Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 15/08/2018
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Luis Miguel Suárez Martínez
27/05/2018

Claridad de otoño

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Luis Alberto de Cuenca, Bloc de otoño, Madrid, Visor, 2018, 171 pp.
 
 
 
 
 
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El último libro de poemas de Luis Alberto de Cuenca, Bloc de otoño (2018), establece, desde su propio título, un hilo de continuidad respecto a su libro anterior, Cuaderno de vacaciones (2014), con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Las afinidades son bastante claras en muchos aspectos, como los lectores del poeta reconocerán fácilmente. Se reúnen aquí 123 poemas, escritos entre 2013 y 2017, lo que convierte a Bloc de otoño, según se recuerda en la ‘Nota del autor’ (p. 15), en su poemario más extenso. Su estructura en cinco secciones de diversa extensión,  que toman el epígrafe respectivo —‘Se va haciendo de noche’; ‘La montaña’, ‘Panta rei’, ‘Tan cerca, tan lejos’; ‘Quiero decirte algo’— de uno de sus poemas, obedece a un criterio cronológico —a sección por año— y no temático. Un criterio que ya estaba presente en las primeras secciones de aquel cuaderno estival.
 
 
Hay dos composiciones que podrían figurar en las páginas iniciales del volumen a modo de poética. La primera, ‘Con todo y sobre todo’ (95-96), resume bien su contenido: “Ha llegado el momento de hacer versos / con todo y sobre todo” (p. 95). Y en ese cóctel que propone el autor se mezclan la cultura —“Milton Caniff, Frank Robbins y Alex Raymond, / con el Bompiani y con The love Dictionary / of Musicians, / con las obras completas de Voltaire y Bach y Mozart” (p. 95)—  y la vida: “contigo, por supuesto, que renaces / sin cesar cada día de la espuma / del mar de mis deseos más ocultos (…) / con los besos y los cócteles / que dieron brillo a nuestra juventud, / con los amigos (…)” (p. 95). La segunda composición, ‘Sobre un poema de Atukuri Molla (siglo XVI)’, aboga una vez más por un estilo de ‘línea clara’: “los poemas se escriben / para que, de primeras, se entiendan. Deben ser / claros” (p. 166). 
 
 
Ambos textos marcan, en efecto, la senda por la que discurre el libro. Porque de todo y con todo se hacen los versos aquí: a veces desde la angustia —“Qué me pasa, Dios mío” (p. 108); “Pronto olvidarás todo” (p. 119)—, que por momentos resulta atroz  —“Cuatro días tan solo / ha durado la atroz pesadilla lisérgica / que ha sido mi existencia: un viaje hacia la nada / por la prisión sin puertas ni ventanas del mundo” (p. 169). Pero, a pesar de todo, y aunque el paso del tiempo resulte inexorable, no se renuncia a la búsqueda de la felicidad: “Somos viejos. Eso es cierto. / Pero aún nos quedan años, días, horas / para volver a ser medianamente / felices” (p. 154). Esa felicidad está unida con frecuencia a los libros —‘Felicidad’ (p. 120)—, hasta tal punto que la dicha se llega a cifrar, en las ensoñaciones del poeta, en recluirse a leer durante años —‘Bibliotecario de prisiones’ (p. 140)—. De manera que la lectura, como otras experiencias culturales, se convierte en antídoto contra los sinsabores de la vida —‘Cuando leía, no tenía miedo de nada’ (p. 46)—. Por eso la sola posibilidad de que alguna vez pierda ese carácter terapéutico —‘Leer siempre’ (p. 46)— es motivo de angustia.
 
 
 
 
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Y es que uno de los temas centrales de la poesía ‘luisabertiana’ muy presente también aquí es la interacción entre cultura y vida. El poeta no desea renunciar a ninguna de ellas, aunque según el momento se decante por una u otra. Unas veces se exaltará la cultura como uno de los placeres que dan sentido a la vida. Por eso uno de los temas recurrentes en las cinco secciones del poemario es el elogio de escritores, artistas o el recuerdo emocionado de lecturas y experiencias culturales: ‘Michael Ende’ (p. 30), ‘Elogio de Luciano de Samósata’ (p. 67), ‘Lágrimas lectoras’ (p. 102), ‘Elogio de Michel Houellebecq’ (p. 103), ‘Laura Pérez Vernetti’ (p. 160), etc. De ahí también que el paraíso no pueda existir “si no hay en él libros, cromos, películas ni cómics” (p. 68). 
 
 
Dentro de la órbita culturalista están asimismo los numerosos poemas, presentes en todas las secciones, que recrean, casi siempre de forma muy personal, textos ajenos—,’Variación sobre un tema de Fausto’ (p. 41);  ‘Variación sobre otro pasaje de Fausto’ (p. 42); ‘La visita de Bárbola’ (p. 44)…—, y de forma particular los de autores grecolatinos que a veces forman series: ‘Variación sobre un tema de Catulo’; ‘Variación sobre otro tema de Catulo’, ‘Variación sobre un tema de Íbico’, ‘Variación sobre un tema de Mimnermo’…  (pp. 84-87, etc.).
 
