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Elena Rodríguez Domínguez. Texto: Eloy Rubio Carro
9/09/2018

El secreto del secreto de unas fotografías

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Elena Rodríguez Domínguez ha ilustrado la serie de narraciones que se han venido publicando en Astorga Redacción en 'Relatos de la Fresquera', a lo largo de este verano. Un negro y blanco que hace pensar que retoma a Heráclito y resuelve la danza en un perseverar de la misma. Que reivindica los matices en la búsqueda de la verdad

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Desde siempre la filosofía ha pensado que la realidad se oculta y que se alcanzaría la verdad tras un cauto proceso de desvelamiento. La fotografía, tan solo algunas de ellas, mantienen esa pretensión.

 

Son maneras de acceso a lo oculto. Susan Sontag en ‘Sobre la fotografía’ dice: “La  capacidad de la cámara para transformar la realidad en algo bello deriva de su relativa debilidad como medio para comunicar la verdad.” 

 

Arbus por su parte añade: “Una fotografía es un secreto acerca de un secreto. Cuanto más te dice menos sabes.” 

 

La relación más extendida de la fotografía con el mundo es la propia de los consumidores o turistas de la realidad, cuyas fotografías reunidas de un solo día nos proporcionarían una imagen multiplicada del mundo. Imagen hueca sin ningún interés cognoscitivo por tautológica.

 

Hay otro tipo de fotografías que no pretende esa pormenorización del mundo, eso que nadie podría ver sin ayuda de tantos ojos, tanto espejo irreflexivo, pues en la mayoría de esas instantáneas nadie ha mirado. Se apunta y dispara sobre la realidad, sobre lo que se tenga enfrente. Tal vez así la maten y así no se habría comprendido nada.

 

Volviendo a la frase de Arbus y suponiendo que se refiere a esa fotografía que sí nos mira, que provoca el pensamiento, que filosofa a la busca de la verdad aún sabiendo no hallarse jamás en ella, abriendo la posibilidad al saber: “Cuanto más te dice menos sabes”. ¿No es esta la paradoja socrática del saber del no saber?

 

 

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Elena Rodríguez Domínguez no es la primera vez que publica series de fotografías, ya lo hizo para el número 6 de Rilhafoles, la revista del círculo de Lisboa. Ahora ha ilustrado siete narraciones disímiles, con el común de lo maravilloso, escritas para la ‘Fresquera’, sección de cuentos de verano de ‘Contexto Global’. Son fotografías en negro y blanco, y esto ha de ser así porque la sombra es más importante que la luz para ese saber que se busca. Claro, esto solo puede ser así en el mundo del mirar, y la fotografía que se hace habitualmente no pertenece a ese mundo. Esa fotografía habitual destaca la luz que se posa, refleja o traspasa las cosas sin penetrarlas, sin hundirlas al fondo de su mirada, mucho menos indaga el orden que componen en su intimidad. Fotografía de la luz en mundo plano. 

 

Estaríamos dados a pensar que es la sombra la que oculta la luz y que sería está el fin del viaje. Podríamos también pensar que el objetivo de la belleza son esas fotografías sin mácula, realizadas con parasoles o reflectores blancos, plateados, dorados en una persecución insistente contra lo oscuro.

 

Aquí lo oscuro solo se persigue en cuanto saber que se busca. Hay una fotografía en Rilhafoles en la que una mano sirve de fondo a una línea de sombra que proviene de un marco de ventana, (asómense a ‘El corazón de las tinieblas’). Esta sombra en la mano no destaca la mano sino que es la sombra la que malea y conforma el fondo, inaprensible, efímera. A un tiempo a mano y a desmano. Amplificación del mundo y descentramiento de lo humano, a pesar de lo humano de la mano, en encuentro fortuito y creativo que salva la mirada sin que pudiéramos saber para qué...

 

En las fotografías que presentamos es menos evidente esa primacía, ese desplazamiento de la obra, del objeto al relato que lo critica.

 

 

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Insisto, no se trata de una serie, sino de fotografías que ilustran narraciones diversas. En una de las fotografías vemos una persiana a medio abrir. Imaginemos la persiana totalmente bajada, la habitación a oscuras y según la vamos alzando se irá dibujando. Vamos viendo lo que ya estaba ahí, se va desvelando la oscuridad, -¿o es la luz lo que se desvela, la que pone velo a lo oscuro?- ¿No es la oscuridad la que hace posible los rayos de luz que penetran por las rendijas como haces en la pared y que solo serán accesibles en la oscuridad que permanece? Un desborde de la luz por la ventana abierta nos enceguecería, impidiéndonos la vista, aunque no la visión como mirada. Hay realidades que solo se nos dan en la danza, en el encuentro y encontronazo entre Tiamat y Marduk de la mitología babilónica que se remeda en las tauromaquias (Michel Leiris: ‘La literatura como una tauromaquia’). Hay realidades que no se darán jamás en esta dimensión de lo visible. Bajemos ahora la persiana completamente y hagamos la fotografía, la de la completa ceguera. No la de la nada.

 

En otra de las fotografías, sobre un fondo nuboso que recorre todos los tonos del negro al blanco, una bandada de grajos se ha petrificado a nuestra vista en su vuelo. Las posibilidades de la mirada son enormes para un vuelo perpetuo, no hay carne y sueño, quizás caigan de espaldas hacia el cielo y se diluyan en lo más oscuro de un fondo que velan las nubes. Otra vez la danza entre contrarios, entre el fuego y combustible heraclitianos que se precisan mutuamente. Ya vamos sabiendo que la verdad está en los matices.

 

La fotografía del díptico en donde las breves manchitas del primer cuadrante podrían ser la clave para leer el hormigueo del adyacente, como una usurpación de lo luminosos sobre un originario oscuro. O tal vez la clave esté en el otro cuadrante, leyendo el díptico en el orden inverso hasta llegar a esos mínimos puntos del izquierdo acorralados que todavía resisten. Ahora subamos la persiana hasta arriba y hagamos la fotografía, la de la completa ceguera. No la de la nada.

 

 

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Este es el plan de estas siete y más fotografías, el secreto de ese secreto, tras la luz la oscuridad, que dificilmente conseguirá ser desvelada.

 

 

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