Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/07/2018
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Aidan Mcnamara
22/06/2018

Conciertos y concertinas

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Cuando salgo con Mefistófeles (que pudo haber sido el padrino de Mafalda), hablamos del buenismo entre otras cosas. A veces coincidimos al intercambiar opiniones. Porque hablar es más fácil que actuar. Pero por lo menos hablamos. En esta ocasión (de copas en Kosovo) hemos hablado sobre la tragedia. Yo opino que la tragedia es el detonante de la imaginación en el terreno político.

 

Y luego nos hemos reído bastante a la hora de definir la imaginación. Sin embargo, una de las cualidades ciertas de esa maravillosa categoría, que es como soñar sin dormir Y RECORDAR, y sobre todo en el plano político, es la anticipación. Basada en experiencias ya vividas. Porque todo el mundo sabe que es de necios irse a playa sin informarse sobre el estado de ésta (Gijón, aguas fecales, Málaga, medusas fecundas), o sea, actuar sin el uso de lo que podríamos nombrar la imaginación aplicada, basada en la Historia. ¿Qué pasa si…? Etc.

 

La política y la imaginación son dos vocablos que no solemos ver juntos sin ironía, desdén, sorna o burlas a expensas de la gente de bien, es decir de los ingenuos, humildes y, por supuesto, impotentes. (Yo, el primero. No tengo ni coche oficial, por no decir un padre Rey que me preste un millón de euros para ayudarme con mi estatus inmobiliario). Porque es más fácil asignar el papel de la imaginación a un rango considerado más inocuo del juego de la vida como puede ser el arte. La hermosa paradoja de la razón, de nuestra capacidad de emplearla, es que nos ayuda a separar las cosas y, a la vez, a juntarlas, conectarlas. Pero nadie tiene razón sin poder imaginar la posición del otro.

 

Está de moda hablar de la transparencia en democracia. Y así debe ser. (Ésta ha sido la expresión de una convicción y no la constatación de un hecho científico. Véase (https://elpais.com/sociedad/2014/02/25/actualidad/1393359312_016310.html).

 

Sí, lo que nos falta es mucha transparencia a la hora de imaginar el futuro. Pero en democracia, el futuro viene dividido cómodamente en plazos de cuatro o cinco años, con más programaciones idealistas por parte de los grupos políticos que ejercicios de la imaginación aplicada. Me refiero, entre otros asuntos, a lo que yo llamo la comedia de las siglas.

 

La LGE, 1970.

La LOECE. 1980.

La LODE, 1985.

La LOGSE, 1990.

La LOPEG, 1995.

La LOCE. 2002.

La LOE, 2006

La LOMCE, 2013…

 

Pero, basta de pedantería abstracta. Ahora viene la parte divertida.

 

Mefistófeles: ¿Por qué estoy en esta columna?

 

Yo: Porque eres el abogado del diablo.

 

M: Sólo soy un personaje del folklore alemán y…

 

Yo: Tranquilo, el diablo es sólo un personaje del folklore universal.

 

M: Es que no he entendido todo ese rollo tuyo… ¿La tragedia es el detonante de la imaginación?

 

Yo: La imaginación también entendida como un camino hacia la empatía.

 

 

Yo: Me refiero al caso de Savita Halappanavar. (https://es.wikipedia.org/wiki/Savita_Halappanavar)

 

M: Ah, el referéndum irlandés sobre el aborto.  

 

Yo: Pienso que, a la hora de buscar soluciones, tenemos que ver a un niño mejicano separado de sus padres en una jaula o el cadáver de su tocayo (poéticamente hablando) fotografiado en las orillas del Mediterráneo… ¡Como si jamás nos hubiéramos percatado de tales cosas…!

 

M: ¿Y por qué estamos en Kosovo?

 

Yo: Para hablar de la falta de una política exterior paneuropea.

 

M: Ah, un tema complicado. Ya caigo: Italia apoya la republica de Kosovo y España no.

 

Yo: Claro y La Liga Norte (que suena a ‘jugar al fútbol en la tundra’) apoya la independencia de Catalunya y…

 

M: Y tú sigues pensando que el diablo no existe. Por cierto, ¿para qué sirve levantar vallas en Ceuta y Melilla si no son, ejem, eficaces?

 

Yo: Ya. Supongo que tú propondrías electrificarlas para poder quitar las concertinas.

 

M: No pongas palabras en mi boca. Y además, yo llevo años riéndome de la falta de fronteras fiscales.

 

Yo: Sí y, sin embargo, los paraísos fiscales tienen unas fronteras perfectamente concertadas y tácitamente apoyadas por la CE.

 

M: Y los estados africanos… ni son estados, ni muy africanos… ¿Quieres otra Coca Cola?

 

Yo: No. Yo creo en la medicina preventiva. Además, China se está metiendo en África más que el Tío Sam.

 

M: ¿Un Aquarius, tal vez?

 

Yo: Muy gracioso. Es de la misma empresa.

 

M: Bueno, te concedo que la ayuda humanitaria refleja el fracaso de la política.

 

Yo: Ya, ya. Como la guerra.

 

M: ¡Oye! ¿Cómo se dice ‘efecto llamada’ en inglés?

 

Yo: ‘Smartphone’. El otro día vi a un senegalés grabando los miles de productos en las estanterías de Hipercor y le ofrecí la oportunidad de hacer un cortometraje protagonizado por mi tarjeta sanitaria.

 

M: ¿Oigo cinismo reaccionario a pesar del resultado de la moción de censura y el buen funcionamiento de la justica ya que el balonmanista -entre otros- está en el talego?

 

Yo: O entre otras.

 

M: Las Teresas de Ávila.

 

Yo: Es muy pronto para sonreír y, además, todavía no sé quien ha sido el negro de Ana Rosa Quintana.

 

M: ¿Quién?

 

Yo: Tampoco tiene importancia. Estarás contento con el circo de las primarias del PP que va a dominar los medios de comunicación estos días.

 

M: Pues realmente no me importa, porque ya tengo suficiente con que La Roja nos distraiga de la política exterior de Putin. Y con las ventas récord de armas bajo el mandato de Cospedal.

 

Yo: Es verdad ¿Tomamos la penúltima en Chechenia?

 

M: No, no, no. Mejor en Crimea, que es más divertida.

 

Y así fue. De zona de conflicto en zona de conflicto. Hasta que dimos con Juan José Millas en un tugurio de Washington lamentando, entre sorbitos de un magnífico vino del Bierzo, que su libro sobre el caso Nevenka no hubiera inspirado el movimiento #metoo. “Ya, Juan”, le dije, “tienes razón… pero no tienes un par de cadenas de televisión.”  Esto de salir con Mefistófeles, no obstante, no lo recomiendo para menores de cuatrocientos años. Su actitud es totalmente contagiosa. Y apesta.

 

  

 

 

    

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