Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/07/2018
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Samuel Yebra Pimentel
15/06/2018

Informe sobre la despoblación. (Cuando la nada anonada)

Guardar en Mis Noticias.

[Img #37506]

 

 

Pasear por esos despoblados donde, salvo en verano, solo te cruzarías con sombras de ánimas permite apreciar lo que significa un desierto demográfico por encima de cualquier indicador estadístico.

 

Decía Arsenio García, todavía bien zahumado de alcrebite y pólvora, en la jornada sobre ‘La despoblación: análisis y propuestas’, celebrada en Astorga, el martes pasado, que con el tema de la despoblación hay que tener altura de miras. Hermosas palabras. A la altura de su mirada que se ha empequeñecido cuando pudo actuar en favor de la sanidad y la equidad de la ciudad que gobierna. Es más, pretendió capitanear la derrota de las reivindicaciones sanitarias de los pueblos con el apoyo de alcaldes desleales.

 

Otro político que se fue de la lengua fue Carlos Fernández Carriedo, consejero de la Junta de Castilla y León. Pareciera un lector tan obtuso del libro de Austin ‘Como hacer cosas con palabras’, que no lograra entender que ya las venía haciendo. Sus ‘expresiones ‘realizativas’ (performativas) fueron de un total infortunio, de esas que el filósofo denominaría ‘actos insinceros’. Pues no dice que: “La Junta de Castilla y León garantiza los servicios públicos de calidad y equidad y su mejora en el territorio del mundo rural.” ¿Por dónde empezar? ¿Por las garantías de la atención médica a los pueblos? ¿Por la eficiencia de los transportes públicos? ¿Por las cacareadas ayudas a la actividad empresarial rural y de las mujeres? Todo  esto se ha ido deteriorando desde que desde la Junta y la Diputación entonan la guitarrilla y pasacalles de la recuperación de la vida en los pueblos.

 

Pero aun si algo de todo esto hubiera sido hecho sería insuficiente. Se habrían limitado con ello a los aspectos de gestión cotidiana, sin integración en plan estratégico alguno e incumpliendo los procedimientos que le pudieran haber dado continuidad.

 

Es cierto que Castilla y León dispone de un documento programático consensuado en 2005 por los dos principales partidos pero, salvo con algunas medidas aisladas, deslavazadas y al margen de todo plan fiable, lo único que han conseguido es sumar al vacio la nada. La nadería.

 

Parece coherente que Juan Martínez Majo hable de lo que podría ser y no de lo que es; pues todavía parece capaz de separar en el discurso la realidad de su deseo. Pero esto no nos lleva más que a una imposibilidad perpetua, sin principio ni fin, (añádanle si tienen a bien una ese a estos dos calificativos) en la que la nada y el vacío mutuamente se encarnan. 

 

Podrían ya haber realizado, que no es sino traer a realidad, alguna de esas propuestas que venimos oyéndoles desde el principio de los tiempos. Y ojo que hablamos de un tiempo mítico: “Promover políticas económicas que favorezcan la diversificación del tejido productivo”. “Utilizar recursos endógenos como valor añadido para fomentar la competitividad y la innovación.” “Fomentar el empleo femenino e impulsar la formación”. “Ofrecer servicios educativos y culturales”, equipamientos sociales, guarderías, ludotecas y piscinas. “Establecer una red adecuada de transporte entre los pequeños municipios y las cabeceras de comarca”, en vehículos automáticos le faltó añadir. Pudieron haber rematado con que dispondríamos de jacuzzi gratuito.

 

Parecen nuestros políticos con sus programas, recién salidos de un cursillo a despropósito para presidentes de Diputaciones de la España Vacía; 'cursito' al qué no dudarían luego en tildar de ‘Máster', si fuera preciso engordar el currículum.

 

¡Bienvenidos al desierto de lo real!

 

Y vuelvo al comienzo de este artículo. Vayan los que así hablaron a los consultorios médicos de los pueblos, intenten acercarse desde ellos a su cabecera de comarca en transporte público, vean en qué condiciones trabajan las mujeres, pregunten por las ludotecas.

 

Así que mejor hubiera sido que estos gobernantes que participaron el martes como ponentes en la ‘Jornada sobre la despoblación’ lo hubieran hecho como oyentes, y cedieran su tiempo para intervenciones más sustanciosas que propusieran soluciones cualitativas, y luego se preocuparan, si de verdad les importa, por el ‘cuanto’, y se dejaran de vana palabrería.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress