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Tomás-Néstor Martínez Álvarez
2/04/2018

"Oficio y orificio". El texto a su placer. De cabeza al riesgo

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Cartografía urbana del deseo. Tirso Priscilo Vallecillos. Prólogo: Francisca Noguerol. Ilustración: Jesús Arnau. Edic. En Huida, Sevilla  20018     

 

 

 

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Sin temor, aunque de cabeza al riesgo, invocando a la concupiscencia y seducción, con toques de perversión rebeldes, con sensibilidad y mesura aproximadas, instalado en la insumisión Tirso Priscilo Vallecillos, andaluz (Motril,1972) y leonés de Veguellina de Órbigo, trae abrazada esta reciente publicación. En ella reúne setenta y ocho textos –microrrelatos y relatos, ¿cuentos?, poemas, alguna pieza de teatro prêt-à- porter, movido el conjunto por una irreprimible ley del deseo, consentida como GPS o guía revitalizadora. Ficción real, a raudales, es decir, literatura. Como cartógrafo o investigador de relieves y pliegues corporales se define quien dirige la mano escritora en ese territorio donde placer y cuerpo enmarcan el deseo. “… si existe alguna ley del deseo, es que este produce lo real. Si el deseo es productor, solo puede serlo en realidad y de realidad. (…) El deseo no carece de nada, no carece de objeto” señala la profesora F. Noguerol con palabras de G. Deleuze y F. Guattari en El Anti Edipo. Vida y escritura caminan a la par o se entrecruzan mediando alguna zancadilla; ambas acabarán travestidas en literatura. Confluencias de vidas que animan y alimentan sentimientos y desvaríos, flujos indómitos -sangre, sudor, orina, lágrimas, semen, saliva- ignorantes de reglamentos, leyes y normas: sedimentos sobre los que se levantan textos placenteros.

 

Comienza con 'Ítaca. Cartografía urbana del deseo' el recorrido que finalizará nuevamente en 'Ítaca. Epílogo: retorcer el cuello al destino'. Idéntica y distinta, añorada por inalcanzable, Ítaca, inicio y estación término. Entre ambas, es decir, la misma, el cartógrafo, voyerista a tiempo parcial, se detendrá en diferentes espacios urbanos -Milán, Teherán, Sidney, Kuala Lumpur, Valparaíso, Manaos, Tombuctú, Dubai, El Cairo…- de los cuatro puntos cardinales, -¡¡no; sensuales!!-,  del deseo si es que este acepta el sometimiento y encuadre en la cartografía usual. Con más éxitos que desengaños, el investigador-autor rememora, ¿o imagina?, una selecta y erudita antología de parafilias: fetichismo, zoofilia, agalmatofilia, ratifismo, gerontofilia, coprofilia, necrofilia, harpaxofilia. (¡Uf! Aquí ha de hacer un alto el lector para retomar el aliento tras la cima léxica tan exquisita). Variopintos, de amplias estancias sociales son los personajes reales “tomados de la ficción”, quienes se presentan por sorpresa al espectáculo sin haber recibido invitación alguna; sin embargo. intentan justificarse. “Los personajes sabemos lo que el escritor piensa porque somos parte de su pensamiento. Como yo, Mike, que existía casi desde el momento en el que comenzó a escribir el relato, y tenía una idea bastante concreta de lo que iba a suceder: poco a poco influí en su mente…”(Managua).

 

 

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Cartografía urbana del deseo no está escrita al socaire de la superficialidad o la indolencia; al contrario, es una obra elaborada y poliédrica, capaz de soportar lecturas desde miradas y ángulos diferentes. Tal vez, y lo más negligente, sea quedar en la lectura epidérmica, en la casquería ruidosa del gemido; adentrándose más allá, el lector hallará una morfología insospechada: momentos líricos, riqueza de imágenes, sensibilidad social ante crudas situaciones, reflexión sobre la escritura y la creación literaria -“Y no sé si esto de cambiar el destino es algo que se pueda permitir un personaje. Quizá esto es solo una trampa y todo el que me lea se convierta en mi autor: usted mismo podría comenzar a escribir algo que me permitiera salir de estas páginas que me oprimen y sospecho que me volverán loco” (Managua)-, ironía crítica entreverada -“…es la escritura y no EEUU el verdadero país de las posibilidades”- (Ítaca.Epílogo…), léxico sugerente y (re)creativo, habilidad lúdica en el manejo de ese vocabulario…

 

Imposible olvidar las numerosas ilustraciones canónicas y casquivanas que, como relieves eróticos de cualquier templo hindú o en canecillos de iglesia románica, realzan con su coreografía estos textos.   

 

En tiempos como estos en que se impone lo políticamente hipócrita es saludable un libro como Cartografía… que proclama el carpe diem, verba ómnibus, superación del eufemismo, la agitación y provocación. Un buen remedio “contra la esclerosis del pensamiento”. Sean los textos de este libro una in-citación.

      

                                                                                                       

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