Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 25/06/2018
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DETRÁS DE LA HUELLA DEL INEMA
Juan Antonio Cordero
12/06/2018

Década de los 60: Los “Gregorios”

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5.2.1 Don Gregorio Salvador.

 

Nacido en Cúllar, nordeste de la provincia de Granada, aunque su infancia transcurre en Galicia junto con su hermano mayor. Huérfano de madre desde muy pequeño, retorna, tras la Guerra Civil, a Granada donde cursa sus estudios universitarios. En Junio de 1950, obtiene la licenciatura en Filología Románica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada.

 


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Creo que se hizo correr un bulo en torno a su persona… que a mi he ha llegado por más de una fuente. Alguien, supongo que sin muchas simpatías por Don Gregorio, comenzó a decir había llegado a Astorga represaliado de destinos con mayor categoría como Algeciras o Cartagena. Pienso éste era el fundamento del bulo; venir de Cartagena a Astorga como Profesor de Lengua y Literatura. Reconozco que yo realicé mis averiguaciones al respecto… porque de entrada la información tenía verosimilitud.

 

Tras mis escarceos detectivescos… pude concluir, y de ello estoy convencido, de que se trataba de un rumor o de un infundio. Y ello por dos razones:

 

Primera, el año que Don Gregorio Salvador ganó la plaza por oposición de Catedrático de Lengua y Literatura fue 1959, y el curso siguiente, el 60-61 ya fue Director de INEMA. Hasta entonces, en los Institutos de Algeciras y Cartagena, había sido un Agregado y tan pronto como pudo, concurso a una plaza de Catedrático de Lengua y Literatura, que en aquellos momentos daba prioridad para acceder al cargo de Director, que obtiene al trasladarse a Astorga, con lo que este cambio puede considerarse un ascenso profesional en toda regla y no un castigo.

 

Segunda, ciertamente había algo del rumor que tenía algo de fundamento, pero también algo de confusión. Años atrás, unos 10 o 12, hubo un profesor Lengua y Literatura en INEMA, también Catedrático, que sí que obtuvo destino forzoso por represalias desde un instituto de Lugo donde ejercía al de Astorga por algún tipo de problema relacionado con sus actividades galleguistas. Corría el año 49 y se trataba del Catedrático de Lengua y Literatura nacido en Orense Don Julio Francisco Ogando, de ideología conservadora.

 

Al menos, estas son las conclusiones a las que he llegado yo, sobre el infundio o rumor que sobrevoló la persona de Don Gregorio Salvador, que contrariamente al bulo, sí promocionó en la Plaza de Astorga. Las falsedades fueron basadas en alguna coincidencia, ambos eran  Catedráticos de Lengua y Literatura, y un error temporal de más de 10 años.

 

Comienza sus tareas directivas en el Instituto de Astorga entrado ya el curso académico 1960-61 sustituyendo a Don Pedro Rodríguez que ocupaba dicho el cargo.

 

Es Profesor de Lengua Española y unos años antes, 1953, había escrito su Tesis Doctoral: El habla de Cúllar-Baza: contribución al estudio de la frontera del andaluz, publicada en 1958, que es un estudio sobre dialectología cuyo interés fundamental reside en el trabajo metodológico y fonológico pues aborda una línea de trabajo más descriptiva que histórica.

 

Yo fui alumno suyo el curso académico 1964-65. Era mi primer año de Instituto, Primero, un curso con más de 70 alumnos, en un aula muy larga frente a la Sala de Profesores, en el primer piso del nuevo edificio de los Sitios, 2. No tengo muchos recuerdos de él, ni buenos ni malos.

