Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 25/09/2018
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DETRÁS DE LA HUELLA DEL INEMA
Juan Antonio Cordero
25/06/2018

Década de los 70: Barreiro y De Paz

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5.3.1 Don Manuel Pérez Barreiro.

 

Don Manuel Pérez Barreiro, Catedrático de Medias, Profesor de Filosofía del INEMA, y también director del mismo durante los cursos 1970-71 a 1976-77.

 

Quisiera hacer un doble comentario de Don Manuel. Es difícil pero intentaré desdoblarme y mostrar, primero, las opiniones que tuve de él como alumno, y segundo, los valores que le reconozco como persona tras intentar hacer abstracción de las clases y del INEMA.

 

Respecto al primer punto, como estudiante, mis comentarios serán encuadrados en la memoria y los recuerdos que de él tiene un alumno, de su clase de Filosofía de 6º. Allá por el año académico 1970-71.

 

No será desde mis recuerdos como estudiante y alumno desde donde saldrán mis loas de Don Manuel.

 

Yo, en general, no aprendí mucha Filosofía en ese curso, ni tan siquiera que la Filosofía podía ser una disciplina bonita, si te asomas a lo que es la historia del pensamiento humano.

 

De Don Manuel como profesor de Filosofía, realmente no aprendí mucho y recuerdo bastante menos los contenidos del programa que la moralina y las retrancas de sus comentarios sobre el sexo y costumbres, que representaban una fuerte ortodoxia comparados, incluso con otros curas, más abiertos y, digamos, vaticanistas. Los nuevos aires referentes a estos aspectos, recogidos en el Concilio Vaticano II, clausurado 5 años antes, no entraron por ese bastión, sino por otro grupo de sacerdotes (en aquel momento), de los que puedo recordar algunos como Don Gabriel y el Padre Ruiz, de Redentoristas, Don Tomás, del Seminario, o Don Patricio y Don Faustino, párrocos de Rectivía y San Andrés... que lucharon, todos ellos y según su propio criterio, contra el distanciamiento del Catolicismo oficial y la gente de la calle. Y que en buena parte consiguieron, creo yo.

 

 

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Pero sigamos con los recuerdos de mis clases de filosofía, que como no son demasiados, no lograrán aburrir en demasía al lector. Ahí van:

 

1.- Algo se Silogística.

Barbara, celarent, darii, ferio… Cesare, camestres, festino, baroco…

 

Premisas y conclusión, medios y extremos, Universales-Particulares…, modos, etc.

 

2.- Demostración de la existencia de Dios. Santo Tomás de Aquino y San Anselmo.

 

Sus clases no eran aburridas. La distancia entre él y el alumno era grande sobre todo si se intentaba preguntar alguna cosa que no estuviera en completa sincronía con lo que nos trataba de enseñar o inculcar… aunque no todos tratábamos de aprender. Al menos siempre.

 

Dominaba la clase, cosa que tampoco era difícil en aquellos tiempos, y lo hacía con rotundidad.

Su arma favorita: el sarcasmo, el dejar en ridículo despreciando pequeñas críticas que algún alumno podía hacer a su discurso supuestamente abierto y cercano.

 

También recuerdo algunos adjetivos de uso frecuente que nos colocaba a unos, a otros o a todos, en base a su humor o su estado de ánimo, al agravio o a la afectividad que deseaba transmitir. Algunos de ellos eran estos:

 

. Hijos de la gran… Bretaña. Reservado como calificativo colectivo, dedicado a la clase entera, normalmente por un comportamiento desajustado con el modelo de la casa (hablar entre clase y clase…)

 

. Pelagón/pelargones. El pelargón fue la primera harina lacteada que apareció en España de la mano de Nestlé en 1944 y que alimentó a la mayor parte de los niños de los 50. Tanto fue así que a los niños de los 50 fuimos conocidos como la generación del Pelargón… aunque en su momento lo desconociéramos.

