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Esteban Carro Celada
16/06/2018
ARRIERÍA MARAGATA: CONDUCCIÓN DE CAUDALES

Un negocio de arriería en Santiago Millas (III)

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Tercera entrega del libro desconocido de Esteban Carro Celada sobre la empresa de conducción de caudales 'Alonso Cordero y Franco Hermanos', fundada en Madrid por tres maragatos de Santiago de Millas, el 3 de febrero de 1832.

 

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(...)

 

Cuando se da noticia a Ramón Vázquez de que se han instalado juntos los hermanos Alonso Cordero, se le manifiesta el por qué se han acordado de él: “Valiéndonos de la confianza que nos merece y de los favores que nos ha dispensado”. Otro matiz lo expresa la carta dirigida a Víctor María de Silva Gutiérrez, en el 18 de febrero de 1832, acompañándole la circular, esperando tener de él “igual favores, que los que le merecimos cada uno en particular. Siguiendo las bases convenidas con nuestro socio, don Santiago, adjuntos remitimos dos libranzas”. 

 

Se anticipa también, que al cambio de socio, en la dirección de la empresa, los corresponsales han de “remitir un extracto de la cuenta seguida con la compañía para la debida conformidad”.

 

Cuando un corresponsal tiene que abonar una letra y no tiene dinero se le proporcionan soluciones. Tal es el caso de lo sucedido con Juan Prado Lence, de Lugo, que ha de hacer frente a una letra aceptada: “para reintegrar de dicha cantidad si aún no hubiese llegado a esa Gabriel, nuestro comisionado, se servirá presentarle esta carta para que en vista de ella deje a usted los fondos que trae en conducta”. De todas maneras le sugieren que haga frente a la letra, porque le van a enviar una libranza de mayor dinero que la letra, en el próximo correo.

 

Los conductores se debían de ayudar para mutua defensa. Esta es la orden que le da Santiago Alonso Cordero a Pedro García Matanzo, para que permanezca en Santiago de Millas hasta tanto baje de Galicia Gabriel: “pues debéis venir juntos”. Para que no pierda el tiempo le combinan una serie de visitas comerciales Astorga, Benavente o Zamora.

 

Cuando Gabriel llega a Santiago de Millas procedente de Galicia aún recibe un fajo de 50 libranzas que ha de hacer efectivas hasta antes de llegar a Madrid. Son del Tesorero de Rentas, de la Tesorería de Propios, del Cabildo de Zamora y de Salamanca, así como de muchos particulares.

 

Aún esta conducta se complicará más, no la quieren distraer llevando toda la algarada de mulos y carromatos a Ciudad Rodrigo, pero hay que cubrir Ciudad Rodrigo. Por eso, dice: “si viene el primo Manolo Alonso le mande y si no que vaya dejando las caballerías y caudales a su cuidado, con la debida separación, porque cada uno pueda dar cuenta exacta de lo que ha cobrado y cuidarás de la conducta sin que se confunda lo tuyo con lo suyo”.

 

Podemos conocer otro nombre. En Santiago de Millas está el criado de Bernardino Franco, el consorcio de la empresa. Se llama Pedro Pérez y se le dice que salga el martes posterior al 22 de febrero hacia León “con el encargo de que las cobre, para que no se retrasen en la llegada de la conducta a Madrid”. Por diversos canalillos ha ido llegando un río de dinero hacia Santiago de Millas, aparte de lo que aún han de cobrar por el camino.

 

 

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Por eso todas las preocupaciones son pocas. Y esta caravana al llegar a la Corte con las máximas precauciones. Lo dice Santiago Alonso Cordero, a su comisionado de más confianza, Gabriel: “sacarás la bandera de casa, pues es necesario venga una conducta tan respetable, con toda formalidad y seguridad y bien custodiada de escolta”.

 

La organización no obra con exclusivismo. Vázquez el de Ponferrada ha entregado 50000 reales a la conducta de Gabriel. Los otros 50000, según las instrucciones que recibe de la cabeza, se refieren a que los entregue a otro maragato, que hace la guerra por cuenta, entregándoselos “al tránsito por esa del primo Esteban Alonso, que los conduzca a Madrid”.

 

La rapidez es un factor importantísimo del desarrollo del negocio: “si por algún incidente, Gabriel estuviese aguardando el pago de libranzas tendrá la bondad de decirle que no se detenga y marche a casa donde encontrará la carta”.

