
y más humilde que un niño.


La sangre, vid en racimos 
destilando sus dulzores.
¡Qué divinos arreboles 
en un cáliz contenidos!


Prodigio inmenso de amor:
bajo especies tan sencillas 
se alberga la maravilla 
del ser eterno de Dios.

 


Nadie osaba romper la magia del momento milagroso, ni los afortunados comensales, ni cuantos asistíamos al acto, bañadas las mejillas en lágrimas de dicha que hallaban cauce en ellas desde la plenitud de nuestros emocionados corazones.


De pronto, una azogada agitación recorrió la quietud de aquella escena. Unos cuchicheaban, otros dialogaban en voz alta, pero con tal revuelo, que era imposible captar sus comentarios. Entre ellos, perfectamente audible, se alzó una voz que dijo “¿Acaso seré yo?”, pregunta que produjo un mayor nerviosismo y provocó que Judas se retirara de la mesa y marchara con prisa hacia el Jardín.


Muy afectado, Cristo siguió con la mirada sus pasos que se perdieron en las sombras. Meditó unos minutos y, un poco más tranquilo, prometió a los discípulos (en realidad, a juzgar por sus gestos, a cuantos nos hallábamos presentes) ser para todos verdad, camino y vida; seguro mediador ante su Padre; buen Señor del amor y de la paz; amigo verdadero para siempre.

 

Lo había dado todo, casi todo, mejor. Le faltaba entregar su propia vida y a ello se dispuso. Se levantó despacio, con el semblante demudado, hízose acompañar por tres apóstoles y, postrado cabe los negrillos de la plaza, pidió al Padre que lo librara del tormento. Un ángel de mirada candorosa trataba de aliviarle en su congoja. No lejos, los elegidos dormían descuidados.


Voces que se escuchaban allá por San Francisco le hicieron ponerse en pie y dirigirse a los durmientes, y, como llega la muerte traicionera, veloz e inexorable, se presentó ante él la turba que tales gritos profería, a cuyo frente se encontraba Judas, barba poblada, mirada aviesa y túnica marrón que, con el beso más infame, entregó a aquel amigo que, poco antes, le había regalado cuanto tenía y cuanto era.


Entre varios le ataron y a empujones llevaron, sin que ninguno de quienes originaban el tumulto hiciera lo más mínimo por mitigar su flébil abandono.


No sé si tuve miedo, acaso sí, como sucede en muchas ocasiones en que los respetos humanos nos asustan, el caso es que, en vez de acompañar a Cristo en su aislamiento, permanecí en la plaza, envuelta en un sigilo que ni el fulgor de las estrellas se atrevía a quebrar.

 

Inquieto meditaba, sin comprender por qué razón se llevaba a la muerte a quien era la vida, cuando unos sollozos, imperceptibles, casi, vinieron a romper el cósmico silencio.

 

Caminé, compadecido por la profunda angustia que expresaban, al lugar de donde procedían, el interior del templo. Al lado del sagrario, cuya lámpara dormía en un mutismo reverente, se encontraba María Dolorosa, traspasado el pecho por los siete cuchillos. Sabía bien que su querido Hijo tenía que sufrir, sin que pudiera remediarlo, y lloraba por ello. Era tanto el dolor y la amargura que sus benditos ojos derramaban que no pude contener mi sentimiento y con ellos lloré. Mas, cuando quise aliviar su desamparo con algunas palabras, no tuve qué decir y, en mi torpeza, sólo la consolé suplicando consuelo.

 

 

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Fernando Arrabal (Fragmento del final del 'Cementerio de automóviles' en los que se nos muestra un Cristo desfigurado)


Dila.—¿Y qué otra cosa mereces? Además, por si fuera poco, te has olvidado de eso de para qué sirve ser bueno.

 

Emanu.—Ya verás como me acuerdo.

 

Dila.—Todo se te olvida. Antes transformabas una motocicle¬ta en mariposa y del depósito de gasolina surgían cocodrilos,ahora ya sólo sabes tocar la trompeta.


(Entra por la derecha Topé. Está agotado, se recuesta sobre una de las hamacas.)

 

Emanu.—¿Pero Topé, dónde te habías metido?

 

Tope.—¿Y vosotros?

 

Emanu.—¿Nos buscabas?

 

Tope.—Sí.

 

Emanu.—Y nosotros a ti.

 

Dila.—Entonces habrá sido por eso por lo que no os habéis visto.

 

Emanu.—Qué cansado estás.

 

Tope.—Como que estoy corriendo desde que os dejé. ¡Menudas carreras!

 

Emanu.—Pobre Topé.

 

Dila. Este sí que sabe cómo ir por la vida. Deberías aprender de él.

