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DETRÁS DE LA HUELLA DEL INEMA
Juan Antonio Cordero
21/08/2018

Repasando la Secundaria

Guardar en Mis Noticias.
 
 
Reconozco, de entrada, que hacer una revisión histórica de cómo ha ido evolucionando el concepto de Educación Secundaria, Segunda Enseñanza o Enseñanzas Medias, y derivados, y apoyar dicha evolución en textos legales… no es la más divertida de las opciones posibles cuando me siento delante del portátil con idea de escribir algo sobre el INEMA. 
 
 
Ciertamente he estado dándole esquina a este deber largo tiempo, lo confieso. Me resulta extraordinariamente sencillo hacer cualquier cosa… cuando no quiero hacer una cosa concreta. Pero creo que lo tedioso de revisar legislación y cotejar conceptos, viendo cómo Penélope ha ido haciendo y deshaciendo casi a su antojo, puede tener su lado bueno. Y este lado es constatar lo difícil que ha sido llegar hasta aquí, hasta donde estamos, los cientos de años que nos ha costado dar este paso. Tomar conciencia de que lo que tenemos no ha surgido por generación espontánea sino de un largo proceso, también tedioso, del que, creo yo, tenemos que hablar, incluso que predicar aunque sea a voces… con tal de que las generaciones posteriores a la nuestra lo conozcan, lo cuiden, lo valoren, lo mimen y no lo pierdan por desconocer su importancia. 
 
 
En resumen, transmitir lo más nítidamente posible que lo que tenemos, la educación pública, gratuita y generalizada, ha necesitado de mucho tiempo y esfuerzo, y que una joya no pierde su valor sólo por llevarla puesta todos los días… sino por dejarla de admirar como tal para verla como un simple piedra.
 
 
 
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Pero bien, dejemos la lírica. El concepto de Enseñanza Segunda, Secundaria o Medias, por utilizar las tres acepciones más usuales, no siempre ha tenido la claridad y definición que tiene en la actualidad, como tramo intermedio entre la Enseñanza Básica y la Superior, y ello porque, en el fondo, tampoco estaba delimitado el alcance del concepto Educación sobre todo en términos de universalidad, gratuidad…
 
 
Si iniciamos el cronómetro a finales del S XVIII o comienzos del S XIX, vemos que la segunda enseñanza en España es un concepto ambiguo y confuso que podía a superponerse con la enseñanza primaria (con finalidades distintas), y tampoco estaba nítidamente separada de las enseñanzas universitarias.
 
 
Bueno. Antes de continuar creo que sería aclaratorio dar unas breves pinceladas sobre los aconteceres políticos que van teniendo lugar en España y que van precediendo las reformas educativas.
 
 
En 1812 se proclamó la Constitución de Cádiz, cuyo Título IX se dedicó a la Educación, y la Junta de Instrucción Pública encargó un informe sobre el estado de la Educación Nacional, el Informe Quintana, de 1813, que sería hecho Ley el Trienio Liberal (1820-23).
 
 
Fernando VII (década Ominosa, 1923-1933) supuso un parón al viento liberal de la Constitución de 1812 y un retorno al Plan Aranda de 1771 acompañado de una nueva Junta de Instrucción Pública más favorable a las apetencias de la Iglesia por una Universidad más acorde al absolutismo que abolió cuantas normas, planes, leyes y reglamentos existían con el más mínimo tinte, no ya revolucionario, sino liberal. 
 
 
De 1836 a 1857 se intenta implantar un sistema educativo de nueva planta básicamente de inspiración moderada, que se va consolidando con avances y retrocesos entre 1857 y 1868. Ello dio paso a la Revolución de 1868, también conocida como Gloriosa o Septembrina, a partir de la cual se irá instaurando, paulatinamente, una real libertad de la enseñanza.
 
 
El S. XIX, que había sido casi iniciado con la invasión napoleónica, no acaba mucho mejor. La independencia de las Colonias de Ultramar generan una gran frustración moral y deterioro económico que continuarán presentes en los comienzos del XX… de los que nos dejará constancia la Generación del 98.
 
