Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 15/08/2018
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DETRÁS DE LA HUELLA DEL INEMA
Juan Antonio Cordero
14/05/2018

Mérida Pérez 1981-96. Anclaje y arraigo

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Esta década y media de INEMA de poso y sedimentación, de digestión lenta y además pesada, de anclaje y arraigo tras las grandes transformaciones acontecidas en lo social y en lo educativo, la dividimos en dos subperiodos muy significativos. El salto de un sistema autoritario fuertemente enraizado a otro democrático necesita un prolongado tiempo de transición… y cometer muchos errores pendulares de los que, creo, aún hoy nos andamos curando. Y continuaremos.


 

El primero de esos cambios fue poner fin, entre otras cosas, al coto cerrado que era la Dirección para los profesores no Catedráticos. Dicho sea de paso, el Cuerpo de Catedráticos es ya también un cuerpo a extinguir y la Oposición Catedrático se convierte en un Concurso Oposición, donde la Oposición pierde peso en favor del Concurso  de Méritos... entiéndanse estos como quiera que se entiendan.

 

El segundo, es un periodo de consolidación y asimilación de los cambios producidos y otros nuevos como la LOGSE. Vamos a ellos.

 

 

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3.12.1 Grandes cambios.

 

El 10 de Diciembre de 1980, Doña Maria del Carmen Álvarez Hortal, ‘Memi’, que hasta ahora era Vicedirectora, toma posesión del cargo como Directora del Obispo Mérida sucediendo a Don Ángel de Paz cuando éste fue nombrado Delegado Provincial de Educación en León. Mantiene el mismo equipo directivo y nombra Vicedirector a un Catedrático de Latín recién llegado llamado Don Nicolás Hernando. El curso siguiente fue elegida por el Consejo de Dirección y permaneció en el cargo 6 cursos, hasta el curso 1985-1986 inclusive.

 

Seguramente esta etapa haya sido la más dura y difícil de una gran parte de los Centros Docentes en general e Institutos en particular, lo que incluye al de Astorga.

 

Haremos un pequeño repaso de los sucesos que estaban ocurriendo en España, que daba sus primeros pasos democráticos tras el largo periodo de la Dictadura, y no todos los agentes sociales tenían identificados los mismos conceptos como prioritarios, ni el mismo ritmo para llevarlos a cabo.

  

El Gobierno Socialista de Felipe González de 1982, con el recuerdo del Golpe de Estado de Tejero un año antes, comenzó una serie de cambios políticos de mucho calado y la Educación no fue ajena a los mismos. Los primeros pasos para la descentralización de un estado altamente centralizado comienzan a darse y la cesión (o semi cesión) de Competencias Educativas a las CCAA… provoca una abierta carrera de no quedarse atrás o “tonto el que no pida”. Se trasvasaban competencias, pero sobre todo cargos, influencia, poder y dinero.

 

En el segundo Trimestre de 1977 fue convocada una huelga de PNN de Instituto que duró dos meses y medio y la demostración de músculo sindical fue clave para la convocatoria de  las Oposiciones Restringidas de los siguientes años, concretamente de 1978 a 1981, denominadas vulgarmente como ‘Oposiciones del muy deficiente’pues se aprobaba con una nota de 2,5 a la que se sumaba la del Concurso, donde el principal mérito era la experiencia previa en docencia. Los aprobados sin plaza, andaban de Concurso en Concurso de Traslado, año tras año y estos hechos no favorecieron la permanencia, tranquilidad y calidad en las Plantillas.

 

 

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La facilidad de la oposición pervirtió el Sistema pues facilitó que algunos se presentaran, y obtuvieran plaza, en especialidades diferentes de las que tenían pero donde existía menos competencia (de Física y Química o Ciencias a Matemáticas, de Filosofía –de Seminario- a Latín…). Y puestos a buscar atajos… mejor llevarse bien con los alumnos, lo que se conocía y conoce como ‘buen rollito’, que preparar las clases cada día y luchar porque el aprendizaje fuera efectivo. Todo ello sin afán de generalizar… pero sí de mostrar ciertas tendencias.

