Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 23/09/2018
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Miguel Pérez
24/11/2013

Un país fascinante

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Sábado, 23 de noviembre. Tokio.

En primer lugar debo pedir disculpas por algunos errores cometidos en la redacción. Lo cierto es que estoy escribiendo muy tarde, después de muchas horas de intensas experiencias, y a veces el deseo de que llegue la información me impide corregir cuanto quisiera. No es disculpa, nunca debe haber disculpas para no escribir bien, pero por ejemplo en estos momentos aquí son la 02:00 de la madrugada y desde las 09:00 de la mañana no hemos parado.

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Jardines orientales del complejo del Palacio Imperial.

Hoy ha tocado Tokio de nuevo. Ya dominamos el metro, con algunas dudas, pero lo hacemos bastante bien y con humor. Temprano hemos comenzado la visita en el santuario de Ejinja en el que hemos tenido la suerte de asistir a una especie de ceremonia para niños pequeños similar a la que podría ser nuestra Primera Comunión. El templo se sitúa en una pequeña colina entre grandes ¡muy grandes! edificios y el contraste entre uno y otros es muy llamativo. Nos sigue fascinando lo que vemos y ahora comprendo lo de los japoneses que llegan a España y no sueltan la cámara de la cara. Nosotros actuamos de la misma manera; todo nos sorprende, todo lo consideramos digno de retratar, todo queda inmortalizado en nuestras cámaras.

Tras cientos de fotos hemos paseado al lado de los edificios gubernamentales y el parlamento para llegar a la zona donde se encuentra la vivienda del Emperador. El Palacio no es visitable pero rodeando el extenso parque que lo circunda, un rodeo que nos hubiese permitido andar el perímetro entero de Astorga, llegamos a los hermosos jardines orientales. ¡Son como los de las películas!, bellos, extrañamente ordenados con árboles que a fuerza de dirigir su crecimiento se han convertido en esculturas, estanques con sus carpas sagradas, puentes, paseos de grandes piedras expresamente escogidas para formar un deambular estético y nosotros con la baba cerca del suelo porque además hace un día espléndido. El otoño está en su pleno apogeo y los árboles lucen con toda la gama de ocres, rojos, verdes y cremas posibles. Para entrar, en fila y disciplinadamente como todo en este país, te dan una ficha que debes devolver a la salida. Con este sistema conocen con bastante precisión cuantas personas quedan en el interior de los jardines, una curiosidad más de Japón.

Nos ha resultado difícil tener que marcharnos del lugar pero Tokio es muy grande y nuestras ansias de ver cosas también.

Apenas cuatro estaciones de tren y nos hemos trasladado a la zona de Harajuku-Omotesano. Para entonces ya es la hora de comer y hemos optado por un puesto semicallejero que ofrece una especie de buñuelos rellenos de pequeños trozos de pulpo. Lo más significativo es ver cómo los hacen utilizando los palillos con una habilidad extraordinaria. Al lado hemos visto una de las colas más impresionantes y curiosos ¡cola para comprar palomitas!
 
Hoy sábado es día de fiesta y no sé si por el famoso cruce de Shibuya pasan un millón de personas peor si no es así, desde luego lo puede parecer perfectamente a la vista de la cantidad de gente que se ve por las calles.

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La moda que viene: grandes bolsos para chicos.

Una vez comidos hemos repartido 'abrazos gratis' a dos simpáticos japoneses que los pedían e iban contando la gente que se los daba. También hemos fotografiado a gente entre rara y muy rara en cuanto a su estética y nos hemos dirigido al templo de Meji Jinau. De nuevo la suerte nos ha permitido encontrarnos con una ceremonia de boda y su estética y rituales nos han vuelto a sorprender. A ello se unía una especie de concurso ofrenda de grandes barcos construidos a bases de verduras (col, nabos, lechugas, etc) de dimensiones considerables. ¡Otro montón de fotos! hasta que guardias uniformados nos indican que van a cerrar. El templo está dedicado al emperador Meiji y su esposa y cuando se erigió recibió 100.000 árboles que hoy conforman un autentico bosque. 

Ya anocheciendo, aquí lo hace sobre las seis de la tarde, hemos paseado por la calle Takeshita Dori, toda ella con comercios de trajes de los ídolos de los adolescentes donde, entre la multitud, es fácil ver a chicas vestidas al mejor estilo de muñecas de porcelana de todas las épocas y a ellos con un nuevo look absolutamente andrógino. 

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Ceremonia de boda en el templo de Meji Jinau.  

De vuelta al hotel hemos encontrado un curioso puesto de retales de telas de Kimonos, algunas muy hermosas y baratas, así que no hemos podido resistir la tentación, al fin y al cabo todavía tenemos unos cuantos yenes.

Hemos finalizado el día con una tranquila y muy agradable cena con Tomoko, la presidenta de la Asociación de Japón, que amablemente se ha acercado a nuestro hotel para acompañarnos y donde nos ha contado que la exposición está teniendo un gran éxito de visitas.

Un maragato en Japón.


Curiosidades
Servicios
Efectivamente el país que vive entre la tradición y la modernidad ha llevado ese estilo a todos los aspectos de la vida incluido los más íntimos. Todos los servicios, tanto públicos como privados, incorporan una taza con chorro de agua especial para limpiar las partes íntimas y para los más tradicionales conserva el sistema que en España llamaríamos de toda la vida.

Moda
Atención a la moda que llega. Chicos con aspecto de chica y cuidados al máximo detalle. Plataformas de más de 5 centímetros incluso para zapatillas estilo 'converse' y para los chicos amplios y estupendos bolsos que se llevan del brazo y que superan con creces el tamaño  de los que llevan las chicas. No he preguntado ¡qué demonios pueden llevar en algo tan grande! mi japonés apenas sirve para dar las gracias.





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