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Eloy Rubio Carro
8/04/2018

Confiado: Elogio de la lentitud

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J. A. González Iglesias pasó por Astorga para presentar su obra en 'Tardes de Autor', dejó la miel en los labios, y en el Club de Lectura Marcelo Macías se aprovechó para leer una antología de sus poemas y algunos textos del último de sus libros: 'Confiado'

 

J. A. González Iglesias; Confiado. Colección Visor de Poesía. Madrid, 2015

 

 

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Seguramente en este poemario se expresa una gran confianza en el resolver humano, una postura optimista de que el mundo mestizo en el que nos encontramos va a poder retomar aquellos modos de vida que si pudieron ser minoritarios eran más proclives a la felicidad.

 

El poemario comienza con el escrito ‘Homo matinalis’, un poema como muchos otros revelador en su microcosmos de lo que será la totalidad del libro. Así en este y en otros poemas se ensaya en la propia expresión poética lo que el libro propone como forma de vida.

 

Por ello es interesante detenerse en este primer poema.

 

El mestizaje o la fusión de lo griego con una actualidad tan ‘a la page’ que, quién no esté en la onda, habrá de preguntar por el significado de ciertas palabras:

“Media hora de ‘Snorkel’ equivale /  a la inmortalidad. Entra  en el mar /  con la memoria del nadador griego /  que en su policromía se zambulle /  desnudo y confiado.” (15).

 

Enseguida los vínculos rotos con la cultura antigua, con la naturaleza, se rehacen; se retoma el tiempo de la lentitud desde este deporte acuático tan de actualidad; un tiempo, el de la lentitud, según Maffei, inherente al control que ejerce el individuo sobre su propia vida, a sus elecciones, un tiempo producto de la evolución cultural.

 

Vemos que esa religación no es la distancia que realza el amor, sino una conversión de “(...)  el hombre /  matinal en un mundo matinal”, en un pez silencioso  que roza “(...)  la piel de la arena con la mano.” “Toco El planeta Tierra bajo el agua (...)”,  y se traslada a cualquier punto del cosmos, aquí mismo, en sincronía con él, en un Aleph sensorial unitivo. Todavía hay esa distancia y, aunque en sincronía, la fusión todavía no: “Soy elemento, avanzo lentamente /  dentro de lo que avanza lentamente.”

 

Está fusión que en este primer poema es cósmica, en otros puede ser más parcial, aunque a la postre lleve a una renovación de la conciencia. Por ejemplo en ‘Siesta en Cannaregio’ (75), el último de los poemas de ‘Confiado’, la fusión se produce entre los amantes, pero está sincronía de dos se vuelve cronómetro que reestablece la armonía del universo.

 

El poema tiende a la unidad, a la calma, a la rutina, en una suerte de epicureísmo. Una unidad cósmica como si el intelecto mismo se corporeizara  en total conmixtión: “No distingo la piel del intelecto” dice, y llega a sentir lo que siente ese animal único que es el cosmos, de ahí esa desnudez y confianza en el mundo sin reparos ni ambages. (Una desnudez de uno mismo y ante uno mismo). En esta posición se revalorizan todas las cosas, los detalles, los reflejos y ecos que vibran a la par del mundo, son el mundo. En (19) ‘Ha brotado la parra verde y roja’  se dibuja el triunfo de la naturaleza sobre las geometrías artificiosas de lo urbano. Esa parra, verde y roja “dibuja arterias sobre las aristas /  del hormigón, y pinta verdaderas /  hojas de acanto por la arquitectura”.

 

 

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Estás sincronías que son reflejo de la unidad del mundo destellan como un caleidoscopio en unos cuantos poemas a lo largo de este libro.

 

‘Un  vaso de agua’ (30) poema donde la ofrenda de agua fría al visitante resume un modo de ser común a dos pueblos enemistados, judíos y palestinos. Pero  también en ‘La  maravilla lleva aparejado’ (29) se nos acerca al valor real de las cosas, en una invitación a mirar la maravilla/sacrificio de una realidad despojada: la de un “hombre matinal en un mundo matinal”. En la misma onda (con el mismo registro)  podemos leer ’Libérame del reino de la cantidad” (32) qué junto con ‘Quienes se oponen a las modas’ (51)  o  ‘A la buena de Dios’ (62) efectúan una crítica del mundo acelerado y de las servidumbres de las redes sociales y de las dependencias de la tecnología, de los códigos de barras, de las claves alfanuméricas… “Llévame a mí tiempo, a la época del agua. / Deja  que me descalce sobre el Prado. /Déjame  ser el último cualitativo.”

 

En (51) ‘Quienes se oponen obstinadamente’ insiste en la bondad de esa resistencia, de esa renuncia de algunos idealistas de fuste a la presión social, a las modas que salvará a esa humanidad de lo efímero. Como decía otro poeta Dios llora en los hombros de esos emboscados el dolor del universo, “Las flechas que le clavan los hombres.” Y así se salvan.

 

En (62)  ‘A la buena de Dios’, somos artificio de un Dios como el de Geulincx o de Malebranche, pero en unión directa, agustiniana e inmediata (Dios está en nosotros) con todo lo otro que satisface la visión de todas las cosas y resquebraja el dualismo: “(...)  lo concreto /  es nuestra meta. Levantarnos ya / y salir a la calle sin dinero /  sin documentos, sin complejas claves /  electrónicas. No  sabemos cómo / quedará cada nudo desatado.”

 

Viene entonces la incitación horaciana: “Carpe diem, nec minimum credola postero.” Entendida como amor a la vida o la alegría de vivir enemiga del momento tecnológico de dilapidación del mundo. 