 

Los vividores, que se  multiplicaron por bastante, siempre tuvieron a mano echar las culpas de sus propias deficiencias al Sistema, a la Dirección, a la Dirección General, a Franco, al Capital…o a cualquiera que no fueran ellos ni las organizaciones que les habían procurado/regalado su modus vivendi.

 

Las Competencias Educativas fueron transferidas a las CCAA, y el cambio de procedimiento en la elección del Director hizo que, transitoriamente, los Claustros propusieran una terna de la que saldría el cargo electo, Y ‘Memi’ no tuvo rival y permaneció como Directora.

 

Astorga se fue convirtiendo en un sitio de paso de profesorado. Muchos profesores, desmotivados de la plaza y de la localidad, estaban el tiempo mínimo exigido y, si podían, ocupaban cuantos cargos pudieran para lograr méritos y concursar a sitios más grandes o de más prestigio. La realidad educativa del Instituto, sus problemas y una mínima mirada al futuro estaba fuera de las expectativas de una buena parte del Profesorado que formaba el Claustro.

 

Fueron años difíciles para la Dirección de un Instituto, hacer frente a la resaca del Franquismo instalada en aquellos, que entonces solo éramos aprendices pero con pretensión de ser Catedráticos de la asignatura que estábamos aprendiendo: la Democracia.

 

Las luchas en los Claustros eran constantes, encarnizadas y, la mayor parte de las veces, carentes de  fundamento. La gama de los grises iba desapareciendo de las discusiones, la tergiversación de conceptos como ‘Autoridad’, ‘Libertad de Cátedra’ o ‘Libertad de expresión’ u otros iba polarizando el lenguaje y el también el pensamiento.

 

La Directora que se había manifestado ‘de derechas’ sufrió provocaciones continuas no siempre fáciles de enderezar desde la Jefatura de Estudios. Muchos, o bastantes, profesores con complejo de aves de paso, cargados de provisionalidad, muy politizados y conseguidores de plaza en oposiciones regaladas, utilizaban el aula como púlpito particular, a los alumnos como feligresía y al Claustro como centro de reivindicación continua, de significación y medraje político. Se hacían notar aportando ideas peregrinas tomadas de aquí o allá, descontextualizadas, presionando al ‘poder’ del equipo directivo para minarlo. Todo valía para intentar ser parte del mismo o sustituirlo con la única finalidad de aumentar los méritos y puntuación para el Concurso de Traslados, sin tener en cuenta que existía un sector importante del claustro, residente en Astorga, que consideraba su Instituto como algo más, con más proyección, que un simple centro de paso.

 

El profesorado joven que accedió por oposición libre esos mismos años, permitía establecer el equilibrio en los Claustros y en el Centro en su conjunto y se alineaban normalmente, aunque claro está con excepciones, con el Equipo Directivo.

 

 

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Estamos viviendo momentos en los que es molesto llevar a cabo determinadas tareas de control del Centro en el día a día. Faltas de asistencia, puntualidad, cumplimiento de las programaciones en los aspectos metodológico y didáctico, procedimiento de reclamaciones de los alumnos, control de la clase por el profesorado, etc. gustaban poco. La descalificación y el insulto brotan rápido como elementos dialécticos dentro de la retórica tan efectiva como narcotizante de lo políticamente correcto. Decir alegremente y abusar sin medida, del vocablo ‘facha’ fue, y es, una gran frivolización. Asumir que solo hay una verdad, poner fin al diálogo antes de fijar las bases del mismo, romper puentes y eliminar los colores intermedios del pacto y los diferentes puntos de vista. Es un acto de ostentación de la falsa supremacía moral exhibida por una izquierda que nunca fue más que reacción, que ejerció un gran poder mediático pero tuvo carencias de grandes y solventes intelectuales.

 

Tampoco se entendió bien que desde la Dirección se pudiera estar de acuerdo con algunas cuestiones  planteadas por los alumnos… si la situación lo requería, siendo la carencia de argumentos el detonante del corto recorrido de tópicos al uso (este centro es una dictadura, no hay libertad de expresión, etc.) dirigidos a la Directora… que veían como un eslabón débil.

