Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/06/2018
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Mercedes G. Rojo
3/04/2018

Luces y sombras de Concha Espina, la Nobel que nunca pudo ser, en Astorga

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Lejos parecen haber quedado en Astorga aquellos años en que un nutrido grupo de mujeres, en representación de las distintas asociaciones femeninas de la ciudad, donde se daban cita todas las ideologías y todas las sensibilidades, se reunían para honrar –en torno al 8 de marzo- la figura de una mujer señera a lo largo de la Historia, como modelo para hoy y para el futuro de lo que cada una de nosotras, como féminas pero ante todo como personas, somos capaces de alcanzar. Era una forma de salvar su memoria del olvido al que tantas veces las somete la sociedad del momento y la historia que llega detrás, y de gritarle al mundo, aunque fuera al mundo chiquito de nuestra ciudad, que ellas y sus logros están ahí, para nosotras y para el mundo en general, que en ellas podemos apoyarnos e impulsarnos para seguir creciendo;  y que son los pilares en los que se sustenta nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.  Por encima de ideologías y de circunstancias particulares fueron/son mujeres que se hicieron a sí mismas, que alcanzaron metas muy importantes para la sociedad y que, en muchas ocasiones, supusieron un apoyo muy especial para mejorar la existencia de otras mujeres.

 

Durante cerca de 30 años esa nómina dio visibilidad a mujeres de todas las épocas, de todas las ideologías y de todas las áreas, propuestas por otras mujeres que decidían su idoneidad para dar a conocer, al resto de la población femenina de Astorga y a cuantos hombres querían acompañarlas, las aportaciones que en su momento hicieron a la sociedad, en un proceso de justicia histórica. Hoy, tras haber finalizado un marzo de 2018 totalmente anodino en esta materia,  quiero volver a rescatar para el público en general a varias de esas mujeres homenajeadas en su momento desde la propuesta de unas apoyada por el respaldo de las otras. Y como el número para escoger no era pequeño me he decidió finalmente, a pocos meses de la última entrega de Premios Nobel -una edición en la que no había representación femenina alguna en ninguno de los campos-, por realizar una personal semblanza de las que, ligadas precisamente a estos galardones, han estado unidas a esas Semanas de la Mujer primero, Marzos en Femenino después, que tantas astorganas compartimos; momentos donde de principio a fin las verdaderas protagonistas eran las mujeres de esta ciudad y de las comarcas circundantes.

 

Cuatro han sido las nobeles que, de manera destacada, han pasado por nuestras tierras a través de las distintas actividades propuestas, tanto en marzo como en otras épocas del año. En realidad tres y una más que pudo haber sido y no fue, precisamente por la falta de apoyo de la RAE, el único voto que le faltó para alcanzar el galardón al que había sido propuesta por uno de los miembros de la Academia sueca. Por ella, por Concha Espina, comenzaremos un recorrido que nos llevará por los caminos de nobeles de Literatura, de Fisiología o Medicina y de la Paz. Además de a ella daremos luz en estos reportajes a Wangari Maathai (Nobel de la Paz, 2004), a Rita Levi (Nobel de Fisiología/Medicina, 1986) y a Wislawa Szymborska (Nobel de Literatura, 1996).  

 