 

Llegados  a este ascetismo, epicúreo y/o estoico, entraríamos en la siguiente morada, donde el breve crujido de una manzana en la boca es delicia al oído imponiéndose sobre el tráfago urbano; un sonido prístino originario del paraíso que volverá a oírse tras la renuncia a la esclavitud y en la confianza entonces adquirida.

 

El amor es otro tema importante. El amor entendido como pertenencia a lo mismo, como perseverar en el ser mismo, en el mismo ser, algo más que una autoconciencia. Pero también el amor más habitual, el enamoramiento y admiración por algún otro. Así hay algunos poemas de corte homoerótico que nos llevan hasta Calimaco, aunque su influencia más manifiesta sea la latina.

 

El amor viene amparado por una divinidad que parece mirar para otro lado, si es que tenemos en cuenta a ese Dios epicúreo, y sin embargo: “Dios quiere que esta noche haya amor para todos” (21). En esa noche cunden todas las variantes del amor y del sexo. Estos poemas abordan un tema eterno en un lenguaje muy actual, de argot juvenil, que también apreciamos en ‘Estamos en gayumbos delante del espejo’ (38), dónde escribe el amor sin aspavientos hasta la ‘unio’, hasta esa expresión de amor que derriba barreras y estatus sociales.

 

O también en (62) ‘A  la buena de Dios’ donde el oráculo se manifiesta en los grafitis urbanos en un lenguaje críptico que funde los opuestos. La libertad total en la confianza de que alguien cuide de todo.

 

 

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Otro de los temas recurrentes es el elogio de la sencillez. Rebuscando en el ‘Beatus ille’, podríamos remontarnos hasta Arquiloco, pero la fuente en este caso parece ser Horacio.

 

Así, en la ‘Oda  a un objeto sencillo’ (25)

 

La desarmonía entre el progreso de las técnicas y su metabolización se hace patente también en (62). “Sonreír o silbar mientras formemos / parte de esto. Deambular por esta / pradera que llamamos vida, incautos / mejor qué precavidos, desarmados, /  sin hacer planes inservibles. Ir / a la buena de Dios. No me parece / que haya mejor manera de decirlo.”  O en (26) ‘Benditos los ignotos: “ (...) Net /  es para ellos malla /  que detiene la plata de los peces(...)” O en (28) ‘Vivre d`amour o de l`eau fraîche’, o, en fin, en el (32) ‘Libérame del reino de la cantidad’, Una especie de bienaventuranzas idóneas para el momento actual.

 

Estos versos son con frecuencia prosaicos, como señalando la poesía de la prosa, la poesía del mundo, invisibilizada en lo pequeño. Así el ‘ready made’ encontrado en una enciclopedia de geografía e historia (36) ‘Nuestra península’. Este proceso depurativo conlleva también renuncia y sacrificio. Así  en (29) ‘La maravilla lleva aparejado’ o en (39) ‘Inesperadamente’. Conlleva el rechazo de la vía de las máscaras que habría de cumplimentar  tras grande angustia.

 

Esta posición va a la contra, siendo inclusiva, pretendiendo la incorporación de todo y de todos. Duele por ello señalarse de la multitud en actos que la contrarían y sobre todo esa distinción subjetiva (el yo poético) que se para a mirarlo todo (con santa inocencia) y que las cosas tomen conciencia. Léase (44) ‘Estación de Austerlitz’, o (47) `Bona fides’: “(...) ¿Puedes Contarnos / cómo era el mundo antes de que todos / sospechasen de todos? No  te olvides / de los que guardan tu sagrado fuego.” Surge entonces una especie de comunidad universal entre quiénes fatigan el camino de esa liberación, siendo contrapeso al desequilibrio de la humanidad. Los pilares que mantienen la firmeza entre tanto este desorden... (49) ‘Escucho El agua dura’, o en (51) ‘Quiénes  se oponen obstinadamente’. En fin, menudean los poemas de loa a lo pequeño, a lo cotidiano, a la par que llora por el paso lento y rápido del tiempo.

 

‘Confiado’ (68)  es un poema homónimo del título del libro, un canto a la esperanza a pesar del vaivén de los tiempos. También en ‘Confiado’ se percibe un homenaje al lenguaje como vehículo no contaminante para viajar tan lejos como se quisiera: ‘Uno  de mis amigos vive en un loft del Soho’ (74).

 

 

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En ‘Un  poema es mejor que Google Maps’ (72) se concentra parte de lo que hemos argumentado. Un poema isomorfo con el mundo. Ya la comparación es inesperada y engarza con la crítica que se ha venido haciendo a la aceleración y al estrés cotidiano, a ese imperio de la cantidad que desdeña el recorrido, la vivencia. Unos amigos buscan la casa veneciana donde vivió Ezra Pound “fingiendo no estar loco y no estar cuerdo”. Prefieren buscarla a través de las señas de ’Los cantos pisanos’ de Pound: “Me senté en los escalones de la Dogana / porque las góndolas estaban carísimas aquel año, / y no había ‘chicas de esas’,  solo había un rostro, (...)”.  Del Buzón de la casa donde vivía Ezra Pound “Sobresale un policromo folleto / con las ofertas de un hipermercado / (...) Nos parece un cuaderno literario, /  edición no venal, raro tesoro (...) A una sola palabra hemos llegado / un poema es mejor que Google Earth. La callejuela / con macetas, el agua verdeante, / el lugar en el mundo, en este encuentro /  con Ezra Pound. ” (73)

 

El amor, en este poemario, concentra toda la belleza del mundo, (75) ‘Siesta en Cannaregio’ enlaza por medio del amor con la unidad cósmica “(… ) esa confianza /  de cada uno en el otro está fundada / en la respiración del universo.”

 

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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