Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 16/08/2018
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Max Alonso
5/08/2018

Al Capone

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Mi anterior opinión publicada en esta misma sección de La Tercera Columna de Astorga Redacción ha molestado visceralmente a algunos que me han obsequiado con una negativa crítica personal. Yo no defendí la inocencia de los munícipes astorganos investigados por la Justicia. Eso es algo que está por ver hasta que no concluya el proceso. Defendí la presunción de su inocencia, derecho que les asiste y que hace grande la democracia. Y de eso no me apeo.

 

Por no recordar más casos de políticos procesados solo voy a consignar dos. El primer presidente de la Comunidad de Castilla y León Demetrio Madrid, fue acusado de un  delito social que había cometido en una de sus empresas y sometido a un proceso que le llevó a perder la presidencia de la comunidad de mala manera. Tiempo después resultó absuelto. El también presidente de Aragón José Marco, fue acusado y sentenciado como culpable de haberse llevado a su casa un sillón, con lo que perdió la presidencia e hizo perder el Gobierno a su partido. Ambos eran socialistas. Si se hubiera mandado para su casa a todos los políticos que se han llevado al menos un sillón cuantos estarían sentados en su casa. La corrupción que nos asola no es toda la que hay.

 

La presunción de inocencia pretende salvar de penas injustas a quienes se ven acusados sin haber delinquido y librarles de pagarlas, a veces mucho, antes de ser sentenciados. Ese era el verdadero argumento sobre el que llamaba la atención en el caso de los ediles astorganos.

 

Tenemos un sistema penal garantista y ahora, lo repito, en la presunción de inocencia está parte de la grandeza de la democracia. Respetémosla y cumplamos con ella antes de comportarnos como justicieros de tiempos no tan lejanos por fortuna parcialmente superados. Por eso y nada más que por eso afirmé que no había que aprovechar que “el carro iba al molino para cargar en él las patatas”. Patatas o castañas, lo mismo da, que lo que no hay que hacer es disparar al aire para ver que pájaro cae.

 

Es un tópico decir que el gánster de Chicago Al Capone fue encarcelado por un delito fiscal, el menor de tantos otros grandes delitos por los que se le podía haber acusado. Cabe consolarse de que al menos por ese delito se le encarceló pero por otros no pagó. Las noticias que van apareciendo sobre la Trama Enredadera (en Eldiario.es, Ileon y Astorga Redacción después del levantamiento del sumario de León) hacen el tema más preocupante de lo que en un principio pudiera parecer porque por encima de la reiterada corrupción política y económica, lacra de estos tiempos, apuntan otro delito de mayor novedad: el uso impune y sistemático de los medios informativos, en plan mafioso, como elemento precipitante de la corrupción, es decir una corrupción secundaria empleada como inductora de la habitual. 

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