Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/08/2018
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Julia Mª Martínez-Lombó Testa
9/06/2018

Evaristo Fernández Blanco, músico de la 'Generación de la República'

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Julia Mª Martínez-Lombó Testa es doctora por la Universidad de Oviedo por su Tesis Doctoral: 'El Compositor Evaristo Fernández Blanco (1902-1993): de la modernidad al exilio interior'. Presentó el pasado mes de mayo su tesis sobre el compositor astorgno. Ha publicado diversos artículos y capítulos de libros sobre la biografía y obra de Fernández Blanco y el libro 'Olimpo del Metal: origen, evolución y discografía del heavy metal en Asturias (1980-2012)', que recoge su tesina de licenciatura. Como intérprete ha participado en numerosas grabaciones discográficas de diversos estilos actuando como solista, en grupos de cámara y orquestas a lo largo de toda la geografía Española.

 

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Evaristo Olegario Fernández Blanco pertenece a la llamada Generación de la República, músicos de la Edad de Plata o ‘Generación Rota’, como prefiere llamarla José Luis Temes, aunque su nombre haya quedado, a posteriori, desvinculado del grupo más notorio de aquella época.Y es que, Don Evaristo, mantuvo relaciones profesionales, personales, laborales y estéticas propias del contexto del madrileño ‘Grupo de los Ocho’. Tanto por fecha de nacimiento como por inquietudes estéticas, su figura se integra perfectamente en la Generación de la República en el más amplio sentido del término, siendo considerado por algunos autores como el “impresionista de la Generación del 27”.

 

Nacido en Astorga, el 6 de marzo de 1902, es el segundo de cuatro hermanos de una familia de clase media. Comienza sus estudios musicales con los Maestros de Capilla de la Catedral, Manuel Ansola y Marcelino González, reforzando las lecciones pianísticas en León con Eusebio Saurina, quien organizará su primer concierto de piano, en el casino de esta ciudad con tal sólo 14 años. Durante estos años de formación, en los que aparecen sus primeros trabajos compositivos (para piano y para el juguete cómico La Estufa), Fernández Blanco se examina como alumno libre de piano y solfeo en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, del que será alumno oficial desde 1918.

 

Ya en Madrid, comienza sus estudios con Emilio Serrano y Tomás Bretón, al que considera su primer maestro, y más tarde con Conrado del Campo, con quien finaliza la carrera de composición en el curso 1920-1921, obteniendo el Premio Extraordinario y la consecuente Beca de la Sociedad de Autores para ampliar estudios en el extranjero. Su destino final, tras una breve estancia en París, es Berlín, ciudad recomendada por Del Campo, buscando entrar en contacto con la escuela de ArnoldSchönberg. Fernández Blanco permanece fuera de España once meses, regresando a finales de 1922.

 

De vuelta a España, compatibiliza su labor de compositor con la de profesor en el Grupo Escolar Montesinos de Madrid y la de pianista del Sexteto de Unión Radio Urgoiti. De estos años datan, entre otras, obras como la Serenata y la Sonatina para piano(1918 y 1920 respectivamente), el poema sinfónico Impresiones montañesas o el motete Ave Verum(ambos de 1921), los Poemas líricos para voz y piano, el Cuarteto Cromático, Tres preludios para piano, el quinteto Divertimento o la opereta en tres actos La griseta rubia (todas de 1924); las Tres piezas Breves y la Obertura Sinfónica (ambas de 1925) o El tarambana (1933), sainete en 1 acto y 3 cuadros.

 

Sin duda, el carácter comprometido con la modernidad de su música de la década de los veinte, desde sus Poemas Líricos donde él mismo revela la utilización de una serie de once notas como materia compositiva, hasta sus ejemplos de música de cámara como el Cuarteto cromático o el Trío en Do Mayor (1927), llevan a etiquetar al astorgano de compositor ‘difícil’.

 

A estas circunstancias hay que sumar la dureza de una vida que se vería truncada por la Guerra Civil que no sólo le impide iniciar una carrera profesional, sino que destruye parte de su obra –varias partituras son destrozadas por el bombardeo que sufre su casa madrileña en 1937–. El compositor salva la vida, pero la Guerra no sólo supone la pérdida de su obra y sus puestos de trabajo (en Unión Radio y como docente), sino que, ante todo, le arrebata un hijo recién nacido, a su esposa y posteriormente a su padre.

