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SEMANA SANTA
Redacción
1/04/2018

"Bajo el sonido de las Pascualejas, uno empezaba a entender que todo dolor es vencible"

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Organizada por la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Confalón y con la participación de las principales autoridades y del resto de hermandades, cofradías y archicofradía de la ciudad, con sus guiones, pendones y estandartes, salió este domingo desde su capilla, la jubilosa procesión del Resucitado.

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Martín Descalzo, fragmento del pregón de 1987  

 

El sexto descubrimiento de mi vida se produjo aquel año y se pro­duciría ya siempre en la mañana de resurrección. Tampoco había entonces procesión del Resucitado, pero había campanas y vencejos y había gentes endomingadas que acudían a la catedral para recibir la ben­dición papal que daba el obispo, don Antonio Senso Lázaro entonces.

 

Y el domingo era fiesta mayor. Astorga era más Astorga y, bajo el sonido de las Pascualejas, uno empezaba a entender que todo dolor es vencible, que después del Viernes viene siempre la Pascua y que cuando uno ha amado como Cristó amó, el Viernes no tiene más remedio que resucitar, porque todo .amor es inaplastable.

 

En mañanas como aquella empecé yo a aprender que el ser humano es capaz de levantarse siempre. Que el dolor puede roer nuestros huesos, pero el alma es invencible. Que la amargura nunca llegará más arriba de nuestros talones si sabemos encaramarnos en la esperanza.

 

Por todo ello ahora, cincuenta años después, yo sé que debo a Astorga muchas cosas maravillosas: el olor a pan y vino de sus acacias; los helados —¡vainilla, fresa, chocolate!— de Riancho; el chirrido de ven­cejos felices que subía hasta mi casa desde el patio de los Hermanos; los golpes de pecho que don Bienvenido, el magistral, se daba en la coraza de su traje de canónigo; el crepitar de la aguja de los barquilleros cuan­do nos daban veinte a la peseta; el din-don de los maragatos en el ayun­tamiento; el crotorar de la cigüeña junto a Pedro Mato; el solemne soni­do de la María de la catedral; el canto nasal de las monjas de Santa Cla­ra o Sancti Spiritus... tantas, tantas cosas.

 

 

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Pero debo muy especialmente esos seis descubrimientos de la Sema­na Santa del año 37: El descubrimiento de que Dios es infantil como fui­mos nosotros aquel domingo de Ramos; el de que la fe se vive en familia o no se vive; el de que la única defensa que tiene el hombre frente a la muerte es el amor; el que ese amor es posible porque estuvo entre noso­tros en Jesús; el de que no somos huérfanos porque hemos tenido no una sino dos madres; el de que al fin toda muerte será derrotada, porque el amor es invencible. Estos seis descubrimientos, que han sido y aún hoy son las claves de mi vida, se los debo a Astorga. Y sé que jamás po­dré pagar esa enorme deuda.

 

Por eso, hoy, al pregonaros, cincuenta años más tarde, la pasión de 1987, mi pregón es sólo un eco del que hace dos mil años predicara san Pedro en Pentecostés, y quiere pediros, suplicaros, mendigaros, que no perdáis ese tesoro que tenéis, que no frivolicéis vuestra Semana Santa, que mantengáis apasionadamente vuestras tradiciones, porque es nece­sario que los niños de hoy, los hombres de mañana, tengan esa fuente gozosa en que beber. Es necesario que ellos tengan la fortuna que noso­tros tuvimos, para que puedan hacer en los próximos días los grandes descubrimientos que iluminarán su vida. Porque yo sé hoy muy bien hasta qué punto es cierto aquello que decía Dostoyewski: «El hombre que acumula muchos recuerdos en su infancia, éste ya está salvado para siempre». Y yo sé hoy que, si soy feliz y estoy salvado como hombre, lo debo a las calles, a las procesiones, a las campanas de Astorga.

 

 

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Alejandro Núñez Alonso. El lazo de púrpura (Fragmento)

 

"Se miraron entre sí, incrédulos y desconcertados. [...]

—Ha resucitado y ha estado en esta casa. Ha entrado en la biblioteca y me ha dicho: “No te aflijas ya, Benasur, que vivo estoy. Y tú vivo estás para morir por Mí. Y sabe que los que mueren por Mí, vivirán en eternidad. Me negaste con Miqueas, me negaste con Pilatos. Pero ya no me negarás por tercera vez. Vive años y da testimonio del Hijo, Benasur”...

 

 

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