Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 25/09/2018
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Ángel Alonso Carracedo
7/09/2018

El pregón del corazón

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Hace ya un tiempo, unas dos semanas, pero el disco duro de la memoria lo almacena con frescura, con esa percepción de detalles que quedan grabados para mucho tiempo. Fue el día del ‘cohete’, como llamábamos de chavales al día inaugural de las fiestas de agosto, el primer paseo de los gigantones y cabezudos. El encendido inaugural de esos voladores retumbones, de palo, que, reventada la pólvora, no sin estrépito, éste se precipitaba sobre el gentío congregado en la plaza,  provocando algún que otro susto.

 

Entonces no recogía el programa, que yo recuerde, el pregón anunciador de los festejos  desde la balconada del ayuntamiento, aunque no tardando mucho, se instaló  en costumbre, hasta el punto que desplazó en expectación otras correrías de niños delante de los personajes bufonescos de cartón-piedra.

 

Hoy, el pregón se escucha con una educada atención, a pie de plaza. Pocos, pero selectos, sin que nadie vea en la distinción clasismos dominantes. En los laterales, en las terrazas que circunvalan el rectángulo más concurrido de Astorga, por supuesto, hay más gente, pero ellos están a su vino o la fría cerveza que calma la sed, descripción, naturalmente, sin ánimo censor.

 

Muchos juzgamos el pregón desde una perspectiva intelectual, tirando a elitista. Por regla general, el voceador es personaje letrado, hábil prestidigitador de las palabras,  donoso y hasta ocurrente en los adjetivos, sembrador de metáforas en textos fértiles, y bien dotado de memoria para evocar esos días en sus tiempos de la infancia. Sobre estos apriorismos, la corporación designa el nombre del nuncio y los oyentes nos vamos haciendo una calificación de su mensaje que,  las más de las veces, queremos que responda a  creaciones literarias de altos vuelos.

 

El pregón de este año ha resultado, para éste que escribe, especialmente entrañable. Sobre la magnífica tribuna de los fastos municipales y populares, la representación a medio camino del siglo de existencia de una institución astorgana como Cosamai, un centro de formación para discapacitados intelectuales. El punto de partida sugería inmediatamente un pregón, rompedor y heterodoxo. Nadie podía esperar seducciones literarias y oratorias, ni tampoco  voces educadas a fuerza de discursos y conferencias ante audiciones expertas y eruditas. Resultó lo que se esperaba: muchas palabras pronunciadas con audible dificultad y no menos emoción en unas personas que fueron  por unos minutos, las más cultas y refinadas de un entorno a punto de estallar en fiesta. Por eso, fue todo un pregón de las razones y cultura del corazón. Ni siquiera admitía comparaciones con otros de años anteriores. Era único en su especie.

 

Creo que se acertó de pleno con esta elección. Pudimos observar cómo personas, hace no mucho, tildadas de diferentes, hoy están en la enhorabuena de ser semejantes en todo a cualquiera de nosotros, con las mismas alegrías, tristezas, aspiraciones… Nos transmitieron sin ambages esa lección de vida. La extendida costumbre de tiempos como estos de dar visibilidad (otro término de moda en la civilización de la imagen) para concienciar a las masas, recibió un importante empujón en esa balconada que, desde arriba, vigilan con celo maragato  Zancuda y Colasa.

 

A la buena nueva del pregón astorgano ha seguido, casi inmediatamente después, la designación de la película ‘Campeones’,  de Javier Fesser, para representar a España en la próxima edición de los Premios Óscar, otra demostración del infinito potencial humano de estas personas, en el formato de esa fábrica de sueños que es el cine.

 

Hacen falta en todo el mundo acciones de este tipo, bien coordinadas hacia este colectivo de discapacitados, no solo intelectuales, sino físicos, porque también ellos se ven mermados en demostraciones inapelables de libertad como la movilidad. Soy suegro de una persona como estas. Argentino de nacimiento, lleva cinco años en este país, y todavía nadie le ha dado una oportunidad para ganarse la vida trabajando, la prueba del nueve de que no eres diferente.

 

Quizás les haga falta poner un ‘lobby’ en su vida, como pasa con otros grupos azotados por las muchas caras de la injusticia social. Estas personas, en sus reivindicaciones,  hacen de uno un todo, vaya si lo sabré. Siempre alegres, contagian su felicidad. No sé cómo, pero te hacen ser y sentir mejor. Nunca establecerán diferenciaciones de sexo ni de otros condicionantes, vendidos como permanente debilidad, para hacerse los fuertes y ser exclusivos acaparadores de la tan magnificada visibilidad.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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