Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 24/06/2017
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El Solito Trovador
12/12/2013

Jaca

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Volver a Aragón es para mí siempre un nuevo encuentro especial con algo muy profundo. Supongo que se trata de la sangre, de regresar a la tierra que configuró el acento de mi abuelo. De volver a encontrarme con el pueblo que forjó el carácter con el que se moldeó la alegría de vivir, la cabezonería exacerbada pero bonachona y la humildad que llevan mi padre y mi tío en el 'Huerta' y que espero que sepamos heredar mis hermanos y yo. Mi abuelo Luis era de Aragón. Podríamos decir que era aragonés, pero como nos pasa en León, tiene más contundencia decir 'soy de León; soy de Aragón' llenarte la boca de mayúscula y palabra aguda con acento fuerte, contundente. Él era de allí, de Aragón. No precisamente del Alto Aragón, a donde nos dirigíamos, más bien de la zona del vino de Cariñena, cerca de Zaragoza, zona de calor y pocas sombras, donde precisamente por ello las puertas para el viajero están siempre abiertas. Tierra de gentes rudas, pero sinceras, humildes. Gentes de verdad, auténticas. Amantes de su tierra, tanto, que les cuesta salir. Algo tendrá. Y lo que tiene lo tiene el 'país' entero, y nace ahí arriba, en los Pirineos. Donde el agua, donde el olor a leña, donde los buitres. Donde solo llega gente buena y se queda.

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En casa de gente buena me quedé una semana. Llegamos a Jaca. El día estaba soleado y tomamos una caña en una terraza junto a la pequeña pero inmensa catedral románica, esperando que María y Ángel me llamasen (iban a ser mis anfitriones esos días) pero no llamaban. Mi tío se fue al rato, y me quedé paseando por la ciudad. Por sus calles estrechas, tranquilas y acogedoras. Por sus plazas de cuento, de pueblo, de ensueño. Olía a otoño incipiente del norte. A frío de cuando se va la luz y se enciende la lumbre con leños viejos.

María llamó un rato después, el rato suficiente para que me diera tiempo a familiarizarme con Jaca, a quererla rápido. Amor a primera vista, pensé. Jaca, el norte de Aragón que tanto había escuchado cantar a la Ronda de Boltaña, estaba allí, conmigo, paseándome, paseándose por mí, por mis recuerdos y por mi ilusión. María y Ángel habían estado recogiendo setas. Cuando llegaron fuimos a Alaniés, una asociación donde tenía programado un concierto esa semana.

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En Alaniés hablé con gente de Barbastro, conocí a distintos personajes del lugar, de un lugar en el que si profundizas, sin duda te sientes en un pequeño cuento de duendes y de hadas de montañas. De brujas y espantabrujas. Aquello tenía muy buena pinta. Empecé a sentirme como en casa en aquella pequeña ciudad con historia, junto a Oroel, ese monte que coronaría dos veces para buscar el tesoro que guardaba el dragón... pero eso sería a lo largo de la semana. Hoy, era solamente Jaca.

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