 

Con el tiempo llegué a pensar que el adjetivo ‘pelargón’ que nos dedicaba a veces tenía connotaciones claras de mofa, como dicho con escarnio a alguien que había necesitado de medios artificiales para su supervivencia. Es decir, algo así como “por ti mismo, no tienes explicación… porque tu existencia puede ser explicada por la citada harina lacteada…”. Es posible que me esté excediendo en la interpretación, pero el evidente enfado de Don Manuel… no deja mucho margen de libertad. Resumiendo, por el tono y en el contexto concreto, las connotaciones de ‘pelargón’ buenas no eran, y neutras, tampoco.

 

. Filhinhos da miña vida. Cuando Don Manuel utilizaba, así, en gallego, este apreciativo, es que quería dar un toque condescendiente y paternal a los adjetivados. Generalmente significaba que no había excesivos problemas en lo que intentaba de corregir. Su humor era asumible y trataba de sugerirte un cambio de actuación si querías evitar males futuros.

 

 

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Mantenía un discurso no monótono, con cambios de decibelios y entonación, suficientes para mantener la atención del alumnado que, más bien, estaba poco interesado en sus lecciones.

 

Creo que era un apasionado y cuando se enfadaba, su cara enrojecía, hinchaba la vena y sacaba toda su artillería retórica, que no era poca, las clases podían vivirse con un cierto pánico, eso sí, sin llegar a los niveles del film ‘Pánico en las Aulas’ de Lamont Johnson.

 

Los accesos de ira o de enojo de Don Manuel solían ir seguidos de una sonrisa, que a mí me parecía básicamente una sonrisa cínica que era compartida con un suave y lento paseo de su lengua que humedecía las comisuras de sus labios mientras descansaba, saboreaba y seguramente, se felicitaba por la brillantez de sus argumentos y por la contundencia de la reprimenda. El broche lo ponía un pañuelo blanco sacado del bolsillo derecho de su sotana negra que limpiaba labios y comisuras… seguramente de humedad.

 

Hasta aquí, ‘grosso modo’, lo que recuerdo de sus clases, o casi todo lo que recuerdo de sus clases, como alumno.

 

Es como si el paso del tiempo nos hiciera más comprensivos con lo que de niños o jóvenes detestamos, como si la comprensión con los demás nos facilitara una cierta comprensión de nosotros mismos, de lo que somos, de lo que fuimos... y, puede ser, de lo que seremos.

 

Por eso, aparte de los recuerdos, o mejor dicho, en paralelo a ellos, hay reflexiones que no puedo dejar de hacer y hechos que tampoco puedo dejar de reconocer.

 

He de reconocerle a Pérez Barreiro el gran empuje como luchador nato, una gran pasión por convencer (a veces sólo vencer) de sus ideas, la campechanía, cercanía, popularidad y capacidad de conexión que tenía con  la gente, la claridad con que se expresaba (que podía sorprender a los más mojigatos).

 

La corrección política no era su punto fuerte y llamar a las cosas por su nombre y dar un mensaje nítido e inteligible (independientemente de que guste o no), da cercanía, camaradería y te hace jugar en el mismo equipo de quién te está escuchando. Un taco dentro de una clase, una alusión en gallego dentro de una homilía… le daba un toque complicidad frente al clero ‘ad usum’ en Astorga, más  bien jerarquizado y distante de los problemas reales de la gente.

 

Dejó huella en los lugares por donde pasó. Huella positiva. Era cercano a la gente, y valorado incluso por seculares rojos que veían en su cercanía un cambio positivo y necesario de la Iglesia.

 

Don Manuel era ‘O cura do Mazo’ en sus tierras gallegas, incluso después de haber sido Inspector de Enseñanza y/o Delegado Provincial del Ministerio de Educación en Orense.

 

Campechano, dicharachero, cercano y querido por la gente, hijo predilecto del Concello de Villamartín, con una calle con su nombre, cofundador de la residencia Virgen de los Milagros de Valdegodos, y creador de varios colegios e institutos en varias villas.