 

 

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Comprometido con la II República, Fernández Blanco fue compañero de Bacarisse y Bautista en el Consejo Central de Música, institución de la que fue nombrado representante en Madrid cuando el Gobierno se trasladó a Valencia. Concluida la Guerra Civil, Fernández Blanco se refugia en Viascón (Pontevedra), y de allí viaja a Vitoria y a Barcelona como representante del Teatro Principal Palacio y Tívoli, coliseos pertenecientes a su cuñado, Juan Martínez Penas.

 

En este punto hemos de remarca la labor del astorgano ocupando puestos sindicales y de gestión musical, hecho que conduce a que fuese denunciado, perseguido y procesado por la Ley de Responsabilidades Políticas.

 

Nada hacía posible que un compositor republicano y vanguardista consiguiera un espacio propio en la España de la posguerra, circunstancia que lleva al astorgano a renunciar a sus aspiraciones artísticas casi de por vida. Fernández Blanco sobrevive, pero las heridas morales le marcarán de por vida, replegándose artísticamente y trabajando tan sólo para sacar adelante a sus dos hijos y a su madre.

 

Evaristo Fernández Blanco es unos de los compositores que representa  claramente la fractura que sufrió la creación artística española con la tragedia de la Guerra Civil. Su gran talento creativo, que había comenzado a experimentar reconocimiento y visibilidad durante la Segunda República, se truncó abruptamente tras la Guerra Civil, siendo sesgado por la falta de continuidad en el desarrollo vital, aspecto que padeció toda una generación. La guerra diezmó su obra y condicionó de forma determinante su futuro musical y compositivo, pero también creó el clima y las circunstancias que le llevaron a componer la Obertura Dramática (1940), su obra a todas luces más ambiciosa.

 

El astorgano es un músico de su tiempo, un compositor que toma parte en los acontecimientos musicales de la sociedad que le rodea; pero, y como es habitual en esta generación de artistas, no sólo formaba parte activa de la vida cultural sino también de la sociopolítica, participando de las instituciones y organismos, republicanos en su caso.Fernández Blanco canalizó las distintas propuestas estilísticas coetáneas y los condicionantes ideológico-políticos que marcaron su carrera.

 

Uno de los aspectos desvelados en el transcurso de la investigación que he desarrollado y que consideramos más interesante, es su gran oficio de compositor. Supo adaptarse como compositor a las circunstancias cambiantes. Este aspecto, que ya había mostrado al comienzo de su carrera, será especialmente remarcado tras la Guerra Civil, cuando Fernández Blanco tenga que reinventarse profesionalmente, primero como gerente teatral en la ciudad condal, y de nuevo, durante los últimos veinte años de su vida laboral, teniendo que aceptar trabajos para subsistir en el ámbito del teatro de variedades, con géneros musicales impuestos por las modas del momento, trabajando en diversas compañías de espectáculos como Rambal o Los Vieneses, o las compañías de Celia Gámez y Nati Mistral, retirándose en 1969, con 67 años.

 

Sin duda fue esta versatilidad la que permitió al maestro reinventarse y sobrevivir de la música, aunque no directamente de la composición.

 

 

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El músico astorgano fallece en Madrid, acompañado de su hijo 'Pacucho' el 22 de septiembre de 1993.

 

La trayectoria profesional y compositiva del maestro evolucionó siempre en coherencia con su propia trayectoria vital, y es en el corpus compositivo donde este hecho se hace más evidente. Su obra, tal y como hemos podido comprobar a través del análisis y comentario de sus principales composiciones realizado para el desarrollo de la Tesis Doctoral, evolucionará a lo largo de su trayectoria vital. Ésta muestra cierta discontinuidad estilística, resultado de la adaptación a las distintas circunstancias vitales y profesionales. Descubrimos de este modo en Evaristo Fernández Blanco un estilo compositivo vanguardista y adelantado en la España de la década de los 20. Mientras que en nuestro país continuaban las polémicas en torno al nacionalismo, Fernández Blanco recurre unas veces al impresionismo debussysta, al atonalismo o politonalismo, al expresionismo o el neoclasicismo francés, a la corriente compositiva de la Escuela de Viena, y muchas otras a la música de salón más comercial.

 

El estudio y análisis de este compositor contribuyen así a la profundización en el conocimiento del panorama musical en la España de la primera mitad del siglo XX, escribiendo una nueva página en la historia de la música española y en la Generación de la República, que debe incluir el nombre de Evaristo Fernández Blanco.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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