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Guillermo Carrizo Valcarce
10/06/2018

La memoria de Oliegos emerge de las profundidades del pantano

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La construcción del pantano de Villameca supuso la evacuación del pueblo de Oliegos en 1945, trasladándose sus últimos habitantes a tierras vallisoletanas. Dejaban tras de sí una historia milenaria.

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La desaparecida localidad de Oliegos hundía sus raíces en el siglo XII, estando vinculada históricamente a la vecina población de Palaciosmil. A la sombra de la modesta iglesia de San Martín fueron apiñándose pequeñas e irregulares viviendas, construidas a base de sólidos muros de piedra y provistas de techos de cuelmo.

 

La esterilidad de la tierra no permitía un gran desarrollo económico, pero las humildes gentes que poblaban Oliegos (una treintena de vecinos) subsistían en la medida de lo posible. De hecho, se vivieron ciertos tiempos de bonanza en el siglo XVIII, como así lo refleja el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752). Familias como los Aguado, los de la Carrera, los de la Cuesta, los Magaz, los Villagra… dedicadas en cuerpo y alma al trabajo agrícola, comenzaban a prosperar. Buena prueba de ello es la existencia en Oliegos de unas cuarenta casas, seis molinos harineros, una taberna y más de un centenar de colmenas (lo que indica un cierto desarrollo de la apicultura).

 

Así mismo, en el apartado religioso, la parroquia llegó a contar con hasta cuatro cofradías (las Ánimas, Nuestra Señora de las Candelas, San José y la Santa Cruz). También había una pequeña ermita, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Angustias.

 

 

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Los vaivenes políticos del turbulento siglo XIX provocaron que Oliegos dependiese administrativamente de pueblos más grandes, primero de Sueros de Cepeda y luego de Quintana del Castillo. La fiebre pantanosa llegaría en el siglo XX, proyectándose un embalse en el valle sobre el que se asentaba Oliegos. Las obras se iniciaron en los años treinta, pero se vieron interrumpidas por el estallido de la Guerra Civil. Tras la finalización del conflicto se reanudaron los trabajos, empleándose en los mismos a un batallón de presos políticos. En noviembre de 1945 abandonaban sus casas los cerca de 150 habitantes del pueblo, rumbo a Foncastín, en la llanura castellana. Ni a sus muertos pudieron sacar del cementerio por las prisas del desalojo, rompiendo así sus lazos ancestrales con aquella tierra.

 

 

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Rotos por la pena, en un tiempo - bajo la dictadura de Franco - en el que no cabía la protesta, iniciaban una nueva vida lejos del valle que les vio nacer. Consigo llevaban las campanas de la iglesia y la talla de la Virgen de las Candelas (patrona del pueblo), en contra de las directrices del obispado, siempre deseoso de expoliar el patrimonio de sus parroquias.

 

Hoy en día apenas pueden apreciarse unas pocas ruinas del antiguo poblado, pero los antiguos moradores y sus descendientes ajustan cuentas con el pasado cada verano, celebrando un certamen literario conocido como 'Versos a Oliegos'. Un monumento, inaugurado en el año 2008, vigila las aguas del pantano - que debiera llevar el nombre de Oliegos - y recuerda al viajero que allí existió un pueblo.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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