 
Y mientras todo eso va pasando… la educación, reflejo de la sociedad y de la política, va haciendo su largo y tortuoso recorrido, con avances y retrocesos, una y muchas veces más. Imprevisión, personalismo, fuertes ataduras al pasado, tradición, absolutismo, liberalismo y revolución se van conjugando en una cadencia que deja menos margen al pacto que a la improvisación. Estaba todo por hacer.
 
 
Ya la propia denominación de los centros educativos muestra los defectos, imprecisiones, equívocos o indefiniciones de la Enseñanza Secundaria. Había institutos, cierto, pero unos eran elementales, otros superiores, unos de primera otros de segunda o de tercera clase, algunos eran locales, otros provinciales, generales, nacionales o técnicos… Cada uno de ellos, con elementos diferenciales respecto a todos los demás. Incluso podía darse el caso de que, en determinadas épocas, en algunos centros se podían estar llevando a cabo enseñanzas secundarias… pero también carreras universitarias, hoy diríamos de tipo medio, o profesionales, como Agricultura, Magisterio, Comercio u otras o bien, inclusive, se llegaron a habilitar Aulas dentro de Universidades para asignaturas concretas o cursos enteros de Bachillerato.
 
 
Más delimitación parece que existía en la propia estructura organizativa, que constaba de dos ciclos, el Elemental y el Superior (también denominados Elemental y de Ampliación). En ellos podían cursarse estudios generales -que preparaban a los estudiantes para obtener el título de Bachiller en Artes, más valorado y que abría las puertas de la Universidad-, estudios de aplicación -destinados a la formación de técnicos con titulación de Peritos-, de cultura general -de preparación para estudios superiores en Ciencias y Letras-… con un modelo imitado de los tradicionales estudios de Enseñanza Universitaria.
 
 
La Ley Moyano (Claudio Moyano, 1857), era acorde con una ideología de partido moderado, que asumía y venía a consagrar un sistema educativo cuyas bases estaban en Reglamento de 1821, en el Plan del Duque de Rivas de 1836, en el Plan Pidal de 1845 y en el bienio liberal de 1855.
 
 
La Ley de 1857 recoge y compila todo el material normativo precedente y se mantiene, en sus aspectos esenciales, durante el S XIX y buena parte de S XX… si bien, al carecer de un ministro propio del ramo de Educación, siempre estará a expensas de los ministerios que depende que son Gracia y Justicia, Fomento y Gobierno, situación que origina multitud de planes, reformas, contrarreformas… al son de los sucesivos cambios de Gobierno que van teniendo lugar. Con todo ello, esta Ley asienta un sistema de acceso para Catedráticos de Instituto, una Segunda Enseñanza con Institutos y Normales en cada provincia, estableciéndose un Currículo de Bachillerato, que es estable y sin cambios hasta el año 1870.
 
 
La Ley Moyano de 1857 fue una Ley realista, alejada de los extremos, dotada de un alto contenido civil y legal. En síntesis, no fue una mala Ley. No fue innovadora y, tampoco agradó totalmente ni a los más liberales ni a los más conservadores, pero gozó amplios consensos en los puntos de partida y sobre la modernización del Sistema Educativo en España, y las líneas maestras que trazó perduraron más de 100 años. Se critica el hecho de plasmar el derecho de la Iglesia Católica, que gozaba de una muy superior implantación educativa frente al Estado, a vigilar la pureza ideológica de los estudios. Junto a ella otras críticas, no menores, referidas a la gratuidad relativa de la Enseñanza Primaria, la centralización y uniformidad del sistema educativo (modelo francés) y la limitación de la libertad de Cátedra.
 
 
El año 1870 es eliminado el grado de bachiller universitario que pasa a ser atribuido a los Institutos. Igualmente se elimina la diferencia entre los institutos de primera y de segunda clase y unos años después, en 1887, se pone fin a la dependencia que los institutos tenían de los Municipios y de las Diputaciones, lo que causaba enormes diferencias en financiación, resultados y calidad. Por fin, la Administración Central del Estado asume los costes y el control de los Institutos.
 
