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Esteban Carro Celada
2/06/2018
Arriería Maragata: Conducción de Caudales

Un negocio de arriería en Santiago Millas (I)

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Iniciamos, en publicación por entregas, un pequeño libro desconocido de Esteban Carro Celada sobre la empresa de conducción de caudales 'Alonso Cordero y Franco Hermanos', fundada en Madrid por tres maragatos de Santiago de Millas, el 3 de febrero de 1832. El libro está interrumpido, pero en Astorga Redacción haremos el esfuerzo dentro de lo posible para su finalización

 

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Santiago Alonso Cordero, el maragato por antonomasia, ya había probado en diferentes formas el negocio de la arriería. De sobra sabía que podía enriquecerse con él. Mientras tanto se iban añadiendo nuevas amistades en la casa. Primero anduvo él a la conducta de caudales, como un maragato de tercera. Luego se juntó con su padre. El susto del robo hace que vuelvan cada uno por sus diferentes caminos.

 

En la familia de Cordero hay muchos que practican la arriería. Unos más en grande y otros más en chico. Se encuentran con fuerzas. Cada cual estaba trabajando a su aire. Así por los caminos se encuentran él, su hermano Francisco y su cuñado Bernardino.

 

La idea fue de Santiago: ¿Por qué no unirnos para hacer una compañía que fuera más fuerte que cada uno de nosotros?  Y tal como se pensó, después de establecer un reglamento, se llegó a ejecutar.

 

Este es el origen de la sociedad ‘Alonso Cordero y Franco, Hermanos’. También han decidido que sus oficinas queden instaladas en la calle madrileña de Regueras.

 

Pero la fusión había de traer sus envidiables consecuencias. Era el principio del año 1832. El 4 de febrero empezamos a tener ya una exhaustiva documentación. Para claridad de los socios se lleva un copiador de cartas. No solo ellos, sino también otros han de intervenir en este negocio a gran escala, como transportadores de caudales.

 

Y en la casa hay algunos que llevan el negocio como dependientes, mientras el que está al mando visita bancos, se relaciona con la Real Caja, charla con los secretarios de los ministros, especialmente con el de Comercio.

 

Este negocio de la arriería para el transporte de caudales tiene en su cimiento de organización un detalle de interés. Cada uno de los tres socios se irán turnando en la dirección de la empresa por espacio de cuatro meses. El primer turno lo consumen Santiago Alonso Cordero. Y suyas son las cartas de los cuatro primeros meses del negocio de la compañía.

 

 

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No obstante era poco pensar solo en la organización de Madrid. Es preciso competir con todos los que estaban apretando, especialmente con ‘los Botas’ que ya se habían organizado, y en más de una ocasión existen alusiones en la correspondencia mercantil a esta casi incompatibilidad.

 

Entre todos los hermanos han aportado mulos, carromatos y todos los demás chismes de la arriería. De esta manera veremos cómo es posible organizar a la par tres conductas de caudales, la de Galicia, y dos de Castilla, una por la línea Zamora-Salamanca, y otra por la línea Oviedo-León-Valladolid. Frecuentemente se unían ambas en Lavajos para llegar en un solo carromato a la corte.

 

Otro detalle que no se podía olvidar en la organización era el papel de los comisionados. En principio los comisionados son tres, todos ellos emparentados de alguna manera con la familia.

 

Van a sonar sobre todo tres nombres de comisionados que van a ser parte de las vértebras fundamentales y pertenecientes a la estructura de esta incipiente sociedad de arriería de conducción de caudales. El 4 de febrero se escribe a Gabriel Rodríguez y a Pedro García Matanzo para que comiencen  la conducta de Galicia y de Castilla respectivamente. Gabriel recibe un fuerte paquete de libranzas que ha de cobrar principalmente en Santiago de Compostela y en La Coruña. Además todo lo que vaya cayendo por el camino. A Pedro García Matanzo se le ordena que efectúe la conducción por Castilla, pero partiendo de Oviedo y León. Este principio de la conducta va a sumar una cifra que no baja de 446.000 reales, según carta dirigida a Matanzo. Las órdenes que recibe Gabriel, de un solo tirón, con que se inaugura el libro copiador de cartas de la Sociedad exceden los 750.000 reales. Pero nos falta un tercero: Miguel Franco Alonso que debía de ser hermano de uno de los socios, posiblemente de Bernardino. Miguel se encuentra en conducción por Castilla, al comienzo de febrero del año 1832, y hasta la casa de Ramón Montero le envían una carta circular a la par que una notificación para que haga unos pagos y cobre unas libranzas en Salamanca.  Le ordena que firme en nombre de los tres hermanos.

