Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/07/2018
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Roberto Prada Gallego
8/07/2018

Desmemoriados

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Ahora que parece haber cierto consenso entre distintas fuerzas políticas con el beneplácito o, cuando menos, la indiferencia de parte de la sociedad española para el acercamiento a cárceles próximas al País Vasco de los terroristas de ETA resulta necesario reflexionar qué país queremos. La otra semana la 2 de televisión española emitió el documental ‘Una mañana de invierno’ que recrea el atentado de ETA contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza y recordé que no hace tanto tiempo no había un día en el Telediario que no se hablara de esa banda terrorista. Que de las más de ochocientas víctimas mortales doscientas quince son guardias civiles. Dichos así reflejan muy bien lo que eran en aquellos tiempos. Números. Los guardias civiles que asesinaban eran sólo números. Solo de ese modo se entiende que en plenos años de plomo un autobús lleno de guardias pasara por el centro de Madrid sin ningún tipo de seguridad y control especial. Que sus mujeres tuvieran que mentir sobre la profesión de sus maridos, que los uniformes se tendieran de manera que no se mostraran fuera de la vivienda y que sus hijos cuando tenían que poner la profesión de sus padres en el colegio escribieran simplemente Funcionario. Como en este tema no hay que predicar un justo medio, porque entre lo verdadero y lo falso no caben medias tintas, el que realiza la conducta típica de matar acarrea la consecuencia jurídica que corresponda. Pues bien, que se resuelvan los más de trescientos crímenes que quedan por resolver. Y no ya que se ilegalicen, pero bien estaría que se abriera un debate político sobre aceptar representantes políticos de ETA en la sede de la soberanía nacional. Diputados imputados por corrupción no, y muy bien que así sea, pero por la corrupción más abyecta que existe que es la de los atentados, la extorsión y el secuestro, tampoco. 

 

Aunque se haya disuelto nada hay que agradecer a ETA, ni con quien la represente o defienda sus intereses. Tampoco la cara dura de esos mediadores internacionales que por un buen chuletón apadrinaban cualquier acuerdo por más que ese acuerdo apestara.

 

 Entiendo que es un contexto complicado, sobre todo en el País Vasco donde la primera fuerza política es el PNV, que legitima constantemente a esa organización terrorista, y la segunda es Bildu, ayer Sortu, antes de ayer Batasuna y siempre ETA. El miedo es libre y cada uno batalla con él como puede, no reprocho que sólo fueran capaces de salir a la calle cuando ya la pistola apuntaba sin distinción, pero flaco favor estaríamos haciendo a todos aquellos que defendieron los valores constitucionales superiores: la justicia, la libertad y la igualdad, si no los recordamos y agradecemos, a ellos sí, el haber comprado más papeletas que nadie para terminar bajo tierra y pese a ello, por sus firmes convicciones democráticas, persistir y resistir. A las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, a todas esas personas que, en toda España, y especialmente en Euskadi, lucharon por la democracia cuando el totalitarismo de unos pocos oprimía al resto que pensaba distinto. A Fernando Savater, intelectual comprometido que gritaba en medio de los silencios y el abandono de unos compatriotas que sólo comprendió a ETA cuando ETA apuntó a todos. Mi afecto y recuerdo a todos los que hicieron callar para siempre. 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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