Comencemos con Concha Espina (1869-1955). Después de muchos intentos fallidos, pues eran muchas las reticencias que sobre ella tenían algunas astorganas al considerar que su novela La esfinge maragata dejaba en mal lugar a las mujeres de dicha comarca, finalmente, en 2014, coincidiendo con el centenario de la publicación de dicha obra, se decidió entre todas que había llegado el momento de darle una nueva oportunidad, y se la eligió como figura de referencia para el mes de marzo. A través de dicha decisión pudimos disfrutar de la presencia de diversas personalidades del panorama  cultural, tanto local como nacional, que trataron de dar luz a una figura que la propia historia lleva años manteniendo años en la sombra, con la connivencia de quienes no perdonan en ella un pecado que sí han perdonado a otros compañeros de su época que pasaron por el mismo, el de ser afines al régimen, anteponiendo unas circunstancias totalmente personales al mérito de su obra.  Ponentes como Anna Caballé, Rogelio Blanco, José Manuel Sutil, Martín Martínez  e incluso su nieta la actriz Carmen de la Maza, abordaron diversos aspectos de su vida y obra, con especial detenimiento en La esfinge maragata, que nos proporcionaron una visión muy diferente de ella acercándonos al verdadero sentido de la novela por un lado y a su sugestiva personalidad por otro. Y como unas cosas llevan a otras pronto descubriríamos a Juan Carlos León Brázquez, profundo conocedor de su vida y obras a las que llegó a través de su pasión bibliófila; y el homenaje se prolongó en Astorga un año más, contando  con su presencia para compartir una sugerente exposición de primeras ediciones de su novela y ejemplares editados a lo largo y ancho del panorama internacional junto a otros objetos curiosos ligados a la autora,  además de para impartir una serie de conferencias a distintos públicos con el fin de acercarnos muchos aspectos de esta insigne escritora. Escuchándolo en todas y cada una de ellas, manteniendo también con él muchas horas de conversación, fui descubriendo interesantes detalles de Concha Espina que despertaron mi curiosidad por su vida y por su obra, curiosidad que al intentar ir cubriendo me hacía reafirmarme cada vez más en la sensación de tremenda injusticia que la historia ha cometido con quien – según todos los datos – fue una de las representantes más insignes de lo que se ha dado en llamar Edad de Plata de nuestras letras y en la que se incluyen generaciones como la del 98, la del 14 o la del 27, de las que fue coetánea y con algunos de cuyos representantes mantuvo estrecha relación. Y para avalar las afirmaciones realizadas hasta el momento paso a referir algunos de esos méritos, que espero inciten al público lector  a averiguar más sobre ella y a conocer más de cerca el resto de su vastísima obra.

 

 

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Concha ESPINA, nacida el 15 de abril de 1869, en el pueblecito santanderino de Mazcuerras (Luzmela desde 1940, en honor a su obra La niña de Luzmela), fue y sigue siendo, una de esas escritoras universales con quienes mantenemos una deuda pues, a pesar de lo que significó en su momento, sigue habiendo un auténtico desconocimiento en torno a su persona y a su obra. Su conexión con Astorga nos llega, fundamentalmente,  a través de dos de sus obras pero fue tal la repercusión obtenida, especialmente con La esfinge maragata, novela que aún se conserva como herencia en muchas casas leonesas, que seguramente haya sido la causa fundamental de que aún hoy muchas personas sigan creyendo que Concha era leonesa, como así lo he oído apuntar a  más de una. No voy a centrarme en este artículo ni en ella ni en la otra obra que la une a nuestra ciudad, Princesas del martirio (1940), pues de ellas ya han hablado mucho otros estudiosos que han publicado sus trabajos en este y otros medios.  Quiero centrarme en dar un repaso a su perfil literario, ese que desde luego la hace merecedora de situarse junto al resto de sus compañeros en la historia de nuestra literatura, perfil que la marcó ya desde niña -momento en el que escribir se convirtió ya en su pasión- y que con el tiempo acabaría convirtiéndola en una escritora muy prolífica, además de galardonada, eso sin contar con el reconocimiento internacional conseguido, principalmente antes de la incivil Guerra Española. En  1914 recibiría el Premio Fastenrath de novela (el equivalente al actual Premio Nacional) por su obra La esfinge maragata. En 1916, su obra El Jayón, recibe el Premio de Teatro Espinosa y Cortina de la Real Academia Española. En 1924 la Real Academia de la Lengua vuelve a galardonarla con el Premio Castillo de Chirel por su obra Tierras de Aquilón. En 1927 obtiene el, ya entonces, Premio Nacional de Literatura por Altar mayor; y en 1950 recibirá el Premio Miguel de Cervantes de Periodismo,  por  Un valle en el mar. Además, será propuesta por tres veces consecutivas para el Nobel de Literatura, una de ellas,  en 1927, quedando a un voto de conseguirlo, aunque las nominaciones a lo largo de su vida serían de hasta veinticinco propuestas desde diversas instituciones y personalidades de países como Estados Unidos, Francia, Chile, Colombia, Checoslovaquia, Italia, Suecia y la propia España. También en 1927 obtendrá, dentro de los reconocimientos externos,  la Rosa de Oro de la Hispanic Society. Todo ello dentro de una prolífica obra que comprende cuentos y relatos, novela, poesía, biografías, teatro, artículos periodísticos, ensayos… 

 