 

Es muy posible que desde los cursos más bajos no supiéramos o pudiéramos percibir las cualidades de un gran profesional, de un gran profesor. Es muy posible que no tuviera edad ni discernimiento suficiente para percibir a Don Gregorio Salvador como un gran profesor, pero me consta que sí lo hacían alumnos de cursos superiores, alguno de los cuales, hablando de él con verdadera devoción, ha alabado su trabajo en el campo de la lengua como sistema de estructuración del pensamiento y de análisis de la realidad, que sobrepasa lo estrictamente académico, lo léxico, lo ortográfico y lo literario, para convertir la lengua, en una medida de lo que somos, de lo que entendemos, de lo que comprendemos, de lo que pensamos y de lo que sentimos… porque todas esas cosas, y otras muchas más, las hacemos a través de la ella, y sin ella y las enormes posibilidades que ella nos ofrece, ni tan siquiera seríamos capaces de imaginar cómo podríamos ser, o donde podríamos establecer la diferencia con otras especies menos evolucionadas intelectualmente.

 

Otra fuente, 6 o 7 años anterior a mi promoción, afirma que “fue un gran profesor, muy dedicado a las tareas de enseñarnos a redactar y escribir correctamente, a explicarnos como se leía un texto, tanto en prosa como en verso, de forma que no solo entendiéramos en sentido literal sino lo que el texto dejaba entrever, las conjeturas implícitas, las dobles intenciones, en resumen, todo lo que el autor decía y además todo aquello que pretendía dar a entender en sentido figurado. No contaba las cosas. Las explicaba exhaustivamente y se hacía entender. Guardo muy buen recuerdo de él por su forma de enseñar, por la sabiduría en su materia y por su trato correcto aunque distante.”

 

Un gran profesor y un gran investigador.

 

Tras unos años en la Dirección del Instituto de Astorga, en 1966, obtiene una plaza en la Universidad de la Laguna, Tenerife, en la Cátedra de Gramática Histórica. Desde ella fue  introduciendo en España la obra y el pensamiento de Eugenio Coseriu. Fue elegido decano de esta facultad al año siguiente y creó una fértil escuela de estudios semánticos estructuralistas, conocida como la “Escuela Semántica de La Laguna”. 

 

Don Gregorio Salvador ha defendido la validez de las teorías del círculo lingüístico de Copenhague, cuyo método de análisis ha seguido en sus trabajos.

 

En junio de 1986 fue elegido para ocupar el sillón q de la Real Academia Española, e ingresó en febrero de 1987 con un discurso acerca de la mencionada letra. En 1991, participó en la elaboración de un informe para el Ministerio de Cultura en defensa de la letra «ñ». Este informe pretendía evitar que tuvieran éxito las presiones ejercidas por la Comunidad Económica Europea sobre el Gobierno Español para que no fuese obligatorio incluir esta letra en los teclados comercializados en España. El resultado final fue que la CEE aceptó el punto de vista por él, y otros, defendido.

 

Salvador ha expresado en múltiples ocasiones su desacuerdo con la política educativa y lingüística que se viene realizando en España desde la Transición Española. Ha publicado varios artículos y libros denunciando los problemas de la enseñanza española, hecho que se acentuó, a su juicio, desde la implantación de la LOGSE. Salvador ha criticado las últimas reformas educativas de PP y PSOE por considerar que resultan insuficientes en muchos aspectos y agravan los problemas existentes.

 

Sus advertencias y trabajos han caído una y otra vez en saco roto. La rigurosidad en lo tocante al tema de Enseñanza sigue bajo mínimos, y nuestros políticos continúan más interesados en mantener bien engrasadas las correspondientes cotas de control y adoctrinamiento en las aulas que en preparar futuras generaciones para los grandes retos que el mundo va cociendo a fuego no tan lento. Margaritas a los cerdos.

 

Imagino que en la actualidad debe andarse retorciendo con las “miembras portavozas” que colocados en el más puro dislate y por ausencia de ideas de más interés, buscan que se hable cinco minutos de ‘ellos y ellas’… aunque sea bien.

 

Bajo su dirección tuvo lugar el traslado de los viejos edificios de Rodríguez de Cela y Padre Blanco al nuevo Centro, llevado a cabo, por retraso en las obras, después de las Navidades de 1963, siendo el primer curso Académico completo en el flamante INEMA el 1964-65 del que la prensa de la época comenta las maravillas didáctico pedagógicas, la modernidad de sus laboratorios y del material para la ayuda en el aprendizaje de idiomas.