 

Gabriel, como Pedro y Miguel son maragatos. Realmente no se entiende la arriería española sin la presencia de estos maragatos. Y de otros muchos.

 

La nueva sociedad utilizará en determinados momentos otros comisionados.

 

Hemos de tener tiempo de dar a conocer los procedimientos mediante los cuales desarrollaban su cometido. No solo eran los conductores, los arreadores de machos. A veces iban con otros a quienes debían de elegir por su confianza y honradez. Al llegar a determinados puntos, generalmente donde la sociedad había establecido corresponsales se acercaban a pedir el dinero cobrado de las letras, libranzas y toda clase de operaciones bancarias. A veces, si llevaban ellos las libranzas se detenían varios días en las ciudades hasta cobrar si posible fuera el último céntimo.

 

Frecuentemente su misión era la de recogedores y transportadores de la moneda. Pero no eran puros depositarios. Habían de firmar las más de las veces los documentos. Y por otra parte habían de tener la habilidad comercial necesaria para poder hacer efectivos los dineros, porque a veces se les presentaban situaciones un poco difíciles de resolver. Por otra parte, inmediatamente que cobraban determinada cantidad, donde fuere, habían de enviar resguardos a sus jefes. Cuando el resultado era negativo, los jefes comerciales de Madrid, Don Santiago, Don Francisco y Bernardino volvían a la carga sobre el moroso y era muy frecuente que si esta operación la habían realizado a la ida, a la vuelta, si pasaban por la misma ciudad, estuviera a punto el caudal dinerario que habían de transportar a Madrid. A través de los comisionados suelen pedir algunos recados, como la compra de pergaminos, de pliegos timbrados; lo que casi nunca ocurre es que los comisionados de las conducciones de caudales lleven cosas para los corresponsales. En la época de Navidad suelen mandar a los corresponsales, lo que los redactores de las cartas llaman ‘cortas expresiones’. Nunca los envían por sus propios comisionados. Es como si no desearan hacer boicot al comercio maragato especializado. Muchos coterráneos medían España transportando mercancías. Da la impresión de que los potentados no quieren causar extorsión a estos. Y a pesar de poseer algunas conductas, por aquellos días, de su propia firma, usan a los otros maragatos para enviar mantecadas, mantequillas, unos sombreros o simplemente unos cortes de tela para el vestido de dos señoritas lucenses.

 

 

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Es decir que los comisionados son personas serias, con una misión muy delimitada, con un tanto por ciento en la conducción, que en principio es el de un cuarto por 100 sobre todo lo que transporten.

 

Tendremos ocasión de sugerir que hay momentos de rozamiento en que las relaciones no marchan todo lo fluidas que debieran. Pero aún es pronto para llegar a ese momento.

 

Otro puntal de evidente interés en la arquitectura comercial y mercantil de la compañía eran los corresponsales. Lo más natural es que en cada una de las capitales de provincia o de obispado tengan un corresponsal, que es un hombre del comercio de la plaza. Cuando se acerca el comisionado, normalmente ha cobrado él. Gestiona los papeles, pone en la pista de libranza que ha de cobrarse en un cartero constante con la dirección de la empresa en Madrid. Por los miles de cartas mantenidas con los corresponsales se puede llegar a catalogar el volumen económico que movía esta empresa de los maragatos Alonso Cordero. Desde luego podemos asegurar que se ventilaban muchos millones de pesetas, base sin duda de la gran hacienda llegada a mantener por cada uno de los directivos de la empresa. 

 

(Continuará...)

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