 

Emanu.—Te escucho a ti que eres mi campo libre, mi gaviota y mi lugar ausente. Tengo almendras. ¿Queréis comer conmigo?
(Foder, Tope, Dila asienten. Emanu saca un paquete de almendras: todos pican.)

 

 

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Dila.—Están muy buenas.

 

Emanu.—¿Sabéis a quién se las he quitado?

 

Dila.—Al tendero de la plaza, como si lo viera.

 

Emanu.—Qué lista eres.

 

Dila.—Como que te conozco de sobra: con eso de que es un cerdo riquísimo le quitas todas las noches un paquete de almendras.

 

Emanu.—Pero lo hago sin mala intención.

 

Dila.—Todo lo haces sin mala intención. (Todos comen con deleite.)

 

Dila.—Si te cogen los guardias, luego, cada vez que comamos almendras nos acordaremos de ti.

 

Tope.—Te las ofreceremos en el pensamiento,(Foder asiente con la cabera.) (El niño del ‘coche 3’ llora.)

 

Voz de mujer.—(‘Coche 3’.)
¿Quién le va a dar la tetita al angelito? (La madre ha debido darle el pecho: cesan los llantos. Durante ese silencio los tres amigos comen vorazmente. De vez en cuando dicen algo como: “Están saladitas...”, “deliciosas”, etc...)

 

Dila.—Me comería un kilo. (Por la derecha entran Lasca y Tiosido —vestidos de guardia— y con una bicicleta. Van de derecha a izquierda. De pronto ven a Tope. Se detienen. Tope besa ostensiblemente a Emanu sobre la mejilla. Inmedia¬tamente Lasca y Tiosido se dirigen a Emanu.) Lasca.—(A Emanu.)
¿Eres tú Emanu?

 

Emanu.—Sí, soy yo.

 

Lasca.—( Violenta.)
Quedas detenido.


(Dila, atemorizada, sale huyendo y se refugia a la derecha. Lasca intenta poner las esposas a Emanu. Tiosido observa.)


Tope.—(Trata de interrumpirla mientras le ponen las esposas a Emanu. )Mi dinero, denme dinero.
(Más tarde.)
Habían prometido que me pagarían.

( Pausa.)

He sido yo quien le ha denunciado: tienen que darme el dinero.
( Pausa.)

Me lo prometieron.

(Por fin Lasca logra poner las esposas a Emanu tras grandes dificultades. Ni Lasca ni Tiosido hacen el menor caso a Tope: no le miran.)

 

Lasca.—¿Llevas tú el cheque?

 

Tiosido.—No, yo no, ¿qué quieres que haga con él?


Lasca.—Pero tú te quedaste con el cheque ¿no?

 

Tiosido.—No, mujer, mira bien entre tus cosas. ('Tope sigue reclamando cada vez más su dinero. Lasca y Tiosido siguen sin mirarle. Lasca registra sus bolsi¬llos: aparecen una serie de objetos dispares: papeles, lapiceros, flores, matasuegras, pañuelos, una caja sorpresa, etc.

Tiosido en su afán de buscar, abre la caja de sorpresa: un monigote le da en la nariz. Tope reclama su dinero constantemente.)

 

Tiosido.—Pero mira bien.

 

Lasca.—(Recuerda.)
¡Ah! (Lasca se quita la gorra de guardia. Mira en el interior de ella. Saca un papel.)

 

Lasca.—(A Tope) Toma tu -cheque. (No le mira. Tope, muy contento, dice varias veces “Iupi” y sale corriendo por la izquierda.)



Tiosido.—¡Tienes una cabecita!

 

Lasca.—Es cierto, se me olvida todo.

 

 

[Img #35815]

 

 

 

(De pronto Lasca y Tiosido se dan cuenta de la presencia de Foder.
Tiosido coge violentamente a Foder por las solapas.)

 

Tiosido.—(A Lasca.)
Éste también iba con él. ¿No es cierto?

 

Lasca.—Yo creo haberle visto con él.

 

Tiosido.—¿No era éste el que tocaba el saxofón?

 

Lasca.—Creo que sí.

 

Tiosido.—(A Foder, violentamente.) ¿Tú eres amigo de Emanu? ¿No es eso? (Foder niega con la cabera. Hace gestos exagerados de inocencia.)

 

Lasca.—(A Foder.)
¿Que no eras tú su amigo? (Grandes gestos de inocencia de Foder)


Tiosido.—(A Foder.)
Pues yo juraría haberte visto con él. ¿Estás seguro de que no eras su amigo? (Foder niega insistentemente con la cabera.)

 

Lasca.—Cuando él lo dice. (Tiosido suelta a Foder. Foder, atemorizado, sale huyendo por la izquierda.
De pronto las bocinas de los cinco coches suenan por tres veces; como el cacareo de un gallo.)

 

Lasca.—(A Tiosido, señalando a Emanu.)

