Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/07/2018
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Mercedes Unzeta Gullón
13/04/2018

¡¡Vergüenza!!

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¡Qué vergüenza!  Terrible vergüenza, mucha vergüenza, infinita vergüenza, dolorosa vergüenza por tanta desvergüenza, tanto impudor, tanto atrevimiento, tanta indignidad, tanto cinismo, tanta inmoralidad, tanta humillación a la inteligencia.

 

Una señora que abandera la ‘regeneración’ mientras sube escalones políticos con la ilícita ayuda de los amigos y falsea sus logros académicos. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, reza un refrán muy español y muy adecuado.

 

Una espiral de bochornosas mentiras defendidas públicamente con el descaro de la impunidad y, para colmo del cinismo, haciendo alarde de esas mentiras.

 

Un: “aunque me hayan pillado con miles de pruebas irrefutables yo me lo paso por el forro y sigo en mis trece”. Mentir hasta la muerte (una consigna que parece que aplican muchos políticos)

 

¡Qué terrible vergüenza!

 

Unos multitudinarios aplausos a la resistencia en las mentiras como respaldo público.

 

Un sublime desprecio por los atónitos ciudadanos a los que dice que representa.

 

¡Qué sombría vergüenza!

 

Una Universidad funcionando como expendedora de pomposos títulos a sus amiguetes. Y, además, esos títulos falsos están subvencionados, pagados, avalados con dinero público. Veremos todavía muchos más falsos alardes académicos, seguro.

 

Una amarga vergüenza de tanta desvergüenza.

 

Otros títulos con pomposos nombres como el que enseña orgulloso el político Casado: DGP de la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, que en realidad consistió en un cursillo de cuatro días en Aravaca, Madrid. Ahhh, habría que recordar, y tener en cuenta, de vez en cuando algo que nos advierte otro sabio refrán español: “No es oro todo lo que reluce”. El tema de ese Master, tan solemne, era bastante prosaico: Estrategias de liderazgo. Eso me da que pensar. Ay mi cabeza, qué pesada con tanto pensar. Pero piensa, y piensa  que ¿no sería más adecuado para un político que hace un curso, aunque sea de cuatro días y todavía no se sabe si pagado por todos nosotros, que sea para aprender cosas para el bien común, cómo organizar el tema de pensiones, por ejemplo, o cómo gerenciar mejor la economía del país, en lugar de aprender las astucias más interesantes para hacerse líder, para sentirse el Master del Universo? Aquí hay un planteamiento que chirría. Yo, mí, me conmigo, y luego… todo lo demás.

 

La mentira está  instalada como norma de vivir, sobrevivir, escalar, asentarse e inmutarse. Es aterradoramente vergonzoso. Y más vergonzoso es ver que los altos cargos en lugar de razonar talentosamente sus posturas combatidas optan por una pueril defensa tratando de desprestigiar al contrario de una manera tan insubstancial que a cualquier inteligencia, por pequeña que sea, ha de resultar una actitud ignominiosa. Mucho peor que el comportamiento infaltil de un patio de colegio. Hay un portavoz del gobierno, Rafael Hernando, que es el rey del patio utilizando esta táctica. ¿Cómo puede ser portavoz de un partido político que se precie un personaje con encantos tan escasos y con razonamientos tan minúsculos? Me crujen mis entendederas. Me da vergüenza ajena.

 

Estamos viviendo en un auténtico teatro donde algunos actores son muy buenos en la interpretación de su papel y otros muy malos, pero todos se aferran al escenario para que no se acabe la función, aunque parece que los decorados empiezan a tambalearse. ¿Se acabará la función pronto? Qué así sea.

 

O tempora, o mores

 

 

 

 

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