 
Los finales del S. XIX van consolidando un modelo de Segunda Enseñanza razonable, de forma que el S. XX permite crear por primera vez el Ministerio de Instrucción Pública en 1903, siendo su primer ministro Don Antonio García Alix que, como venía y viene siendo tradición, introduce una reforma aunque sea de nulo calado. Otras reformas recargarán el currículo de contenido enciclopédico, de materias y de exámenes. El protagonismo de la primera década del Siglo tiene el sello liberal de Romanones, dos veces Ministro de Instrucción e impulsor de Cánovas a la jefatura del Partido Liberal.
 
 
Las dos décadas siguientes, hasta la proclamación de la II República en 1931, están marcadas por dos hechos de interés. 
 
 
El primero una iniciativa de carácter público pero de ejecución privada, que es la creación del Instituto Escuela, en 1918, bajo el paraguas de la Institución Libre de Enseñanza, como centro de actividades de Enseñanza Media tanto en las áreas de investigación como de formación de profesorado y el segundo, el Plan Callejo de 1926 que crea el Bachillerato Elemental y que elimina el examen conjunto para establecerlo por asignaturas.
 
 
El cambio de la forma de Estado en 1931, la República de los Maestros, apunta el énfasis de la intencionalidad pedagógica. Dos semanas después de la proclamación de la II República ya existía un nuevo Decreto para el profesorado y para la Institución. La Enseñanza Secundaria se independiza de la Universidad y los exámenes y títulos de Bachillerato pasan a ser competencia de los Institutos.
 
 
A este primer cambio le siguen otros no menores, anulación del Plan Callejo y restablecimiento de la Ley de 1903, reglamentación del acceso a Catedrático de Instituto, con 6 pruebas de gran dificultad, ampliación de Plantillas y de Centros con formación intensiva de profesorado, coeducación, Inspección Educativa estable, bilingüismo en territorios con dos lenguas oficiales… pero todo ello con poco recorrido temporal, con exceso de apasionamiento y con cálculos erróneos del funcionamiento de la realidad. 
 
 
Si a los ocho años de la II República le restamos los tres de la Guerra Civil nos queda muy poco tiempo para consolidar políticas o poder ver unos resultados. Buenas ideas, no siempre acertadas ejecuciones, falta de tiempo y precipitación. Porque poner en práctica buenos deseos requiere algo más que su simple enumeración y buenas dosis de voluntarismo. 
 
La apuesta de Fernando de los Ríos en el debate constitucional de 1931 fue muy arriesgada. La disolución de la Compañía de Jesús y la prohibición de impartir docencia a las órdenes religiosas sin disponer de una red de centros y profesores capaces de dar continuidad al servicio educativo provocó movimientos en una Iglesia afectada que reivindicó su derecho a enseñar y el de los padres a la elección de los centros. Se creó la Junta de Sustitución (1 de Enero de 1934) para sustituir enseñanza, profesores y edificios religiosos por laicos. Comienza una ‘guerra escolar’ entre confesionales y laicistas en la que intervino directamente la Santa Sede de Pío IX y acabó con el fracaso de la sustitución de la enseñanza religiosa, porque las distintas órdenes pusieron sus centros en manos de seglares con derechos ciudadanos. Tenían otro nombre, pero eran lo mismo. De hecho, el número de colegios privados era mayor en 1935 que en 1931, cuando se formalizó la apuesta educativa del Estado. Un Estado que no pudo improvisar a golpe de Decreto ni la lenta tarea de formación de profesorado ni asumir los costos de la creación de los centros.
 
 
Tras ganar la CEDA las elecciones, tuvo lugar una reforma fundamental para Segunda Enseñanza, el Plan Villalobos. Se estructuró un bachillerato de siete cursos en dos ciclos; el primero de 3 años, de enseñanza general y preparatoria y el segundo de 4 (2 de formación y 2 de profundización) con un final de Prueba de Reválida ante un Tribunal con profesorado Universitario. En cuanto a Enseñanza Superior, se creó la Ciudad Universitaria de Madrid y el colegio de España en París. Pero de poco sirvieron estas u otras medidas… frente al baile 16 de ministros de Instrucción en un periodo de unos 6 años. En eso quedó la Instrucción en el periodo de la II República. 
 