Le llevaremos a la farola (Señala la derecha.)

 

Tiosido.—Sí, es el mejor sitio.

 

Lasca.—¿Tienes los látigos?

 

Tiosido.—Claro.

 

Lasca.—(Bruscamente, a Emanu.) No te muevas. (Tiosido, en silencio y ceremoniosamente, golpea a la puerta del ‘coche A’. Aparece Milos por la ventana, mira a Tiosido y desaparece tras las cortinas de saco. De nuevo aparece Milos a la puerta con una palangana y un jarro en la mano. Tiosido se lava las manos despacio y ceremoniosamente. Milos se mete de nuevo en el ‘coche A’. Tiosido, con las manos húmedas, golpea a la puerta del ‘coche 2’. .Aparece una toalla entre los pliegues de la cortina. Tiosido se seca las manos. Devuelve la toalla. Mientras Tiosido se ha lavado las manos Lasca ha tomado las medidas de Emanu (brazos en cruz), con minuciosidad.)

 

 

Lasca.—(A Tiosido) ¿Ya estás listo?

 

Tiosido.—Espera. (Hace varios ejercicios gimnásticos.) Ya estoy preparado.

 

Lasca.—Entonces vamos. (Lasca empuja a Emanu. Los tres salen por la derecha llevando la bicicleta por el manillar. Risas dentro de los coches. A los pocos instantes se oye la voz de Lasca ‘comiendo’. Se oyen los latigazos que se dan sobre Emanu y sus quejidos. Llanto de niño ‘coche 3’.)

 

VOZ DE MUJER. (Coche 3.) ¿Qué le pasa a mi niño? No llores. (El niño Hora cada vez más.)

 

 

VOZ DE MUJER.—(Coche 3.) Hazle una gracia.

 

 

VOZ DE HOMBRE. (Coche 3.) Pero mujer, yo no sé.

 

 

VOZ DE MUJER.—(Coche 3.) Mira cómo llora el pobre. Hazle una gracia.

 

 

VOZ DE HOMBRE. (Coche 3.) (Mugiendo.)

 

 

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Gi-han.
(El niño llora aún más: no se pueden oír los quejidos de Emanu. Milos sale del ‘coche 1’ con un biberón sobre una bandeja. Introduce el biberón entre las cortinas del ‘coche 3’.)

 

Milos.- Tengan los señores. (El niño se calla.) En el silencio se oyen los latigazos y los quejidos de Emanu. De pronto Emanu lanza un grito agudo de dolor. El niño se pone a llorar de nuevo. Los padres le dicen cosas para calmarle.Bocinazo en el ‘coche 2’. Milos mete la cabeza entre las cortinas del ‘coche 2’.)

 

Voz de hombre.—(‘Coche 2’.) Tráeme ese niño. Quiero verle.Milos lleva al niño al ‘coche 2’. El niño llora.) Voz de hombre. (‘Coche 2’.) Niño, cállate. (El niño deja de llorar.) Parece un gorila. Niño, ya puedes llorar. (El niño llora a grito pelado.) No tan fuerte. (El niño llora menos fuerte.) Cállate, niño. (El niño se calla.) Parece un niño muy obediente.

 

Milos.-(Confidencial.) Es como su padre, Es el retrato de su padre.

 

VOZ DE HOMBRE.—(‘Coche 2’.) ¿También parece un gorila?

 

Milos.—Quiero decir en lo de obediente.

 

 

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VOZ DE HOMBRE.—(‘Coche 2’.) Ya puedes llorar, niño. (El niño llora.) Más fuerte, niño. (El niño llora a grito pelado) ¡Pero qué muy obediente! Puedes llevárselo a su madre. Mílos. Muchas gracias, señor. ¿Desea algo más el señor? Miloss devuelve el niño al ‘coche 3’.)

 

Voz de mujer.(‘Coche 3’ a Milos.) Paséele a ver si logra dormirse.

 

Milos.- ¿Quiere que le cante alguna canción de cuna?

 

VOZ DE MUJER. No, nada de canciones de cuna. Nuestro niño es ya muy militarote. Cántele una marcha militar.

 

Milos.—¿Con tambores o con trompetas?

 

VOZ DE MUJER.—Con tambores.

 

Milos.—Como quiera la señora. (Milos se pone a pasear al niño. Se mueve como una nodriza. A pesar de sus promesas le canta una canción de cuna. Mientras tanto:)

 

VOZ DE MUJER.—(Coche 3.) ¿has oído lo que ha dicho?

 

VOZ DE HOMBRE.—(Coche 3.) Sí, es encantador.

 

Voz DE MUJER.—¿Pero has oído bien lo que ha dicho del niño?

 

VOZ DE HOMBRE.— Lo del gorila.