 

Se dieron grandes pasos… pero poco o nada eran valorados por quien prefería una actitud frentista basada en atajos de acceso rápido. Lo mejor siempre ha sido el gran enemigo de lo bueno y la descalificación de lo real en contraste con la utopía ya se había inventado hacía años. Poco importaron logros reales como la igualdad de cuerpos en la elaboración de horarios… que de hecho se mantiene en la actualidad, o la edición de una revista anual cuyos contenidos eran seleccionados por una comisión mixta presidida por un profesor del departamento de Lengua y Literatura, o el primer RRI que fue elaborado por una comisión presidida por el JE con representación paritaria de todos los sectores del centro (profesores, padres, alumnos y personal no docente) tomándose los acuerdos siempre por consenso y no por votación. Poco importaban las cosas bien hechas. Lo que más se codiciaba era la crítica, cuanto más mordaz y desmedida, mejor.

 

Todas estas cosas permanecen, seguramente, en la memoria de la mayoría de los profesores en aquella época, y seguramente fueron muy parecidas en distintos centros de distintas zonas de la geografía nacional. En modo alguno son imputables a un centro. Ojalá todos estos comentarios pudieran ser exclusivamente circunscritos a un área local y aislable, pero no lo fue. El sarampión afectó a todas, o casi todas, las zonas, a unas más que a otras, duró varios años y, creo, que aún se deben de estar padeciendo algunas de sus consecuencias.

 

Y los choques sobrepasaban el estricto ámbito académico. Incluso pudo haber una cierta precipitación en el borrado de los ostentosos signos del Catolicismo presentes en el Centro. La ‘ley del péndulo’ que tan aprendida tenemos.

 

Don Ildefonso Nistal, Secretario de INEMA desde 1977 hasta 1999, 23 años, me comenta que, seguramente siendo Directora Doña Mari Carmen Álvarez, el Instituto se deshizo de los objetos materiales que había en la Capilla de INEMA. Todo ello, debidamente autorizado tanto por la Delegación del Ministerio como por los órganos competentes del Centro. Sus recuerdos son lejanos y vagos… por lo que la precisión de los comentarios puede ser bastante relativa, y como tal la mostramos… a falta de otras concreciones que en este momento no podemos realizar. Tampoco sabemos si fueron cedidos, regalados o vendidos, y en este último caso… por cuanto.

 

Parece ser que los bancos de la Capilla fueron destinados a una Iglesia o parroquia del Bierzo o la zona de Orense, el confesionario a una Iglesia de la Maragatería… que podría ser Morales, y las tallas de una Virgen y un Crucifijo, realizados por Castorina, profesora de Dibujo, permanecen en el Palacio de Gaudí. No tenemos constancia de muchas cosas más. Sí, que en aquellos momentos, eran profesores de Religión los sacerdotes Don Baltasar, Don Bernardo y don Eugenio. Tal vez ellos tuvieron un conocimiento más preciso de los lugares donde acabaron los citados objetos religiosos u otros… pero desgraciadamente, ya no están entre nosotros.

 

Por lo demás, el Instituto funcionaba bien. Crecía paulatinamente en número de alumnos y los resultados académicos eran mejores que la media provincial. También en que se fraguó el inicio del fomento de las actividades  extraescolares de todo tipo, en esa época.

 

 

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‘Memi’, dirigió una etapa difícil del Obispo Mérida y lo hizo con nota. Tuvo en Don Manuel Ortiz, Jefe de Estudios, un fiel y eficiente colaborador, que como perfecto conocedor de la estructura del Instituto y también como hábil negociador, la ayudó a mantener, o mantuvo, el timón en las grandes tempestades y plantó cara a conflictos y situaciones difíciles de gestionar.

 

Esta profesora, catedrática de Francés, elegante, con una educación exquisita y unos modales de una auténtica dama, legalista. Era distante pero respetuosa. Nunca gustaron ni las capillitas ni los subterfugios, ni las intrigas, ni los intereses espurios, ni el ‘marujeo’. En aquel tiempo todas estas cualidades y virtudes no eran ‘progres’.