 

Querido por muchos, detestado por algunos, odiado por otros. Indiferentes para ninguno. Que en paz descanse.

 

5.3.2 Don Ángel de Paz.

 

Toma la Dirección de INEMA sucediendo a Don Manuel Pérez Barreiro, en cuyo equipo ya venía trabajando desde distintos frentes, el último, tras la jubilación de Rafael Tejeiro, como Secretario.

 

Su acceso al cargo vino precedido de una votación en Claustro que el Director saliente montó con carácter consultivo o no vinculante, pero también para dejar patentes algunos hechos producidos en los últimos tiempos que hacían referencia al comportamiento de desgaste de un activo grupo de oposición y del que ya hemos hablado en el en punto Mérida P. 1971-80. Un lento fin de época.

 

Comenzaban a quedar atrás una época y se empezaba otra llena de esperanza y también de dificultades, prisas y apresuraciones por acceder a los puestos de poder. La democracia no es fácil en los primeros momentos, porque abundan más los gestos que las convicciones y las formas que el fondo.

 

También quedaban definitivamente atrás el uniforme, los Ejercicios Espirituales, las celebraciones religiosas obligatorias, los cupones, la fuerte disciplina y la enorme distancia entre profesorado y alumnado, como antes lo había hecho el Muro. Y todo ello, en el caso de INEMA, venía de la mano de Don Ángel de Paz, un demócrata centrista con una gran preparación, excelente capacidad de trabajo, ilusión por el cambio y una envidiable inteligencia social que le hacía formar y gestionar buenos equipos de trabajo con autonomía y capacidad de decisión.

 

 

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No debió de ser fácil dar cuerpo y forma a multitud de nuevas situaciones e intereses que surgían casi a diario: participación de padres y alumnos en la actividad del centro, promulgación de normas y/o leyes educativas que se solapaban u oscurecían el quehacer inmediato, cesión de Competencias Educativas y mecanismos de control del Sistema Educativo.

 

Sin más estridencias de las consideradas normales y asumibles, se iba cerrando un capítulo, un cierto concepto de Instituto, de INEMA, que había nacido 35 años atrás, el curso 1944-45 de la mano del Obispo que aún le daba su nombre y de Don Julio Montoya. Un Instituto, como todos los demás, asentado en los principios, estructuras, leyes, normas y reglamentos del franquismo, como todos sus olores y sabores.

 

Con Ángel de Paz, sin humillaciones ni venganzas, con guante blanco, por fin se descabalgaba a Don Abelardo, como símbolo más granado de un largo pasado. Quedaba desnudo y desprotegido de la sotana de su poder, sólo, como un simple profesor de a pie. Y le costó asumirlo… porque debe ser muy duro presenciar el derrumbe de todo aquello en lo que has creído firme y fielmente durante toda tu vida. Y creído, absolutamente, con total dedicación, sin complejos, sin dudas ni grietas que pudieran facilitar este desenlace. Muy duro… porque el exceso de convencimiento, la absoluta seguridad… y toda una larga vida profesional deben de empujar fuerte frente a la resignación ante a los nuevos tiempos. No entendió, o no quiso entender el cambio de la Dictadura a la Democracia. No entendió, o no quiso entender el interregno entre ambas ni utilizarlo como periodo de adaptación. Ahora le llegaba todo junto en un bocado amargo como hieles. ¡El rey ha muerto!¡Viva el rey!

 

¡Difíciles tiempos aquellos que lo son de cambios de unos dioses por otros! Cambios de sillas o poltronas, cargos y más cargos, nuevos despachos, multitud de puestos intermedios rápidamente copados por los medrantes hiperactivos de todas las ideologías o de ninguna, en resumen, más inversión de tiempos y esfuerzo en generación de superestructuras que en ampliación de infraestructuras… entendidas ambas en su sentido marxista. Más improvisación desde arriba que cambios profundos en la base.

 

 

Próxima entrega: 5.4 Directores del Instituto. Décadas 80 y 90. Memi / Ortiz

 

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