 

VOZ DE MUJER.—Sí.


Voz de HOMBRE. Te repito que es encantador.

 

VOZ DE MUJER.—Yo también pienso lo mismo. Es encantador. Comparar a nuestro hijo con un gorila.

 

VOZ DE HOMBRE.— Es un padrazo. Desde que ha sabido que hemos tenido un niño no tiene ojos nada más que para él.

 

VOZ DE MUJER.—Es encantador.

 

 

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(Latigazos. Quejidos de Emanu. El niño —en bracos de MILOS— Llora escandalosamente. Bocinazos en el ‘coche 4’. MILOS se acerca al ‘coche 4’ con el niño llorando en bracos. Se asoma a la ventanilla del ‘coche 4’.)

 

VOZ DE HOMBRE.—(‘Coche 4’.) Démelo. Milos le pasa el niño. Se oye cómo el hombre pega al niño, que acaba por callarse. El hombre del ‘coche 4’ devuelve el niño a Milos. El niño vuelve a llorar.)

 

VOZ DE HOMBRE—(‘Coche 4’.) Démelo otra vez. (Se repite lo anterior.) (Bocinado en el ‘coche 3’. Milos se acerca al ‘coche 3’.)

 

VOZ DE MUJER.—(‘Coche 3’.) Traiga al niño.

 

Milos.—(Les da el niño.) Ténganle.

 

Voz de mujer.—(‘Coche 3’.) ¿Ha sido formalito?

 

Milos.—Muy formalito.

 

VOZ DE MUJER.—¿Se ha hecho pipí?

 

Milos.—Ah, no. No lo hubiera tolerado.

 

VOZ DE MUJER.—Es un angelito.

 

Milos—¿Quieren algo más los señores?

 

VOZ DE MUJER.—No, nada más.

 

Milos—Que pasen muy buena noche los señores. (MILOS, vuelve al ‘coche A’. Desaparece dentro de él. Latigazos. Quejidos de Emanu. Por fin, silencio.)

 

 

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VOZ DE MUJER.—(‘Coche 3’.) Mira qué quietecito se ha quedado.

 

VOZ DE HOMBRE.—(‘Coche 3’.) Como un angelito. Como un angelito.

 

Por la derecha entran Lasca y Tiosido. Llevan la bicicleta del guía; sobre la bicicleta atado va Emanu cubierto de sudor y de sangre; la nuca sobre el centro del manillar, los pies atados sobre el portapaquetes y cada uno de los brazos sobre cada uno de los lados de la guía. Cruzan el escenario de derecha a izquierda. Sin duda, les cuesta mucho esfuerzo. Empujan. A la mitad del escenario se paran y ocurren dos sucesos:

 


1. Dila entra por la derecha. Se acerca a Emanu y con un gran pañuelo blanco desplegado le seca la cara. Emanu, haciendo un esfuerzo supremo, dice:)

 

Emanu.—(De carretilla y en un murmullo.) “Porque cuando se es bueno se siente una gran alegría interior que proviene de la tranquilidad en que se halla el espíritu al sentirse semejante a la imagen ideal del hombre.”
(Dila le besa apasionadamente y se va por la derecha.)

 

2. Tiosido llama a la puerta del ‘coche A’. En seguida sale Milos.) Tiosido.—Ayúdanos.

 

Milos.—No puedo, tengo mucho trabajo.


.
Tiosido.—Te digo que nos ayudes.

 

Milos.—(De mala gana.) Bueno, vamos. (Milos, Tiosido y Lasca se ponen en marcha. Tiosido y Lasca llevan la bicicleta del manillar. Milos empuja por detrás. Aun siendo tres les cuesta mucho esfuerzo. Crujan la escena de derecha a izquierda. Los prismáticos de los ‘coches 2 y 4’ siguen su salida. Cuando la bicicleta ha desaparecido, se oyen risas en los coches. Un tiempo.


Comienza el día.


Del fondo provienen los toques desgarradores de un clarinete y un saxofón que se oirán hasta el final del acto. Dila sale del ‘coche A’ con una campanilla en la mano.)

 

 

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Dila.—(Dirigiéndose a todos los coches al mismo tiempo que hace sonar la campanilla fuertemente.)
Levantaros, gandules, que ya es hora. No os hagáis los dormidos. De sobra sé que ya estáis despiertos.
(Dila mete la campanilla dentro de los coches uno a uno.)
Que os levantéis. Que ya es la hora.

 

Entran Lasca y Tiosido por la izquierda. Lasca va vestida de atleta —número 456—, parece muy cansada. Tiosido, infatigable, a su lado, le marca el paso. Va vestido normalmente. Lasca va a paso gimnástico.)(Cruzan la escena de derecha a izquierda.)

 

Tiosido.—Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno, dos...

 

 

.TELÓN

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