 
Un Decreto de Noviembre de 1938, del General Franco, nuevamente reguló la nueva Enseñanza Media, cuya vigencia va a extenderse hasta 1953. Se trata del Bachillerato Universitario, caracterizado por su dureza y por la Prueba de Estado final para la obtención del Título de Bachillerato y poder continuar los estudios Universitarios. A todo ello hemos dedicado completamente la Entrega número 6 de esta serie, titulado 3.2. Bachillerato Universitario.
 
 
La aportación del Ministro Ruiz Giménez, en 1953, vino a introducir un poco de racionalidad descongestionando los Programas del Bachillerato Universitario… que resultó ser frustrante, no sólo para muchos alumnos incapaces de aprobar la dificultosa Prueba de Estado, sino también para el propio Estado que veía como fracasaba el instrumento de validación de unas futuras clases medias, de profesiones liberales y profesionalizadas, como sostén de Régimen. 
 
 
El Bachillerato Universitario, de siete años, se troceó en tres: Bachillerato Elemental (4 años), Bachiller Superior (2) y Preuniversitario. Total siete años también, pero con posibilidades de poder lograr retos intermedios, sin jugárselo todo a la una única carta y con separación de Ciencias y Letras en Bachiller Superior y Preuniversitario, flanqueados por el Examen de Ingreso y las Reválidas de 4º y 6º curso.
 
 
Junto a todo ello, la creación de un Cuerpo de Inspectores de Bachillerato y un Cuerpo de Catedráticos… ya extinguido.
 
 
En la década de los 60, y producto de las grandes transformaciones sociales y económicas que tienen lugar en España, se produce una gran aumento de la población y una gran explosión, sobre todo, en la Enseñanza Secundaria, pasando de unos pocos institutos a más 1500 en 30 o 40 años. El ministro Lora Tamayo, además de crear nuevos centros, amplió la red secundaria con filiales, secciones delegadas y colegios libres adoptados… hasta que, prácticamente, con las costuras rotas a finales de los 60, se procede a una nueva reforma general de Sistema Educativo. La Ley Villar Palasí.
 
 
El Plan de 1967 intenta poner orden en el caos normativo existente con los siguientes cambios:
 
 
0.- Fin a la dualidad del Bachillerato elemental por fusión del de 5 años (Ley de 16 de Julio de 1949) y el de 4 (ley de 1953). Plan de estudios unificado para el primer tramo de enseñanza media o Elemental.
 
 
1.- Intento de democratización de la formación a través del Bachillerato Elemental, que tendrá carácter finalista, no propedéutico o estrictamente necesario para el Superior.
 
 
2.- Bachillerato único para todos, que implica la equiparación del horario de alumnas y alumnos, eliminando la sobrecarga lectiva femenina. Unificación del horario semanal en todos los centros.
 
 
3.- Reducción del número de horas/clase semana a 26. Quedan 6 horas para actividades complementarias, que con las 26 lectivas hacen un total de 32. 
 
 
4.- Prohibición expresa de los ‘deberes’. El Instituto ofrecerá espacios, tiempos y profesorado para cubrir las 6 horas complementarias, voluntarias y pagadas por las familias. Regulación de las Permanencias.
 
 
5.- Nuevas materias. Añadido curricular de 2 h/s de Trabajos Manuales/Formación del Hogar y adelanto del Idioma Moderno con 3 h/s… en detrimento de Lengua/Literatura, Matemáticas… y reducción de contenidos.
 
 
6.- Sustitución de los bloques de 6 h/s, por otros de un máximo de 3 h/s. La “Clase” o “Unidad Didáctica” dejará de tener los 75 minutos que tenía (45 +30) y tendrá de una duración de 1 hora. 
 
