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Aidan Mcnamara
14/04/2018

Pristina Simientes y tres fantasías

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La gran (y casi) noble ironía que subyace al derecho (la jurisprudencia) es que es un conjunto de normas -las famosas reglas del juego- que admite interpretaciones y matices. Hay, a la vez, solidez y porosidad. El espíritu y la letra, etc. La democracia es problemática, pero no imposible. Como nosotros, los seres humanos.

 

Popularmente se piensa que una mentira es un asunto más maniqueo que interpretar un conjunto de preceptos. Pero para los que tenemos más diccionarios que coches, la mentira también es una zona gris. Hay mentiras obvias, casi físicas, palpables: París es la capital de Mongolia; mentiras literarias, metafóricas: China es la fábrica del mundo; las mentiras piadosas: Abuelo, estás guapísimo; las mentiras ignorantes: la homeopatía;  las míticas: Dios tiene barba; las psicóticas: Dios me habla los martes; y por supuesto las políticas…que usted disfrute pensando en algunas. 

 

Mi primera fantasía sería conducir la tertulia televisada Sábado Deluxe en Telecinco, el gran baluarte de la intelectualidad española. Tema a debatir: Diferencias entre Sedición, Rebelión y Alta Traición. Se admite el uso de un smartphone, con la advertencia de que el traductor de Google falla muy a menudo. La parte fantástica de la fantasía es que el o la que sepa explicar bien estas ideas, teniendo en cuenta las diferencias y coincidencias entre el derecho español y alemán, se encargue del puesto de Rector de la Universidad Rey Juan Carlos durante un año académico. Puede considerarse un premio. O un castigo…no quiero mentir.

 

La segunda fantasía es que la infanta Leonor tome el té con los altos representantes de los ultras de Barcelona y Madrid en presencia de su madre, su abuela y Jiménez Losantos. (Y mientras tanto, que el emérito vaya a cazar una silla de ruedas en el Pazo de Meirás). 

 

La tercera (que es más sueño que fantasía): que todos los profesores, concejales y periodistas del Estado manden una postal (no cabe la información en un tuit) a sus hijos o sobrinos mayores de once años explicándoles claramente las definiciones de los siguientes términos: cohecho, malversación y prevaricación.

 

La realidad es que, si usted se deja caer por su taberna preferida mañana, no va a encontrar respuestas claras, estables, para ninguno de estos términos: la corrupción también se nutre de la ignorancia. Y un máster, ¿qué es? Antes se llamaba suficiencia investigadora. Quizá sea una expresión rimbombante, pero su cometido era guiar a los licenciados hacia la tesis doctoral. Era un paso. Y no una cosa para enmarcar y colgar en el despacho.


 
Ahora, gracias a la UE -mediante el Proceso de Bolonia- y según la RAE, un máster significa maestría (curso y título de posgrado). Del ingl. master, y este del lat. magister 'maestro'. 

 

El término máster en Estados Unidos (en la UE seguimos siendo unos copiones) suele significar que has pagado mucho dinero para evitarte el estorbo de pensar…  en vez de demostrar que estás ya preparado para investigar en algún campo académico determinado.

 

Incluso los he visto anunciados hasta para hacer permanentes. Supongo que el grado consiste en cortar y lavar. Ah, perdón, sería cortar y pegar. Y luego, sí, el posgrado sería cursar y perder documentación ¡Vaya! Cifuentes debe de ser doctora - tiene el pelo teñido. 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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