 
Pero en otras ocasiones, se enaltece, por ejemplo, el amor por encima de todo, incluida la literatura: “No me atraen / el poder de los dioses ni la gloria del artista. / No quiero propagarme / en las lenguas ajenas, ni en las letras / de molde de los libros. Solo quiero / tener entre mis brazos a mi amada” (p. 116). 
 
 
El amor es también otro de los temas bien representados en Bloc de otoño, en sus diversas figuraciones. Y así, encontramos tanto poemas que lo celebran —‘Tan lejos, tan cerca’ (p. 123); ‘Quiero decirte algo’ (p. 159); ‘Cuando no estoy contigo’ (p. 165)—, como otros que presentan sus sinsabores —‘Ella no los sintió’ (p. 63); ‘El regreso imposible’ (p. 109), ‘Recordando a Laura’ (pp. 142-143)—. En cualquier caso, también amor y literatura van inextricablemente unidos, pues el primero se expresa mediante los tópicos de la tradición literaria —‘Otra vez Eros’ (p. 148)—, o encuentra sus paralelismos en esta — ‘La chica victoriana de la foto’  (p. 59); o se inspira, según se vio, en textos literarios —‘Entre Rilke y Breton’ (p. 97)—. Así pues, cultura y vida se funden de forma ejemplar, aunque quizás se aprecie ahora un ligero escorzo hacia la primera, lo que no hace sino reafirmar a la esencial unidad de toda la poesía de Luis Alberto de Cuenca.
 
 
Otro aspecto recurrente en las diversas secciones, como en el resto de su obra, es el mundo de los sueños, de muy diversa índole, entre el humor, el absurdo, la nostalgia o la amargura: ‘Los dos hermanos’ (pp. 28-29), ‘Sueño de Paco Rico’ (p. 51), ‘Sueño de la Giganta’ (p. 76), ‘Sueño del matrimonio pernicioso’ (p. 83)…—, y a veces también pasado por el tamiz de la literatura: ‘Pesadilla shakespeareana’ (p. 94).
 
 
 
 
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Y, como cabía esperar, tampoco faltan otros motivos característicos de su poesía: la amistad, la muerte —‘Nieves Montal me habla desde el cielo’ (p. 55)—, el paso del tiempo, el mundo heroico —‘La muerte bella’ (pp. 78-79); ‘Defensa de la épica’ (p. 113)—, etc. A la variedad temática, corresponde también una variedad de tonos que puede ejemplificarse con dos textos memorables, de índole muy distinta: ‘Palabras para Inés y Álvaro’ (p. 130), sin duda el poema más emotivo, y ‘Cruel naturaleza’ (p. 122), de un humor socarrón en la línea de lo ‘políticamente incorrecto’
 
 
En otro orden de cosas, es de destacar  —igual que ya ocurría en Cuaderno de vacaciones—, la abundancia de guiños textuales al resto de su obra tanto en verso como en prosa. Así, por ejemplo, ‘Michael Ende’ (p. 30), ‘Alemania’ (p. 31), ‘Deseo de ser detective’ (pp. 38-39) o ‘Rusia eterna’ (p. 40) se inspiran en sendos artículos de Señales de humo (1999). A ese mismo volumen remiten los títulos ‘La Gran madre’ (p. 37) o ‘Amor sin barreras’ (p. 75). Por su parte, ‘La visita (II)’ (pp. 153-154) remiten al poema homónimo de El hacha y la rosa (1993, p. 46), libro que contiene igualmente una sección titulada ‘Variaciones’, epígrafe que podría haber figurado al frente de numerosos textos de Bloc de Otoño. Incluso no faltan otros ecos textuales más puntuales,  como el último verso de ‘Sobre un poema de Safo’ (p. 155), idéntico al que concluía ‘A Lucrecia, que llevaba un reloj en su sortija de casada’ de Sin miedo ni esperanza (2002, p. 32). Igualmente, en un aspecto más general, la presencia del monólogo dramático en ‘Habla Maquiavelo’ (p. 150) sugiere ligeras reminiscencias del culturalismo novísimo.
 
 
 
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Pero sea cual sea el tema o el matiz, la expresión corresponde al estilo de ‘línea clara’ que define su poesía desde hace más de treinta años, con un lenguaje conversacional, a la vez elegante y sencillo, que mezcla de forma perfecta lo culto y lo coloquial; y articulado casi siempre en versos blancos (endecasílabos, alejandrinos, heptasílabos y eneasílabos), aunque en ocasiones se recurra al verso libre o a la rima en pareados o incluso al romancillo.
 
Bloc de otoño, pues, en la línea de su gemelo Cuaderno de vacaciones, acendra el verso de ‘línea clara’ de su autor, que alcanza aquí otra de sus cumbres y vuelve a reafirmarse como un poeta imprescindible.
 
 
Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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