 

Asimismo, en su época, se produjo una masiva afluencia de alumnado a la enseñanza media que dejaba pequeño en muy poco tiempo cualquier ampliación. Y poner en disposición y coordinar nuevo aulario junto con nuevo profesorado y ampliación del alumnado no es tarea fácil… si además se pretende que no caigan los estándares de aprendizaje que mantenía el Instituto.

 

Por último, no debió ser fácil tampoco, llevar las riendas del INEMA en una Astorga hiperclerical, con un potente Seminario que en aquellos años tenía más de 500 seminaristas, un obispado que había oficiado el protagonismo de su creación y que aún no tenía noticias de las innovaciones que iba a traer el cierre de Concilio Vaticano II.

 

Arturo Pérez-Reverte, en el prólogo de su libro ‘Hombres buenos’ cita a Don Gregorio y agradece la ayuda que le prestó para recabar documentación en la propia academia para su novela.

 

 

5.2.2 Don José Gregorio Martín Moreno.

 

Don José Gregorio Moreno era, y es, Catedrático de Geografía e Historia. Fue nombrado Director del Instituto de Astorga por Orden de 23 de Junio de 1967, de la que adjuntamos una imagen que refleja dicha Orden en el BOE de 31 de Julio de 1967, y permaneció en ese cargo varios años.

 

 

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Sustituyó a Gregorio Salvador Caja, anterior director de INEMA, cuando éste se fue destinado a la Universidad de la Laguna (Tenerife) a la Cátedra  de Gramática Histórica obtenida en 1966.

 

 

Los dos cursos anteriores, es decir el 64-65 y el 65-66 había ejercido tareas de Secretario de INEMA, cargo que abandonó el curso 66-67 para asumir las tareas de Director, siendo cubierto el cargo de Secretario por Don Rafael Tejeiro, profesor de dibujo y Comisario de Policía en Astorga.

 

De su vida de estudiante he encontrado unas pinceladas dadas por un compañero suyo en la Universidad de Valladolid, el gran medievalista Don José Ángel García de Cortázar, quién lo cita de forma amigable.

 

El citado medievalista junto con Julio Valdeón, Catedrático de Instituto y medievalista también –aunque algo mayor-, con su inseparable amigo Alfonso de Santamaria y nuestro Director Don José Gregorio Martín, de un año posterior, formaban la ‘célula’ de ‘filósofos’ del Colegio Mayor Santa Cruz de Valladolid… Cuenta que muchas veces se reunían después de cenar en el Colegio en casa del mayor, Valdeón, para escuchar Radio París en castellano e ir después a tomar una café en el ‘España’ de la Fuente Dorada.

 

Según la información que se comenta en la citada entrevista, Don José Gregorio debió de obtener la Licenciatura en Filosofía y Letras (rama Historia) hacia el año 1963, y seguramente uno de sus primeros destinos, sino el primero, debió de ser el de Astorga, donde actuó como Secretario del Instituto en los cursos 64-65 y 65-66.

 

Don José Gregorio es una persona académicamente muy preparada y personalmente muy campechana, cercana y bonachona. Se podía enfadar y cuando lo hacía… se veía que no estaba en su salsa, ni disfrutando de la situación. Por defecto era de carácter afable, no distante de los alumnos, con quienes alternaba, a veces, bromas y docencia en una mezcla no fácil de conseguir que hacía de sus clases sesiones muy llevaderas, amenas y efectivas desde el punto de vista estrictamente de aprendizaje.

 

Disfrutaba en la clase. Se le veía vivir las clases con alegría, entrega  y comprensión, conjugando perfectamente la cercanía y el respeto del alumnado, cosa que apreciábamos. Trabajábamos y disfrutábamos de sus explicaciones. No sé si todos, pero sí una mayoría.

