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Fernando Huerta
20/07/2013

Paracinema: La desmaterialización del cine en las prácticas artísticas. Esperanza Collado Sánchez

Esperanza Collado Sánchez. Paracinema: La desmaterialización del cine en las prácticas artísticas, Trama Editorial 2012, 136 páginas


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Ya en 1907 Henri Bergson tituló uno de sus capítulos de la Evolución Creadora  bajo el epígrafe  'El mecanismo cinematográfico del pensamiento'; en los años 60 Arnold Hauser publicó el tercer tomo de su Historia Social del Arte bajo el título 'La Era del cine'.

 

 Y es que el arte del siglo XX fue el arte del cine. Bien podemos decir que durante el siglo XX cierto estilo cinematográfico se adueñó de las otras artes: novela, teatro, pintura. Saber en qué consiste dicho estilo cinematográfico ha sido tema de todos los estetas del siglo XX que se han preguntado por la especificidad del cine: Balazs, Arnheim, Eisenstein. ¿Qué es el cine? ¿Cuál es su especificidad? Porque si sabemos qué es lo específico del cine podremos llegar a atisbar qué es lo que Esperanza Collado llama el  grado 0 del cine, allí donde el cine deja de ser tal para convertirse en Paracinema, fenómeno consistente en que el séptimo arte se mira a sí mismo y reflexiona sobre lo específico de su entidad, diseccionándose en las diversas partes que forman el proceso cinematográfico: rodaje, montaje, proyección, narración, espectáculo teatral, dispositivo mecánico, sonido, luz, etc.

 

La autora rastrea el origen del  Paracinema en las vanguardias europeas, soviéticas y americanas. Desde el  Anemic Cinema de Marcel Duchamp hasta los inquietantes filmes de Maya Deren pasando por la concepción constructivista de Ziga Vertov.  Su desarrollo posterior en la vanguardia americana del Pop y Underground acabará desembocando en las distintas tendencias que constituyen el llamado  grado 0 del cine: el cine de exposición, el cine expandido, el cine performance.


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Estas prácticas, que se han ido desarrollando durante los últimos cincuenta años, pretenden, por un lado dejar en evidencia el espectáculo ortodoxo del cine que se centra en la representación ilusionista; por otro experimentar sobre heterodoxas posibilidades de expresión que se aproximan a otras modalidades artísticas, sea la pintura, la escultura, el teatro o el happening.

 

Pero, la instalación de  Anthony  McCall del año 1973 Line Describing a Cone, ¿es cine o pintura cinética?;  la obra de Rafael Lozano realizada en la ciudad de Linz y titulada 1000 Platitudes,     ¿es cine o un espectáculo de luz sobre la arquitectura de la ciudad?; la instalación Shower de 1964 del artista Robert Whitman ¿es cine o más bien un cuadro colgado en una galería? ; la instalación Dispersion Room del artista Aenout Mik en 2004 ¿no está más cerca del  happening que del cine?

 

Nos encontramos, pues, en un terreno fronterizo donde las artes se yuxtaponen entre sí.  Es ese territorio el que investiga el libro Paracinema, dándonos toda una serie de referencias sobre  los artistas y obras que han jalonado esta región novedosa y sorprendente de la Historia del Arte.

 

Mas, habría que pensar si el cine no lleva en su ADN el esfuerzo para inventarse conceptualmente a sí mismo. Desde el Cinematógrafo de Lumière o el Bioscopio de Skladanowsky hasta las instalaciones de Paik o la imagen numérica, pasando por la aparición del sonoro, las pantallas múltiples de Abel Gance o las proyecciones esféricas de los parques de atracciones, la imagen fílmica y todo el dispositivo tecnológico que la hace posible han ido renovándose de manera proteica y generando en el espectador una nueva percepción del mundo.


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En esa línea de producir nuevas expresiones y percepciones está el paracinema y el libro de Esperanza Collado Sánchez es una valiosa aportación a la comprensión del fenómeno.

 

Seguramente la edición del libro habría ganado si se hubieran documentado con material gráfico  las numerosas experiencias paracinematográficas de las que habla. Sería deseable una nueva edición con dichos documentos. También nos hubiera gustado encontrar la acuñación de términos en español para el expanded cinema, cinèma élargi , o el cine performance, pues no sería malo no depender de la terminología inglesa o francesa.

 

En conclusión, hay que saludar la aparición de libros como  Paracinema porque sacuden nuestro pensamiento, tal y como hiciera en su día Val del Omar con la percepción del espectador.

 


*Fernando Huerta es profesor de Historia en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Astorga.

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