Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 21/05/2018
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Alberto R. Torices
6/05/2018

Años de mayor cuantía

Guardar en Mis Noticias.

Reproducimos el texto leído por Alberto R. Torices durante la presentación de 'Años de mayor cuantía´' (Eolas Ediciones), la nueva novela del escritor y poeta zamorano Tomás Sánchez Santiago, el pasado 26 de abril de 2018, en la buhardilla de la Biblioteca de Padre Isla, León

 

[Img #36748]

 

 

La aparición de cada nuevo libro de Tomás Sánchez Santiago supone un hito y una feliz parada y fonda en el camino que va uno haciendo como lector, como persona. Esto es siempre así pero aún más claro resulta en el caso de un libro como Años de mayor cuantía, que tanto tiene de «summa», de balance o repaso de lo andado y contado por su autor hasta el presente. Ninguno de los libros de Tomás es, desde luego, un libro más; todos son libros esenciales que caen como el fruto de la rama, cumplido ya el tiempo de su maduración. Pero de este se puede decir que es aún más esencial, más especial…

 

Años de mayor cuantía constituye un magno ejercicio de escritura que hibrida géneros, voces y tonos, para dar finalmente el retrato literario y vital del hombre y el autor que es Tomás Sánchez Santiago. Un autor también «impuro» que va y viene entre la poesía y la narrativa, entre memoria y fábula, desenvolviéndose a su aire, entrando y saliendo de esos casilleros que él convierte en puertas de vaivén por las que se deja no tanto ver como entrever, sin quererse compartimentar.

 

Continuación, o más bien culminación de una escritura muy personal que ya dio su memorable cosecha en Calle Feria, y que antes aún había mostrado sus mimbres [poesía y narrativa, memoria y fábula] en volúmenes como Para qué sirven los charcos, Los pormenores o La vida mitigada, de este libro se puede decir que es una novela pero también o sobre todo una colección de cuentos dispuestos en guirnalda, colgando uno tras otro del hilo común que tiende un narrador que recuerda, inventa o se apropia de las historias aquí reunidas. Cuentos o capítulos, como se quiera, que se podrían leer por separado aunque estén dispuestos de manera que cada uno termina depositándote suavemente en el umbral del siguiente, y es el impulso para dejarse caer por un nuevo tramo del tobogán. De uno u otro modo, entre todos van dando esa «summa», el 'total parcial' de este autor que aquí amplía sustanciosamente la colección de astillas (o el baile de virutas, por decirlo con sus propias palabras) de su vida y de su imaginación que viene siendo libro tras libro su obra. Así, cuento a cuento, capítulo a capítulo y libro a libro, va Tomás aproximándose, y aproximándonos, al 'total general' de la vida, obra y carácter de un hombre que vive y escribe en silencio, aorillado y a lo suyo, y que de cuando en cuando, como sin querer, sin hacerse notar apenas, nos deja sobre la mesa otra obra redonda y dorada, madura y llena de jugo. Igual que estratos sucesivos que se van sedimentando, cada uno cuenta una historia, la de un tiempo particular (los años infantiles, los años escolares…), pero entre todos cuentan otra historia más grande y admirable, la de este que ya quiere desaparecer otra vez… Desaparecer para seguir contando.

 

 

[Img #36744]

 

 

La escritura de Tomás es siempre, pero más claramente aquí, ejercicio de conocimiento y autoconocimiento. Él mismo ha dicho que en Años de mayor cuantía explica quién es y por qué es como es, cómo se fue formando el carácter y la sensibilidad, la mirada y el gusto, el pensamiento y el mapa emocional del hombre llamado Tomás Sánchez Santiago. En lo que parecían tiempos y sucesos menores, pero que al cabo resultaron ser «años de mayor cuantía», tuvieron lugar hechos y experiencias, descubrimientos, confidencias que dieron forma al molde en el que al fin fraguó un temperamento, una manera de ser y estar, de concebir el mundo y colocarse en él; un modo de relacionarse con los demás hombres y mujeres, con los muy vivos objetos y, muy especialmente, con ese sustrato nuclear del mundo que forman para Sánchez Santiago las palabras. Aquí se cuenta, nada más y nada menos, dónde y cómo nació el Tomás poeta, pero también se explica de dónde vienen, dónde y cómo nacieron la compasión, el extrañamiento, la desilusión; la importancia que en su curso vital ha tenido el azar; cuál ha sido la impronta que han dejado en él los dictados del miedo, las expectativas de la clase social, la nube cenicienta que cubría cuerpos y almas en aquel régimen del terror de cuyo nombre ya no nos queremos acordar.

