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Javier Domingo Martín
2/04/2018

La palabra rescatada de Juan Panero

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Juan Panero, Cantos del ofrecimiento. Edición de Sergio Santiago Romero. AACP y CEAMM, 2017.

 

 

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En un lúcido artículo publicado en 1989, Guillermo Carnero proponía, como investigación todavía pendiente de la discutida generación de 1936, el estudio sistemático de la actividad de sus miembros antes de la Guerra Civil. La visión fragmentada de la historia literaria, consecuencia última del uso indiscriminado del recurso generacional, ha restado atención a poemarios de enorme interés como Marea del silencio y La soledad cerrada, de Gabriel Celaya, Versos del retorno, de José Antonio Muñoz Rojas, y, desde luego, Cantos del ofrecimiento, de Juan Panero; todos ellos publicados en los años previos a la guerra. Muy atinadamente señala Sergio Santiago, investigador contratado de la Universidad Complutense de Madrid, las incongruencias derivadas de una historiografía fundamentada en exclusiva en el método generacional: «Un poeta de posguerra que murió en el 37». Es este el título del «Estudio crítico» que el investigador pospone, al modo italiano, a una rigurosa y pulcra edición del poemario de Juan Panero que en 1936 publicara la prestigiosa colección editorial Héroe, dirigida por Manuel Altolaguirre.

 

La Asociación de Amigos de la Casa de Panero —que inaugura con esta edición su colección La estancia vacía—, junto con el Centro de Estudios Astorganos Marcelo Macías, ha preparado un volumen, bellamente editado, que tiene como principal destinatario —y esto es algo de agradecer— al lector de poesía. El texto de Juan Panero, inédito desde la edición de 1986, también a cargo del CEAMM, se nos presenta desnudo de notas y aclaraciones críticas, a la espera del mero goce de la lectura. Estas, en cambio, figuran en una sección final de indudable interés. Cada uno de los poemas, en efecto, tiene su correspondiente nota crítica —donde Sergio Santiago fija el texto con un rigor y precisión no siempre presentes en las ediciones más autorizadas—, así como un comentario en el que el editor desgrana fuentes, influencias e interpreta, en definitiva, desde una sensibilidad siempre fundamentada en la lectura atenta de los poemas y de las diferentes tradiciones que conjugan.

 

Asimismo, acompaña la edición un nutrido «Estudio crítico» (algo más de ochenta páginas) que no se limita a la exégesis del poemario en que centra su atención, sino que proyecta las conclusiones particulares derivadas del estudio científico de la obra de Juan Panero hacia toda una promoción de escritores y toda una época de la literatura española; a partir, por ejemplo, del análisis en el poemario del símbolo de la nieve y el motivo de la amada muerta, en la base, como demuestra atinadamente el crítico, de obras posteriores: La casa encendida, de Luis Rosales, libro capital de la posguerra, como ejemplo preclaro. De este modo, Santiago ha hecho una aportación notable al debate crítico acerca de la ruptura o la continuidad de la poesía de posguerra respecto de la rica tradición de los años 20 y 30. Los versos de Juan Panero se vuelven, en este sentido, esenciales, en cuanto que reflejan «el impasse entre las tendencias de vanguardia que había heredado de la poesía del 27 y de Neruda y aquellas otras que prefiguran los grandes poemarios de posguerra» (p. 81).

 

Todo ello, además, complementado con una rica lectura intertextual que conjuga nombres tan variados como Novalis —Enrique de Ofterdingen es estudiado como hipotexto narrativo de todo el poemario—, T. S. Eliot y toda la herencia de poetas de los ciclos de regeneración, o Pablo Neruda y su versículo whitmaniano de imaginación desbordante. Destaca por encima de todas estas presencias, sin embargo, la de Nietzsche, filósofo a cuya influencia en la tradición hispánica Santiago ha venido dedicando numerosos trabajos de referencia. Así, el último apartado del estudio, «El vitalismo trágico de Juan Panero», además de un documentado rastreo de fuentes nietzscheanas en Juan Panero, se erige como una suerte de poética generacional que posibilitará, sin duda, nuevas lecturas, por ejemplo, de la obra de Leopoldo Panero y Luis Rosales.

 

Sergio Santiago, en definitiva, ha sabido revalorizar la obra de un poeta que fue fundamental para la primera posguerra, pero que la deriva siempre arbitraria de la historia literaria había relegado a un papel secundario. Así, esta edición moderna de los Cantos del ofrecimiento está llamada a ser, no solo una referencia crítica fundamental para los próximos estudios sobre poesía contemporánea, sino, principalmente, un acto de justicia poética que restituye para los lectores algunos de los versos mejores de nuestra tradición reciente.

 

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