Además, varias de sus novelas fueron llevadas al cine, en España y fuera de ella, y una de sus obras teatrales fue convertida en una ópera que se estrenaría en Río de Janeiro. También sería colaboradora de varios periódicos tanto españoles como argentinos, de diferente e incluso contradictoria tendencia ideológica,  y si bien es cierto que algunas de las obras que escribió durante los primeros años de la dictadura  cambiaron su tono hacia una literatura a favor del Régimen, gran parte de las mismas (y entre ellas casi en su totalidad las galardonadas) fueron escritas antes del periodo franquista, lo que debería hacerla poco o nada sospechosa, por ejemplo,  de haberlos recibido por afinidad al régimen. Pero serían precisamente esas obras consideradas por muchos como propagandísticas de los ‘valores’ de la Dictadura el gran pecado que esta aún cerrada y machista sociedad nuestra, no ha conseguido perdonarle todavía a Concha Espina. El  mismo pecado que también cometieron otros escritores de la época, algunos de ellos muy conocidos por estas tierras nuestras, que si no tuvieron tiempo de redimirse por ellos mismos de la culpa de haber escrito de forma muy próxima a los ideales del franquismo si encontraron a quienes lo han hecho y lo siguen haciendo por ellos. Seguramente en esta falta de perdón de determinadas mentes de cortas miras ha pesado en gran medida el hecho de que, por contra al resto de personajes, Concha Espina era mujer, y además una mujer adelantada a su tiempo y por tanto clara e inevitablemente incomprendida. Otro argumento esgrimido para su olvido es que el éxito del que gozó en su momento se debió a que su público era fundamentalmente femenino, lo que indica el menosprecio con el que ciertos hombres siguen teniendo por el interés cultural de las mujeres a las que, según esto, considerarían incapaces de interesarse por la literatura de calidad. Sin embargo, estos argumentos son fácilmente desmontables porque si verdaderamente su obra no gozase de calidad suficiente habríamos de preguntarnos:

 

  • cómo es posible que la Real Academia de la Lengua española, tan estricta para sus cosas, premiara tan reiteradamente su obra con los mayores galardones del momento; o que fuera nominada tan repetidamente y desde tan diferentes puntos a los Nobel.

 

  • por qué tuvo tanta trascendencia tanto dentro como fuera de nuestras fronteras siendo su obra traducida y editada en tan variopintos países, en un momento en que los medios de comunicación tenían un escaso alcance

 

  • cómo es que  las universidades estadounidenses la reclamaron  una y otra vez para impartir en ellas cursos y conferencias

 

  • o, más anecdóticamente aunque no por ello menos contundente, cómo es que de una de sus novelas, Altar Mayor, se vendieran más de 23.000 ejemplares en solo dos años, repartidos en tres ediciones de las veinte que se llegarían a hacer, y eso en una época en la que el analfabetismo entre la población española estaba muy extendido y aún más entre las mujeres.

 

 

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¿No son demasiadas contradicciones? Desde luego a mí, todos estos datos, a medida que los  iba  descubriendo, me propiciaron un cada vez mayor sentido de la curiosidad que me ha ido acercando cada vez más a su obra. Y  como consecuencia de este proceso de acercamiento a Concha Espina, esa inquietud que surgió en Astorga en un periodo comprendido entre los correspondientes meses de marzo de 2014 y 2015 (centenario, recordemos,  de que La esfinge maragata recibiría el Premio Fastenrath) se ha trasladado al presente a través de un nuevo proyecto  surgido en León – bajo el título genérico de ‘Rescatando a Concha Espina’ – en torno a la implicación de cerca de cien mujeres relacionadas directamente tanto con la literatura como con el resto de las artes, plásticas o escénicas, y que se ha materializado en una serie de actos puntuales y efímeros  pero también en la edición de una antología de textos a ella dedicados por 27 escritoras leonesas y a una exposición itinerante que durante un año recorrerá diversos puntos de la provincia.

 

Lo mejor de todo es que a través de esta visibilización, de la recuperación de una figura tan importante en nuestra Edad de Plata, que merecería estar en los libros tanto o más que sus compañeros hombres, hemos conseguido demostrar que hay figuras como la suya, que hay obras, que son capaces de perdurar en el tiempo y de aunar el interés de diferentes generaciones de mujeres, de creadoras en este caso, que han sabido reinterpretar un legado vital y literario que es importante recuperar porque a través del mismo el pasado nos habla y nos permite sentar unas interesantes bases tanto para el día de hoy como para el futuro. Y por esos derroteros seguirá transitando nuestro empeño.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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