 

La tuve como profesora, al menos, en Literatura Francesa de 5º de Bachiller. La recuerdo como una buena profesora, con la que aprendí francés, más escrito que oral, y bastante cultura francesa. Sus clases no eran ni tensas ni distendidas, eran serias pero no broncas. Ella, dentro de su saber hacer como docente competente, se mostraba con los alumnos distante, algo o bastante clasista, fría… y para algunos alumnos, creo que los menos, inflexible e incluso insoportable.

 

Tras los 6 años de Dirección de ‘Memi’ accede a la Dirección Don Manuel Ortiz, que era el actual Jefe de Estudios y que permanece en el cargo desde 1986 a 1999.


 

3.12.2 La Consolidación.

 

La Ley Orgánica reguladora del Derecho a la Educación (LODE) de 3 de julio de 1985, estaba orientada, sobre todo, a la regulación de los centros docentes y al anclaje participativo de la comunidad educativa (Profesores, Padres, Alumnos Personal no docente y un representante del Ayuntamiento) en los órganos de gobierno de los Centros, apostando por una dirección democrática frente a una tecnocrática. Este era el nuevo marco jurídico que contemplaba profundos cambios dentro de Sistema Educativo. No obstante, el Tribunal Constitucional valoró como restrictivos algunos aspectos de esa normativa en lo que se refiere a la participación de las APA’s. Ello le lleva a anular el punto 1 del Art. 18 otorgando mayor alcance a dicha participación.

Años después (1985), la LOECE regula la composición (art. 126) y sobre todo, el funcionamiento y participación del Consejo Escolar.

 

 

Las primeras elecciones a Director que vota el Consejo Escolar tuvieron lugar a final del curso 1985/1986. Dicho Consejo Escolar había sido elegido en noviembre y estaba constituido por la Directora del instituto, Dña. María del Carmen Álvarez Hortal, que ante su deseo de dejar la Dirección había sido elegida miembro del Consejo Escolar por el Sector Profesores, el Jefe de Estudios, Don Manuel Ortiz González, el Secretario, Don Ildefonso Nistal Celada, con voz, pero sin voto, ocho profesores, cuatro padres, cuatro alumnos, un representante del PAS y un representante del Ayuntamiento. A esas elecciones para Director se presentaron tres profesores: Don Manuel Ortiz González -J.E.-, Don Manuel Ceferino Martínez Castrillo y Don Fernando Huerta Alcalde.

 

Las votaciones arrojan los siguientes resultados: 10 para el primer candidato (posiblemente 5 del Sector Profesores, 1 del representante del PAS, 2 Padres y 2 Alumnos), 4 para el segundo y 3 para el tercero.

 

La pretensión del nuevo Director, en aquel momento, era dar continuidad a la gestión del Instituto cuyos entresijos conocía porque llevaba seis años en el equipo directivo, había ejercido como Jefe de Estudios de Nocturno durante un curso y otro, también con el mismo cargo en la mal denominada ‘Sección Delegada’, que se había convertido en Edificio B del Instituto en el curso 1977-78.

 

Aparte de la continuidad en la gestión, Don Manuel Ortiz convirtió en prioridad mejorar la relación con la Dirección Provincial, en esos momentos regentado por Don Andrés Vaquero Peña, nombrado por el Gobierno Socialista.

 

Esta prioridad tenía un sentido: luchar por conseguir un centro nuevo que evitara el tránsito de Profesorado y Alumnos entre el Edificio B, sita en la plaza de Los Marqueses y el Instituto de la calle Los Sitios. La demora en el comienzo de las clases por cambio de los profesores venía siendo de 10 a 15  minutos, y cuando cambiaban los alumnos era aún bastante mayor. El nuevo Edificio eliminaría estos problemas.

 

Otra prioridad fue crecer como Centro. Recordamos que en aquel momento el número de matrícula del Instituto rondaba los 750 alumnos, y coexistía con El Seminario y la Escuela de Formación Profesional, antigua Maestría, con los que entraba en competencia, más con la segunda que con el primero.

 

La apuesta por participar en los nuevos cambios que ya estaban puestos en marcha, como el desarrollo de un Bachillerato Experimental, que había sido solicitado por la directora anterior y había sido concedido, la inclusión en los  Proyectos Atenea y Mercurio, el programa de integración… perseguían un nuevo empuje del nuevo director a la línea trazada por la gerencia anterior de Centro.

