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Astorga Redacción
15/04/2018

Panero en voz alta: Unamuno

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Existe un extenso trabajo divulgador de Panero sobre el ‘paisaje salmantino en la poesía de Unamuno’. El crítico poeta astorgano escoge un poema esencial y lo analiza, pero hasta llegar a él nos habla del peregrinaje y visionarismo de los paisajes adscritos por Don Miguel en sus libros en prosa. Pero aún estos libros de gozosa y beatífica visión se llenan de consideraciones y polémicas, por lo que la esquividad unamuniana casi nunca es plenamente soledosa, ya que se llena de ‘cólera española’, rudeza y reciedumbre en "prosa escueta y naturalísima". Por insumisión y rebeldía frente a todo género literario, rasgo esencial de su personalidad "compleja y fortísima", Unamuno “desborda la mayor parte de las veces los límites estrictos de la visión y la intensidad lírica de su contacto con la naturaleza".

 

Lo mismo se introduce como personaje en sus novelas, y contradice sus entes de ficción. Hace lo que quiere y lo que quiere en esta ocasión es que ni siquiera el paisaje sea "cercén de su libertad", por lo que aparece teñido de "animo quijotesco", de "acento dialéctico y reciamente personal en todo lo que veía y soñaba". Así puede, ha podido decir :"El propósito estético no es nunca primordial en Unamuno, sino al revés. El no se propone hacer páginas de antología ni labrar su prosa como las celdillas de un panal, sino buscar un refrigerio a su espíritu en la íntima visión de la naturaleza". Barzonea, vaga Unamuno por la Armuña o por Gredos. Necesita esta paz para su "desazón espiritual". Pocos cómo él en su prosa, por contraste, nos transmiten "el encantamiento y beatitud de los paisajes de que gusta hablarnos en sus relatos y peregrinaciones".

 

 

De esta consideración genérica del paisaje unamuniano, pasa la prosa al verso, porque en su poesía lírica encontramos "esenciales visiones del paisaje, limpias y exentas, ceñidas a la hermosura de la contemplación en la inocencia de la mirada". Sigue una fácil y rotunda afirmación "Ningún poeta es menos parnasiano que él. Un verdadero poema parnasiano de Unamuno es inconcebible". El paisaje en su poesía lírica va a ser una "irrupción esencial, de la expresión esencial de su personalidad en el cántico y hermosura de la naturaleza que contempla”.

 

Toda la creación se consigue por medio del recuerdo "que todo lo trasforma en intimidad pura y que conserva y acrecienta la materia futura de que el tiempo nos hace", Unamuno conjuga el paisaje de manera muy personal porque lo "incorpora a la poesía:1o transfigura y llena de respiración de su alma: al verlo lo que le apetece es trascenderlo. Su paisaje es muchas veces puro paisaje metafísico, y eso, y aquí radica su grandeza, sin dejar de ser verdadero paisaje, sostenida visión de la hermosura natural del mundo".

 

 

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Panero baja inmediatamente a un caso. Analiza con sosiego  y despaciosidad la visión de Salamanca y de su agua en el poema ‘Hermosura’, de su primer libro ‘Poesías’. Es Salamanca al poniente, contemplada con el Tormes cercano, inmovilizado y divinizado, porque pierde lo figurativo y se convierte en simbólico y esencial, con el seno de Dios y la duda agónicamente unamuniana. Panero comenta que este es un "paisaje esencial" que pone en contacto a Dios y al misterio de belleza de la naturaleza, es una paisaje espiritualizado, lleno de "estremecimiento total" no solo sensible o sensibilizado sino unitario y perfecto en su naturaleza. Una recreación semejante de este paisaje la hizo en otro tiempo Fray Luis de León al principio de ‘Los nombres de Cristo’.

 

Panero ha visto otros muchos paisajes en la obra unamuniana. Le seduce el de su niñez bilbaíno al lado del Pagazarri, pero no son menos estremecedores e importantes otros paisajes unamunianos, desparramados por su obra: "Son las cumbres de Gredos, olorosas de cielo; las rocas como en pasmo y el silencio siempre nevado; las tierras de León, frías y recoletas en el riñón de España; la nieve en vilo y los tesos amoratados, donde pastura un puñado de ovejas míseras; la sabana de Extremadura, y antes y después de todo, paisaje de Vizcaya" Las claves de interpretación de los paisajes vizcaitarras son menos metafísicas, pero indiscutiblemente más tristes y humanas, más dramáticas y afectivas en la interpretación.

 

El paisaje salmantino en la poesía de Unamuno

El Español, 26 de diciembre de 1942

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