 

Recuerdo sus clases de 4º, de Historia, en la Delegada, y aún guardo el grueso cuaderno de sus deberes diarios, que incidían, sobre todo en sus lecciones, explicaciones y apuntes.

 

Era muy activo. Daba las explicaciones de pie, caminando por los pasillos que dejaban los pupitres agrupados de dos en dos, de arriba abajo, de la pizarra a la parte posterior del aula, una y otra vez, acompañando sus explicaciones, si era menester, del ‘tacatá tacatá’ de sus dedos sobre las mesas de los alumnos… que simulaban los caballos en plena batalla.

 

Creo recordar que no seguíamos mucho el libro. La viveza de las clases era suficiente para marcar las líneas básicas de nuestros aprendizajes de Historia.

 

Las clases estaban divididas en tres periodos: Los primeros 10 o 15 minutos los dedicaba a preguntar a un par o tres alumnos por el tema del día anterior, sobre todo, aunque no únicamente. Ponía una nota en la cartilla que el día siguiente debías traer firmada de casa a modo de enterado. Los 30 o 40 minutos siguientes estaban dedicados a las explicaciones anteriormente mencionadas. Daba gusto oírle, eran clases amenas, incluso divertidas pues sabía administrar con muy buen criterio situaciones irónicas o graciosas que distendían las clases y lograban una complicidad no fácil de conseguir entre un profesor y sus alumnos. El tiempo restante, no más de 10 minutos, nos dictaba una o dos preguntas que debíamos traer respondidas por escrito de casa. Esos eran los deberes. Y no eran pocos, pues las preguntas que hacía estaban tan bien pensadas que las respuestas no venían contestadas directamente en el libro,  exigían un alto nivel de comprensión y una búsqueda a través de más de un libro… la mayoría de las veces.

 

 

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Tras varios años como Director del Instituto de la ciudad pasó a la Inspección educativa. Preparación, valía y talante no le faltaban. Algo temeroso, lo recuerda alguno de sus colegas, con los poderes fácticos del momento, sobre todo con los militares. Eran finales de los 60 y todo el mundo sabía que es lo que había pasado treinta años atrás. Más un Catedrático de Historia, que además era el Director de INEMA, un gran instituto, tanto por la formación que daba, como por la extensión que tenía a lo largo y ancho de sus 5 Delegadas.

 

Alguna de las obras de teatro representadas, comprometidas para la época, fueron protagonizadas por alumnado de los cursos superiores y dirigidas por profesorado del Departamento de Lengua de INEMA -Antonio Ojanguren, Constantino Freire o Mariano Franco-, es muy posible que levantaran vivas discusiones en el Claustro, donde las posiciones iban desde las más abiertas del citado Departamento a las más conservadoras representadas por, como no, Don Abelardo San Román. Don José Gregorio permitía las actuaciones… pero no sin miedo por lo que pudiera pasar… que no pasó, es decir por las represalias que podía tomar el Régimen frente a las obras representadas. Todo se fue quedando en algún simple ataque de nervios sin trascendencia que hoy podemos recordar con distancia y una cierta sonrisa cómplice. Afortunadamente.

 

Con la España de las Autonomías y la cesión competencias educativas a las Comunidades Autónomas (que se está consolidando como uno de los grandes errores de nuestra modélica Transición) Don José Gregorio Martín Moreno alcanzó el cargo de Inspector Jefe de la Inspección Educativa en Castilla y León. En la actualidad reside en Valladolid. Tiene problemas de movilidad y utiliza frecuentemente una silla de ruedas para desplazarse.

 

Muy celoso de su intimidad… nos ha sido muy difícil encontrar datos suyos a través de Internet, como fotos, aspectos de su vida, etc. etc.

 

Gracias Don José Gregorio. Gracias como profesor, y hasta donde sé… como Director de INEMA.

 

Próxima entrega: 5.3 Directores del Instituto. Década de los 70. Barreiro / De Paz

 

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