 

No tan continuista con la anterior gobernanza del Instituto, tal vez porque estaba tomando forma una nueva manera de hacer política, fue la participación del Instituto en la vida cultural de la ciudad. Se profundizó en la dinamización de la vida del centro con todo tipo de actividades dirigidas al alumnado: deportivas, teatro, excursiones, coro, revista, seminario de estudios astorganos, etc. La finalidad era que el alumnado sintiera la proximidad o cercanía del Director, del Equipo Directivo y del Claustro de Profesores. En resumen, una inyección de vitalidad, de participación y de proyección del Instituto a la ciudad.

 

La organización de la vida académica se basó en dos pilares básicos: uno, los intereses del alumnado respetando su  elección de materias, y dos, la clasificación en los diferentes grupos dentro de cada curso por la optatividad y el riguroso orden alfabético, eliminando la subjetividad y respetando los aspectos organizativos y académicos (metodología, didáctica, etc.) de los departamentos, negociando incluso con el profesorado temas delicados como el horario.

 

Quede como anécdota el comentario siguiente referido al conflicto y la huelga de Medias de 1987, relatada por Manuel Ortiz, Director del ‘Mérida Pérez’:

“Un día se desplazó la cúpula de la Dirección Provincial para negociar con los alumnos del instituto ‘Obispo Mérida’. Asistí a la reunión a petición del Director Provincial, Sr. Vaquero Peña. Previamente los alumnos me habían pedido reunirme con ellos para que les indicase qué debían reivindicar. La reunión transcurrió con total normalidad y al día siguiente todo el mundo se incorporó a clase. Recuerdo que a los dos días, como en España seguían las manifestaciones, otros alumnos, los de 3º de BUP de Ciencias, convocaron nuevamente huelga por solidaridad, según ellos, con el resto de los alumnos del país”.


 

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Creo que refleja bastante fielmente la cercanía de la Dirección del Centro y de los alumnos en situaciones complejas, complicadas y conflictivas.

 

Tras un primer periodo de nombramiento de Director por tres años y al finalizar el curso 1988/1989, Don Manuel Ortiz se presentó nuevamente a la reelección compitiendo esta vez con otro candidato, el profesor de Filosofía Don Gregorio Pérez de Lera. Este último residía en León y venía diariamente en coche a Astorga a dar clase, con otros tres profesores del mismo centro.

 

El resultado de la votación en el Consejo Escolar, de 16 votos para Don Manuel Ortíz frente a 4, pone de manifiesto el apoyo recibido por el Director de toda la Comunidad Educativa, en la que esta vez se incluyó el representante del Ayuntamiento.

 

El recién reelegido Director, encaraba este segundo periodo de su mandato de manera bastante optimista. El Instituto funcionaba con normalidad en los programas que se han comentado anteriormente y se había conseguido mejorar notablemente la impartición de las materias de Tecnología e Informática solicitando a la Dirección Provincial profesorado especialista para impartirlas.

 

Las palabras del Inspector de la zona D. Manuel Cabezas Esteban: “el Instituto Obispo Mérida es el buque insignia”, fueron un buen resumen de cómo iba funcionando el Instituto tras los profundos cambios que se estaban introduciendo en las Enseñanzas Medias.

 

A finales del Curso 1991-92 Don Manuel Ortiz se presenta a reelección, esta vez, sin otros candidatos rivales. Recibe el apoyo unánime de todos los miembros del Consejo Escolar. Fueron unos años de un fuerte crecimiento del centro, en el que existía un clima de trabajo adecuado reflejado en los buenos resultados académicos de los alumnos en el centro y en la prueba de selectividad (durante tres cursos se consiguió un 100 % de aprobados, y en el resto la media fue superior a la del resto de la provincia). Los propios alumnos manifestaban su buen nivel de conocimientos en el primer curso universitario.

 

Finalmente se consigue  un edificio único gracias a la gestión política del entonces alcalde Don Juan José Alonso Perandones. Las ganas de trabajar y la ilusión que existía en las aulas y en el propio Claustro se pone de manifiesto en el hecho de que entre alumnos, profesores y personal no docente cambiaron todo el material al nuevo centro durante las vacaciones de Semana de Santa con ayuda de un camión municipal.

