Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 12/12/2017
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El Solito Trovador
6/12/2013

Fluyendo por la incertidumbre

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Fue saliendo el frío sol en Burgos poco a poco, mientras caminaba desde el albergue hasta un bar que se llamaba kilómetro 0 y que estaba, como cabía esperar, donde salen las carreteras. Tomé un café allí y lleno de dudas me puse a andar siguiendo los carteles que indicaban la dirección de las carreteras nacionales de Logroño y de Vitoria. Mi objetivo seguía siendo ir a Jaca, con lo cual me valían ambas opciones, dado lo ambiguo del autostop. En mi mente estaba Pamplona y para llegar a Pamplona, si no me fallaba la geografía mental, tanto Logroño como Vitoria me valían, así que cuando me encontré con el punto en el que se dividían los caminos y tuve que tomar una decisión, decidí dejarme llevar por la rima. Dije “¡Coño!¡A Logroño!” y la decisión quedó firmemente tomada. 

Tuve que caminar un rato, por polígonos y asfalto, esperando encontrar una gasolinera. Vi un bar y me tomé una buena caña mañanera. Así a lo tonto llevaba ya más de una hora caminando con toda la carga. Le pregunté al camarero si allí paraba gente que fuera a Logroño (el desanimo y las dudas querían hacerse con el control, pero yo me aferraba a mi pensamiento positivo). El camarero me dijo que allí era difícil, pero que había una gasolinera justo pasado el bar.

A la puerta de la gasolinera ya no existían las dudas. Sabía que había llegado allí y eso ya era un logro y tenía todo el día para conseguir que alguien me llevase “dirección Logroño”. Después de preguntar varias veces y recibir miles de negativas (la mayoría decían que no iban a Logroño) paró un coche enorme con pinta de ser de gente con pasta. Se bajó un matrimonio de unos sesenta años con cara (ambos) de pocos amigos. Pensé que ellos no me cogerían, pero viendo que tenían matrícula francesa me apeteció practicar el idioma. Un rato después estaba en un coche que funcionaba a gas con un matrimonio de cazadores-viticultores de la zona de Burgos yendo a Irún. Eso sí que había sido un logro (ño).

Irún está cerca de Pamplona y Pamplona está a una hora de Jaca. Las cosas iban sobre ruedas. Sobre todo el acordeón, en un carrito que empezaba a fallar, con dos ruedas a las que se les salían constantemente las gomas. Y llovía, y hacía frío, y había muchos coches y ruido y todo era gris. Pero estaba contento. Llamé a mi tío el de Pamplona. Trabajaba todo el día, pero cuando saliera podría ir a buscarme, así que me dijo que fuera acercándome a Pamplona y que por la noche me llamaba. Le hice caso.

Cogí un camino que tenía buena pinta y cuyos primeros kilómetros eran idílicos. Ya no llovía tanto. Caminaba junto al Bidasoa, rodeado de bosque y montaña. A medida que avanzaba, el camino se iba volviendo menos idílico. Empezó a llover más. Hacía un frío húmedo que molestaba bastante y el peso en la espalda se iba haciendo notar y convirtiéndose en dolor, pero no estaba permitido perder el espíritu. Había que avanzar. Las circunstancias se volvían cada vez más adversas, y cuando miré en el google maps por dónde iba y cuánto me quedaba para el siguiente pueblo, me di cuenta de que iba a ser un día duro. Llevaba conmigo la carta que me había dado el druida Aneirin y que me había dicho que abriese cuando lo necesitase. Era el momento. Lo que ponía me animó. Hablaba de que los caminos llevan a uno mismo, y ese mismo era yo, y yo tenía que avanzar, así que me vine arriba. Sabía que lo más importante era la actitud. La vida funciona así, con lo que pensé que riéndome de las circunstancias adversas sería más capaz de afrontarlas. A fin de cuentas, el agua solo moja y el frío no es más que una sensación térmica. El dolor se pasa y el peso no existe si me quito la mochila. Con esos pensamientos cogí fuerzas. 

Caminé durante horas. Llegó a ponerse a diluviar, afortunadamente había algunos túneles en el camino (curiosos túneles con luces que se encendían solas al entrar en ellos, y menos mal, porque eran largos y oscuros. Daban algo de miedo). En una bifurcación de caminos me encontré con un hombre extraño abrigado con una capa y con un bastón, que fumaba marihuana y compartía el frío y los pensamientos con dos perros. Hay cosas que se escapa de la lógica y otras que parece que se salen del espacio-tiempo. Él era uno de esos elementos. Me indicó por dónde tenía que ir, y no miré hacia atrás, pero estoy seguro de que desapareció entre la niebla... yo tenía que hablar con mi tío y me estaba quedando sin batería en el móvil. Todo lo que llevaba estaba calado, estaba cansado y hacía mucho frío. Pero había pasado a Navarra, y cambiar de provincia era un pequeño símbolo que suponía un logro. Significaba avanzar. Si las aventuras no tuvieran episodios así, no serían aventuras. ¡Todo saldría bien!

… CONTINUARÁ …

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