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Ángel Alonso
6/04/2018

Una visión leonesa y gastronómica del Quijote llega a Madrid

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Desde Astorga llegó a Madrid. Tomás Álvarez, veterano periodista leonés y caminante por las aventureras y venturosas rutas del mundo, presentó en la capital su última obra 'Cosas de la Bucólica. La Gastronomía en El Quijote', con un punto de partida central en la constatación de que los yantares descritos profusamente en la universal novela, se han enclaustrado exclusivamente en La Mancha, cuando sus orígenes están en regiones de casi toda España.

 

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En este acto de confirmación de alternativa literaria intervino el autor, mientras la presentación corrió a cargo del escritor y académico leonés José María Merino, que glosó como 'elementos de la bucólica' cuatro apartados: los productos, en los que se citan hasta más de cien referencias; los preparados culinarios, con 34 condumios; los utensilios de cocina y de comedor, que contabilizan 32 ejemplos, a los que se suman 69 refranes y proverbios. Todos ellos contenidos en El Quijote cervantino.


Álvarez y Merino subrayaron, en coincidente lectura, cómo la universal novela de Cervantes retrata la dualidad Quijote- Sancho, no solo desde la contraposición idealismo/pragmatismo. El mundo de la gastronomía coloca al caballero como una figura  ”más cercana al anacoreta que al sibarita”, mientras el escudero es el fiel retrato de un golosón "poseído por la gula y las comilonas”, señaló Merino.

 

 

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El escritor reiteró que el asunto central de su libro es la cocina, pero revela que Cervantes no tiene una versión concreta de los parajes por los que trota a lomos de  Rocinante. “Los territorios de Don Quijote no se ajustan a una geografía”. Y, para aclarar dudas, señala que el paisaje fértil en arboledas y praderas, descrito en el capítulo de Las Bodas de Camacho, no se ajusta a los microclimas de La Mancha, sino, más bien, a la Sanabria zamorana.


Álvarez, natural de la localidad cepedana de Villamejil, evocó su primer encuentro con El Quijote a los seis años, en las lecturas colectivas en voz alta y cantarina, que se hacían en la escuela rural. “Ahí – indicó – me acostumbré a aquel lenguaje y, a medida que profundizaba en su lectura y relectura, iba encontrando nuevas emociones e interpretaciones”. 


Esa alusión a la misión enseñante en los pueblos pequeños de España, sirvió a Álvarez de argumento para proclamar  un homenaje a esos maestros que “ponían todo el corazón en la educación de los niños” y que, sirvieron, en el caso de León, para aportar tantos y tan significativos nombres de peso a la cultura española.

     
Tomás Álvarez aludió  a colaboradores de su libro. El pintor Sendo, que ha aportado unas ilustraciones,  calificadas de "rompedoras", y que “engrandecen el libro”. El recuerdo al crítico, miembro de la Academia de Gastronomía y compañero en las tareas informativas de la agencia EFE Cristino Álvarez, conocido, en sus didácticas y socarronas crónicas sobre la cuestión, como 'Caius Apicius', recientemente fallecido.


Merino apuntó que un complemento indispensable a la gastronomía quijotesca lo forman las posadas y ventas que acogieron a Alonso Quijano y a Sancho Panza en los reposos de sus andanzas, y en las que se pone de manifiesto la picaresca de ese tiempo con las sacras cosas del comer y del beber.
                                                                                                                                                           

 

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