 

Según algunos de los protagonistas, todo esto era demasiado bonito para ser verdad, y en el curso siguiente, 1995/1996, se inició el proceso de fusión con el antiguo instituto ‘Ricardo Gullón’ que procedía del antiguo centro de Formación Profesional, pues a partir de la Ley de 1995 ambos centros eran IES y el ‘Ricardo Gullón’ apenas tenía alumnado.

 

 

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El equipo directivo y el claustro de profesores del ‘Obispo Mérida’ se opusieron organizando actos de protesta, encierros nocturnos, una marcha a pie a León que terminó frente a la Dirección Provincial, pero de nada sirvió toda esta actividad. En vacaciones de Semana Santa y como frecuentemente se suelen hacer muchas cosas en este país nuestro, salió el Decreto de fusión.

 

Hasta la total implantación de la LOGSE en el Instituto en el año 1995, venían coexistiendo el BUP con el Bachillerato Experimental, que había sido concedido en tiempos de la anterior Dirección, allá por los comienzos de la década de los 80. Fueron bastantes años de coexistencia, que a veces generaron algo de tensión superada con un buen clima de trabajo.
 

En junio de 1996, la Dirección Provincial nombró Director a Don Manuel Ortiz por un periodo de 3 años, supongo que avalado por su histórico y ante los enormes retos que exigía la nueva situación. En ese tiempo se puso en marcha el nuevo Centro resultante de la fusión, con cuatro edificios, 1575 alumnos, 150 profesores, constituyéndose en el mayor Instituto de la Provincia. Tres años después, en 1999 contaba con 1425 alumnos.

 

La experiencia fue como volver a empezar, una especie de ‘déjà vu’. Hubo que poner en marcha la Residencia de Estudiantes para los alumnos de la zona de La Cabrera, y se consiguió que el IES quedara en los dos edificios actuales. Se implantó el Ciclo de Formación Profesional de Grado Medio de Panadería y Repostería de la familia profesional de Industrias Alimentarias, el Programa de Diversificación Curricular y el Programa de Garantía Social.

 

Dos formas de hacer, distintas, se mezclaron en el Instituto resultante de la fusión. El profesorado del antiguo Instituto ‘Mérida Pérez’ como Instituto de Bachillerato y el del ‘Ricardo Gullón’ de Formación Profesional, tenían formas distintas de ver las cosas, trabajar y de entender la pedagogía y la didáctica, seguramente debido a las diferentes aspiraciones y planes de sus respectivos alumnos.

 

Ello originó una especie de ruptura en la homogeneidad del Claustro que afectaba tanto a los principios y alcance del concepto enseñanza como a las actuaciones concretas a la hora de ejercer la docencia.

 

A partir de la fusión, el centro ha ido funcionando más bien por inercia, como sin demasiado ánimo ni motivación añadida, con la lógica de un ente que actúa de forma imparable ante la entrega de los horarios de inicio de curso en los que se marca el campo de juego de alumnos y profesores. Todo dentro de lo normativo y competencial, eso sí, pero sin ilusión ni retos que conseguir. Sin autoestima. Como quién vive porque no le queda otra alternativa que seguir haciéndolo.

 

 

Nota. Tras las12 Entregas del Capítulo 3, llegamos al final del mismo… que es el final del INEMA Mérida Pérez.

 

El Capítulo 4 estará dedicado al fin del recorrido del Mérida y la fusión de éste con el Instituto Ricardo Gullón, de Formación Profesional. Desaparecerán ambos para integrarse en el IES Astorga… cuyo nombre es un derroche de originalidad donde los haya.

 

Pero esta Entrega, de cierre, será postergada porque estoy en plena revisión de la documentación que ha llegado a mis manos relativa a la fusión… y no quiero precipitarme en su análisis ni en las conclusiones. Queda pendiente para un futuro y prometo presentarla en cuanto la tenga lista.

 

Mientras tanto…

 

Próxima entrega: 5.1 Directores del Instituto. Anteriores a 1960.

 

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