 
La Ley General de Educación de 1970 del Ministro Villar Palasí destaca por la ampliación del periodo obligatorio de enseñanza hasta los 14 años. La nueva estructuración de la enseñanza no Universitaria descansa en tres pilares: la Enseñanza General Básica -EGB-, el Bachillerato Unificado Polivalente –BUP.- y la Formación Profesional -FP-. Desaparecen el Examen de Ingreso selectivo para comenzar el Bachillerato, se da carácter optativo, primero, y después eliminan las Reválidas de 4º y 6º. También se cambia el curso Preuniversitario por el Curso de Orientación Universitaria –COU-. Con ello se homologa la enseñanza básica a los países occidentales pero no se acierta en la ruptura y separación de los dos estadios anteriores a la Universidad BUP y FP.
 
 
La L.O.D.E., de 1985, pone fin a la prioridad de la pertenencia al Cuerpo de Catedráticos, que se declarará a extinguir, para el cargo de Director de Instituto, que será elegido en el Consejo Escolar, desarrolla el artículo 27 de la Constitución relativo al Derecho a la Educación, e intenta armonizar los derechos y las libertades de todos los agentes intervinientes en la educación, regulando la escolaridad básica de todo español a través de red doble de centros (públicos y privados) y la programación de la enseñanza.
 
 
La posterior L.O.G.S.E. (Ley de Ordenación general del Sistema Educativo), de 1990 fue impulsada por el Ministro Maravall, firmada por Javier Solana y desarrollada por Pérez Rubalcaba. Las tres eminencias ministeriales responsables de la excelencia de nuestro Sistema Educativo actual. Los dos últimos, conocedores profundos del sistema educativo público pues habían estudiado su bachiller en el Colegio del Pilar, que como todo el mundo sabe era un Ateneo Popular y Libertario donde estudian las clases bajas de la periferia de Madrid, polifacéticos, es decir, responsables de los departamentos o ministerios que hiciese falta, mostraron un gran afecto por las poltronas que aguantaban sus ministrables posaderas. La LOGSE venía precedida, supuestamente, por la experiencia de contenidos y métodos.
 
 
Pretendió salvar la Enseñanza Secundaria o Media en base al derecho a la educación que considera el sistema educativo como un derecho para minimizar las desigualdades y la calidad de la enseñanza que obligó a una fuerte remodelación de los contenidos curriculares y la metodología del sistema educativo. 
 
 
 
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Pero lo que le faltó a la LOGSE fue realismo para asumir la realidad educativa tal como es, y lo que le sobró fue soberbia y convencimiento de que esa misma realidad puede doblegarse a los dictados políticos y por tanto puede ser cambiada externamente simplemente con el Boletín Oficial del Estado y financiación. 
 
 
Ha tenido un gran rechazo entre una amplia capa del profesorado real de institutos que era proporcional a las alabanzas del profesorado liberado que ‘ascendía’ para asesorar en LOGSE. 
 
 
El desconocimiento y desprecio de la experiencia docente de profesores de a pie… no ha podido ser balanceado con miles de asesores, predicadores y liberados que han solucionado su vida profesional, disfrutando de las mieles de ser funcionarios docentes sin las hieles de estar dentro del aula.
 
 
Los resultados… no necesitan demasiadas explicaciones: jubilaciones voluntarias masivas (99/%) a los 60 años con 35 de docencia. Casi todo el mundo habla mal del Sistema Logse pero curiosamente las críticas o análisis escritos al mismo, casi no pasan de Cartas al Director. ¿Será casualidad?
 
 
 
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Las regulaciones posteriores han ido pecado de los mismos defectos que las anteriores: la falta de un pacto amplio entre los partidos que pueda dar luz verde a un nuevo marco legal, profundo, estable y blindado a las ocurrencias que vayan teniendo los sucesivos ministros de educación, alguno de los cuales ha llegado a aprobar leyes que ni siquiera se han llegado a aplicar.
 
 
 
Nota. 
 
Agradezco a Andrés Faro Lalanne (Faro) de http://www.e-faro.info/CASTELLA/E1presen.html la amabilidad y que ha tenido al permitirme utilizar sus viñetas, auténticas obras de arte con el alto contenido irónico de una mirada de altura, distante y profunda, como la de un águila. 
 
 
Próxima entrega: 7. Enseñanzas no regladas. Segunda mitad S.XX
 
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