 

Los corresponsales se prevalen de esta relación con los maragatos de Madrid, para pedir favores. Así Santiago Sáenz Muñiz les envía una solicitud para que la diligencien. se trata de un negocio en Orense “para cuya obtención no omitiremos paso ni diligencia”. Es Santiago Alonso Cordero el que se encarga y el que visita. Es el más activo conocedor de los secretos de los ministerios. El 25 de febrero se le contesta que se ha entregado la solicitud y “aun cuando por desgracia nuestro mayor amigo que es el secretario, se haya actualmente enfermo, sin embargo consideramos que se restablecerá pronto, para servirnos según acostumbra a hacerlo”. Era este secretario el que les favorecía en la obtención del abundante material monetario para el acarreo de las conductas. Resulta que no competía el asunto a la dirección general, sino a uno de los directores generales, con el que se avista Santiago Alonso Cordero. Le comunica que no podrá ayudarle, porque la propuesta del señor de Orense “no cubre el producto del último año, por ser muy baja”. Los maragatos no se dan por vencidos, con tal de atender sinceramente a uno de sus corresponsales. Después de otras muchas cartas le escriben el 7 de marzo: “nuestro socio don Santiago se avistó con el señor Pinilla. Esta noche ha vuelto a estar con él ofreciendo aumentar la propuesta”. Luego le recomiendan: “conviene que no haga mal servicio, pues de lo contrario no servirá, y ha quedado en que vuelva más despacio a hablarle”. Diez días más tarde el asunto está paralizado “por haberse muerto un nieto del señor director y están hoy,  (17 de marzo), de duelo”. Esta es una muestra del poder y de la atención de estos hombres sencillos, que servían a su interés, por medio de la amistad, haciendo favores a los demás.

 

Lo que no imperaba era la trafullería. Son buenos cumplidores de las prescripciones legales en materia de comercio. Un día escriben a Santiago Carro para que cobre 130 mil reales. Se plantea la reducción de la calderilla, y para ello le manifiestan la manera como ha de hacerlo tal como estaba estatuido: “si le entregaran calderilla debe sacar factura de pago, firmada por el Tesorero e intervenida por el Contador, y certificación del cambio a que se reduzca la calderilla en papel sellado, firmada de tres comerciantes, suponiendo la procurará colocar al menor quebranto posible” (25 de febrero de 1832).

 

 

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El oro del Sil

 

Ahora surge un tema nuevo. El oro del Sil. Ramón Vázquez desea ampliar su carácter de corresponsal y les pregunta qué ha de hacer en el caso de poder adquirir oro en pepitas de las aurianas del río Sil. Le contesta Santiago Alonso Cordero: “acerca de lo que usted dice de si ha de comprar o no el oro que se presente del Sil le prevenimos que, siendo de buena calidad, puede tomarlo y remitirlo para su negociación; aún está sin colocar la barrita que dirigió por las muchas ocupaciones que ya conocerá hemos tenido todos, pero tan luego como se negocie, daremos aviso”. Se refiere a Don Santiago. A él envió la barrita antes de la fusión de los tres hermanos en sociedad, y la falta material de tiempo también se plantea en este mismo orden: Las diligencias practicadas para la puesta en marcha de la organización que analizamos.

 

La barrita es negociada a principios de abril. El 4 de ese mes Santiago Cordero escribe a Ponferrada. En la carta a Vázquez podemos leer estas palabras “Adjunta va la nota del contraste y valor que le dio a la barrita de oro (del Sil) que usted me remitió. Y verá si tiene cuenta, porque nada ha dicho de lo que le constó en esa, y luego haga lo que mejor le parezca teniendo utilidad”. Le envían una letra de 3000 reales. Le dicen que puede quedarse con ese dinero de Pascual “para dar principio a comprar oro, si es que tiene cuenta”.

 

Ramón no solo anda con el oro entre la masa de las manos. También quiere una colocación. Como a lugar seguro y casi infalible escribe. La correspondencia es expresiva, sincera y realista, confiada y amistosa. Por de pronto aseguran que “practicaremos cuantas diligencias sean necesarias, a fin de ver si se puede conseguir lo que desea”. Le amonestan a que no confíe demasiado, porque hay orden de que “no se coloque a nadie interín no estén empleados todos los cesantes, que disfrutan sueldo”. Insisten en una carta del 24 de marzo: Le “escribió ya el amigo don Manuel lo que había sobre el particular y acerca de su colocación le manifestamos que por nuestra parte practicamos las diligencias que estén a nuestro alcance, en su beneficio, pudiendo estar persuadido que las órdenes son terminantes para que no se dé ningún destino sino a los cesantes que disfrutan sueldo, y que de todos modos convendría viniese propuesto, en cuyo caso sería algo más fácil”. 

 

(Continuará...)

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