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Miguel Pérez
21/11/2013

Camino Kumano

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Tocando el Pacífico.

Jueves, 21 de noviembre. Nagoya

Escribo desde el  Shinkansen, conocido como 'tren bala' que nos trasladará en apenas hora y media hasta Tokio.

Un día fascinante- Camino Kumano

Hoy comenzamos temprano porque debíamos aprovechar el tiempo y además, como hemos sabido a largo del día, había mucha gente pendiente de nosotros.

Lo hemos hecho a las 06:00 con un desayuno rápido e inmediatamente nos hemos acercado a tocar el ¡Océano Pacífico! que aquí se llama Mar de Nachi y que teníamos frente al hotel.

Un autobús urbano nos traslada hasta nuestra primera sorpresa y nuestro inicio del Camino: un viejo monje, que tal vez algún astorgano recuerde haber visto por la ciudad con su andar ligero camino de Santiago, nos recibe con una amplia sonrisa y nos dirige al primer templo: Fudarakusan-ji. Es el más pequeño de todos pero el más antiguo, un viejo templo del siglo IV que guarda en una caja fuerte de más de dos metros de altura y uno de profundidad - abierta expresamente para nosotros en esta ocasión -  la  figura de la diosa  Sentyu-kannon (mil manos). 
Aquí nos explican que Katsuura es centro de peregrinación y cruce de caminos ya que a esta zona llegan hasta tres caminos principales  para unirse al de Kumano que es Patrimonio de la Humanidad desde 2004. Inmediatamente nos vienen a la cabeza las similitudes con Astorga y quién sabe si también la seguridad del encuentro en la historia de estos lugares sagrados entre los que nuestra ciudad, una de las diócesis más antiguas de la península y con increíbles leyendas sobre su fundación, sin duda se encuentra.

Algo más adelante nos esperan, para iniciar la subida al resto de templos y la gran cascada, tres monjes más con sus zapatos en forma de pezuña, las campanillas que marcan el ritmo de sus pasos, sus camisas con textos sagrados en la espalda y su singular gorrito sobre la frente. Nos dan la bienvenida con el sonido de un instrumento construido con una gran caracola, un sonido que retumbará por el valle subiendo por la laderas en medio del bosque de bambúes y cedros, algunos centenarios y sagrados.

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                                                   Nuestros "monjes guías" en el camino.

Durante casi dos kilómetros hemos ascendido escaleras, y escaleras, y más escaleras, con pequeños descansos y sonrisas, siempre sonrisas y saludos, de los locales.

Al final de la ascensión nos ha recibido en el templo Nachi-san Seiganto-ji un sacerdote que nos ha dado la bienvenida y nos ha invitado a participar en una sencilla ceremonia en la que ha bendecido a Astorga y a todos nosotros. Resultaba curioso oír el nombre de nuestra ciudad en medio de esa jerga melódica y rítmica acompañada de percusión y de los golpes vibrantes de su campana de oración. Por un momento he podido imaginar la emocion sentida por muchos de los peregrinos de otras culturas y países  que han podido acudir y sentir una misa en nuestra catedral.

Al lado, en tonos naranjas  intensos, en el templo Kumano Nachi  nos ofrecieron el privilegio de hacer sonar la campana (aquí son piezas como grandes vasos de bronce de paredes gruesas que suena al ser golpeados con una especie de maza de madera y tela).

Nuestros pasos eran conducidos por el sonido de la gran caracola y al final del grupo, siempre atento y diligente, el sacerdote mayor vigilaba que nadie se quedará atrás o se perdiese.

Tras la comida tradicional, descalzos y de rodillas en mesas bajas, nos han llevado a la pagoda de las tres leyendas desde las que se tienen unas vistas únicas de la cascada sagrada y el valle. Una bajada, una subida, vuelta a bajar y a subir una vez más hasta el final de las escaleras que nos ha llevado a los pies de la gran cascada sagrada de Nachi que con 130 metros de altura es la más alta de la islas de Japón donde nos encontramos (no podemos olvidar que todo Japón son islas). Aquí, en terreno sagrado, hemos finalizado nuestro Camino.

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                                                    Templo Kumano Nachi.

Sin duda ha sido un día emocionante y fascinante y así lo percibíamos desde el autobús que nos bajaba del monte sagrado mientras los monjes nos despedían con el sonido de la caracola, sus dos manos diciendo adiós y su sonrisa, siempre su sonrisa. 

Posdatas
Creo que hemos hecho más fotos que los japoneses que nos visitan.
Periodistas locales han seguido nuestros pasos, nos han realizado fotos y han entrevistado al presidente sobre nuestro viaje. Prometemos información sobre lo que publiquen


Dos curiosidades
En los viajes de tren el revisor se sitúa a la cabecera del vagón para saludar con una leve reverencia y dar las gracias por viajar en él. Después procede a ir pidiendo los billetes repitiendo las gracias y la reverencia a cada pasajero. No puedo evitar el pensar en las personas de seguridad y limpieza del aeropuerto de Barajas que al embarcar ni rogaron ni pidieron que nos descalzásemos, simplemente exigieron hacerlo. Nos dieron unos calcetines de plástico para pasar las botas por el control de seguridad y al ir a calzarnos de nuevo, recibimos la bronca de la señora de la limpieza porque esos calcetines no estaban ya en unas papeleras colocadas estratégicamente para que nadie las vea.
Hay que decir que las reverencias nunca son signos de sumisión sino de respeto.

Otra de trenes
En el vagón en el que vamos la ocupación es casi total, no se oyen teléfonos móviles, no se oyen conversaciones. Bueno miento si se oyen, las de los españoles de nuestro grupo.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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