Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 25/06/2018
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Roberto Prada Gallego
9/06/2018

Tiempo de confusión

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Esa noche mi amigo y yo no teníamos pensado salir, pero el destino así lo quiso y quién soy yo para oponerme a él. Somos dos chicos educados, amigos de sus amigos (cursilada que se dice ahora) y madridistas. Lo normal, vamos. Y si el Madrid juega la Champions y al día siguiente es fiesta, qué culpa tenemos de que el calendario se haya programado de esta manera.

 

Ya me veía al día siguiente metiendo las manos en los bolsillos rastreando monedas que llegaran al euro para poder tomarme un café y conformándome con que nada se pudo hacer para impedir tal sangría de pasta. El caso es que no era, ya digo, una de esas noches en las que nos provisionamos con comida, botellas, hielo y mezcla, que mientras busco un enchufe para cargar el móvil mis amigos se santiguan de rodillas alrededor del pan y de los peces y alguno hay que hasta llama a sus padres para despedirse por si las moscas.

 

Nada de eso. Estábamos los dos solos y nada hacía presagiar que esta vez también se nos pudiera mover la Catedral de sitio, como aquella vez que huyó hacia la Plaza Mayor. Y no, precisamente, por la niebla y el frío sino por vernos antes de tiempo con los muslos ardiendo y unos pómulos prominentes y una cara tan oval como el despacho de Trump. Cada uno la suya, por supuesto.

 

Esa noche, decíamos antes, unas líneas atrás, parecía tranquila, más aún cuando los bares que frecuentábamos estaban vacíos. Qué raro, nos dijimos, como si no se pudiera quedar uno en casa mientras el Madrid hace Historia. Pero para historia la nuestra: mi amigo ya había bebido siete copas lo menos y había tirado dos o tres, había intercambiado su número de teléfono con todos los porteros de discoteca que nos habíamos cruzado, no con intereses lujuriosos sino porque se hace tan amigo de ellos que nos dejan pasar con el vaso de cristal porque ya saben que si la camarera quiere servirnos allí estaremos.A veces entramos en un ‘afterjaus’ con ron cola y a los cinco minutos salimos con uno con naranja solo para que vea que somos de palabra. Y así llegamos a la hora de las patatas, acompañadas, eso sí, con salsas de distintos tipos y picante, total, la faena ya estaba hecha y esa iba a ser nuestra comitiva.

 

Camino a casa veo que me mira de medio lado como examinándome, como cuando lo hace una muchacha a la que no consigo desabrocharle el sujetador sin que ella intervenga, y de repente desplaza unos hierros y se inmiscuye en un antro que no hacía presagiar nada bueno. Mis sospechas se vieron confirmadas poco después, pero lo que no podía imaginar es que era allí donde se concentraba todo León, cómo iba a haber personas en los bares si estaban todas allí, en un cónclave nocturno de elección carnal. Es decir, un puticlub. Nos trataron francamente mal, de manera demasiado directa y poco inocente, sin delicadeza y con superficialidad. Mi amigo que sólo quería agua hasta que le dijeron el precio anduvo regateando luego otros servicios, pero eran todavía más caros. Yo fui a mear para calibrar los días que harían falta para recuperarme del todo y cuando ya estaba sentado en un sofá, realmente preocupado por los exámenes y el juego del equipo, pues todavía no habíamos conseguido la decimotercera, va una señorita y se me posa encima como ilusionándose. No la enfadó que le contara que yo no quería nada serio en esos momentos, ni que no era muy detallista ni que incluso las prefería más jóvenes y sin las tetas operadas, sólo se cabreo conmigo cuando le mostré mi cartera tan vacía que por no haber no había ni DNI.

 

Y ahora con un poco más de perspectiva, lo recuerdo y pienso que eso es España. Ni más ni menos. Por eso da igual y no debe preocuparnos que gobierne la izquierda o la derecha, nadie tiene un proyecto consistente y con esperanza de durar. Todos se venden al mejor postor, se alquilan y se ofrecen los escaños sin pudor y con regocijo. Como si España fuera, ciertamente, una casa de putas.

 

Por cierto, no hace falta decir que para cuando salimos de allí, el sol había cogido una altura que era una pena no haberlo aprovechado.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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