 

Años de mayor cuantía da eso, nada menos que todo eso, pero es en realidad mucho más, pues como en toda gran obra, el retrato de un hombre y su mundo es aquí también retrato colectivo y escenario de un mundo en el que habitamos todos, sin excluir a los más jóvenes, si estamos de acuerdo en que aún hoy tiene vigor la inercia de nuestra triste historia reciente. Este hombre que aquí se muestra tiene, ya lo creo, una sensibilidad excepcional, una mirada que sabe deslizarse bajo la superficie de las apariencias, un talento de superdotado en el manejo de las palabras; pero también tiene mucho en común el españolito medio que más o menos somos todos, formado y deformado en la segunda mitad del siglo pasado, hundido en aquel estanque de oscuridad y sumisión y miedo que fue la España robada de Franco, y que hoy, en estos albores del nuevo milenio, sobrevive entre la indignación y el pesar, entre el triste acomodo y el puro asco que le inspira una actualidad que sobrelleva como buenamente puede.

 

 

[Img #36746]

 

 

 

Tomás obra aquí ese milagro, la cuadratura del círculo que consiste en hablar de todos cuando habla de sí mismo; en el dibujo que hace de su mundo (de su ciudad, su barrio, su calle, su casa), se refleja el nuestro, los nuestros, y en sus emociones revivimos también las propias, en la libre recreación de su memoria sale la nuestra también a flote. Lo personal, lo local, se muestra aquí compactado y cincelado como esfera capaz de reflejar lo colectivo y universal. Este miedo, esta compasión, esta obediencia, este azar, esta desilusión y, sí, también esta risa, son suyos, de acuerdo. Pero no son sólo suyos.

 

Yo admiro eso igual que admiro esta prosa libre y mestiza que fluye y salta según su impulso o capricho en el cauce de la página, que la desborda cuando quiere, y cuando quiere y porque quiere se transforma, muta y nos habla de otro modo, desde otro ángulo, con otra voz. Una prosa en la que se advierte algo como un íntimo espíritu lúdico o burlón, o acaso un íntimo desacomodo ante las formas preconcebidas de la escritura, y quizá por eso aparecen y desaparecen las sangrías, brotan saltos de línea de mayor o menor amplitud, o de pronto la narración se detiene para acoger otra narración o un poema, un cartel, un acertijo… Y todo ello profusamente salteado de hallazgos verbales que le dejan a uno suspendido y deslumbrado, atrapado como el insecto en la gota de ámbar, fascinado por esa línea en la que se nos da, en una imagen prístina y como al descuido, la solución de una compleja ecuación humana.

 

Esta libertad y este mestizaje dan también el pulso de una narración espaciosa y sin urgencia, articulada por una voz tranquila y meditativa, que reflexiona y divaga al tiempo que deslía la madeja de la historia; voz que se entretiene en el detalle o acogiendo más voces y cuentos dentro de cada cuento, y es gustosa de perderse por los márgenes del relato, de trabarse con lo que va surgiendo o sucediendo, desviándose para reencontrar más tarde el hilo, el camino en ese tupido bosque a que ha dado lugar la fusión de memoria y fábula, territorio flotante y sin contornos en el que este autor ha ido a perderse deliberadamente, quizá para al fin encontrarse y fundar el mundo propio, pero no exclusivo, de quien sabe que regresar al pasado es imposible, tan imposible como salir de él.

 

 

[Img #36745]

 

 

 

Es generosa la cosecha literaria que el lector se lleva tras inclinarse sobre estas páginas, suficiente para pasar con holgura un duro y largo invierno. Alimentos preciosos como la caricia de la mirada que resbala sobre los objetos, especialmente sobre los más pequeños y modestos, sobre «las menudencias»; o la relación tan íntima y sensual con esos objetos amados y no siempre propicios que son las palabras; o la galería de seres humanos tiernos y tristes, decepcionados, desafortunados y conformes, siempre tocados por un aura de inocencia, de candor, la fauna humana que puebla calles y cines, cocinas y escaleras, tiendas y trastiendas en este mundo comercial; o el planteamiento de cada nuevo relato como un juego y un reto diferentes, como otra vuelta de tuerca o un 'más difícil todavía'; también lo que de territorio mítico tiene esta ciudad a la que vuelve una y otra vez Sánchez Santiago igual que volvía Benet a Región, y Rulfo a Comala, y Onetti a Santa María. Esta ciudad que es ante todo paisaje moral, espejo del alma de sus habitantes, por cuyas calles corren los aires cortantes de la maledicencia y la sumisión, la mansedumbre, la amargura, la estrechez de miras, el control social, los deseos frustrados, todo ello bien envuelto en el papel brillante y mentiroso de los altos valores de la patria; eso, sí, pero también la bondad, la templanza y la sabiduría que son santo y seña del hombre sentado a mi lado, así como la paciencia, esa serenidad en la espera que le caracteriza siempre, también cuando espera a que terminen de hablar sus presentadores…

 

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress