Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 12/12/2017
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El Solito Trovador
9/12/2013

La conexión mágica entre peregrinos y viajeros

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A pesar de la lluvia que había conseguido pasar a formar parte del equipaje, calando (como comprobaría más tarde en Pamplona) hasta el último rincón de mi mochila; el frío húmedo que hacía del día una experiencia gris y hostil; el dolor de espaldas que se hacía manifiesto un nuevo día andando más de la cuenta y cargando más de lo debido y la amenaza de mi móvil quedándose sin batería y amenazando así la manera de contactar con mi tío una vez que llegase a algún lugar con carretera, a algún pueblo, cruce, rotonda... conseguí llegar a Bera, un pueblito del norte de Navarra. Un pueblo que de repente fue un oasis de montaña al que llegó este velero a la deriva, chorreando, agotado, pero contento, habiendo superado una prueba más sin perder lo más importante: la ilusión y el pensamiento positivo. Entré en una taberna llena de paisanos con boina y bastón, de gestos rudos montañeses y de aire fortachón y amable. Bebían vino, jugaban a las cartas y hablaban en Euskera. Claramente, me alejaba de casa. Bebí una cerveza bien grande y puse a cargar el móvil. Lo peor estaba hecho. Había entrado en Navarra y tendría batería para avisar a mi tío y decirle donde estaba. Cuando hablé con él estaba en una reunión en Tudela, al otro lado de Navarra. Me dijo que intentase ir bajando en dirección a Pamplona y que él me iba a buscar. La camarera de la taberna me dejó un paraguas y caminé en dirección a una gasolinera que había en la carretera con intención de ver si alguien se dirigía a Pamplona. 

Los camiones pasaban a toda velocidad, salpicando. La tarde era tan oscura y el viento soplaba con tanta fuerza que se hizo difícil caminar ese pequeño tramo, aunque no llevase pesos. En la gasolinera me dijeron que era muy difícil que alguien fuese en esa dirección, pues parece ser que solo repostaban allí camioneros y turismos de la zona. Volví por donde había venido. Insisto en la prepotencia inclemente del tiempo, que descargó a sus anchas aquella tarde en el pequeño oasis de montaña que supuso Bera. Devolví el paraguas a la camarera, que me dejó un rotulador para escribir en una cartulina 'Iruña', cogí mis cosas y me dirigí a la rotonda que indicaba la carretera a Pamplona. Allí estuve quizás un par de horas, bajo la lluvia, que caía con menos fuerza ya, y viendo como caía la noche poco a poco. Estaba debajo de una farola, con lo que al oscurecer tenía hasta focos que iluminaban a un viajero solitario con un cartel que pedía que le llevaran a Iruña. Un camionero portugués bienintencionado pretendió saltarse su política de empresa y ayudarme a cumplir mi propósito... pero el camionero portugués había leído mal el cartel. Iba a Irún. Me quedé allí riéndome con la vida y sus ironías. ¡Solo faltaba terminar aquel día en Irún después de la peripecia de jornada que me había traído a Bera!

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Y hay gente con un tío en América. A mi me bastó tenerlo en Navarra. Apareció unas horas después en la rotonda. Se rió conmigo. Me invitó a cenar... y esa noche dormí en una cama cómoda y grande, echamos a secar todo mi equipaje y me sentí en casa, una sensación que más de una vez y con ciertas personas, a veces desconocidas hasta entonces, he sentido a lo largo del viaje.

Me quedé en Zizur Mayor (al lado de Pamplona) dos noches. Pasé muchos ratos con mi tío y otros ratos tocando en la calle. Allí, cantando en Estafeta, conocí una noche a un peregrino italiano, de Dumenza, una pequeña localidad cercana a Varese, en el norte de Italia. Iba hacia Santiago. Fue un encuentro de esos que se hacen eternos. Una conexión mágica de las que surgen entre peregrinos y viajeros, tal vez porque en sus periplos diarios sus mentes funcionan de otro modo y están más abiertas a los encuentros, a la confianza. A ver más allá de las personas y fijarse en el lado luminoso de sus conciencias. Fue uno de los primeros encuentros mágicos (por llamarlos de algún modo) de un viaje que hasta hoy (escribiendo en las montañas del norte de Eslovenia, aprovecho este inciso para justificar que quizás a la crónica le falte algo de calidad, pues es más difícil escribirla con el móvil aprovechando los pequeños ramalazos de wifi que encuentro, aunque por otra parte puede que así goce de mayor espontaneidad) ha tenido muchos más ejemplos. Me dijo el peregrino de Dumenza que del 10 al 19 de noviembre estaría allí y me dio el contacto de gente de la zona, de una comuna de artistas y de alguna asociación, por si me dejaba caer. Quedamos en contacto y me sentí satisfecho. En momentos como ese siempre estoy seguro de que el Universo teje los caminos y los encuentros de quienes tienen que caminar juntos, decirse algo o simplemente aparecer por motivos que a veces, en el momento de producirse, racionalmente aún no comprendemos. Estamos claramente conectados y somos parte de una misma conciencia de luz cuyos rayos, por algún motivo se cruzan de pronto, por un tiempo y para siempre.

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Al día siguiente, también tocando en la calle, un policía se me acercó. Convencido (soy de León y allí la 'poli' funciona de otro modo) de que me iba a preguntar de malas maneras si tenía permiso y que al no tenerlo me echaría, me dispuse a recoger. Me sorprendí al ver que muy educadamente y con una sonrisa me pidió por favor si no me importaba ponerme en otro sitio porque un vecino se había quejado. Le di hasta las gracias y poco me faltó para besarle los pies, es lo que tiene estar acostumbrado a ser músico callejero en León, donde además de haber llegado a estar casi un año para conseguir un simple permiso de un mes por el que hay que pagar 30 euros y encima está plagado de copia-pega y faltas de ortografía, te tratan con la prepotencia del uniforme como si fueras un delincuente. Me fui feliz, entendiendo porqué en Pamplona hay ese nivel y esa calidad en las actuaciones callejeras que pude ver.

Esa tarde, mi tío y yo emprendimos camino a Jaca.

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Brújula de luz que las gentes de Balterius'98 le regalaron al Solito Trovador para hacer más llevadero el viaje.
Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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