Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 24/06/2017
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El Solito Trovador
28/12/2013

Lausanne

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Flon es el centro financiero, logístico y cultural de Lausanne. Podría decirse que es una plaza, pero hablamos de una ciudad configurada de un modo distinto a lo que normalmente estamos acostumbrados. La parte más baja, a orillas del lago Leman, está a unos trescientos metros, mientras que la más alta, a poca distancia, se encuentra a ochocientos metros sobre el nivel del mar. Unos quinientos metros de diferencia que obligan a Lausanne ordenarse en torno a una disposición que sin duda determina su carácter o su espíritu. Además de estar comunicada por dos líneas del metro con mayor desnivel del mundo que se encuentran precisamente en Flon, la ciudad está llena de escaleras, puentes, pasarelas, rampas y ascensores que permiten que la vida pueda desarrollarse en una ciudad comprometida con la naturaleza, que se distribuye por los parques, el gran bosque que la corona y el lago más grande de Europa. Hablamos, además, de Suiza. Un mundo distinto.

Por allí, por Flon, está la Police de Commerce. La simpática mujer del albergue donde me hospedé me explicó que allí podía solicitar el permiso para tocar en la calle, y en vista de que ya me habían advertido que en Suiza todo funciona bien si se cumplen las normas que regulan absolutamente todos los aspectos de la vida ciudadana y que todo se tuerce o se complica si se intentan ignorar o infringir, a la mañana siguiente me dirigí allí. Pregunté en la ventanilla, esperando mil pegas, si era posible conseguir esa autorización y me respondieron que preguntase en la ventanilla de al lado. Efectivamente: ARTISTES DE RUE (Artistas de calle) ponía en un cartelito. No tenía todavía francos suizos, por lo que tuve que esperar a cambiar para poder pagar la tasa que me pedían y hacerme con el permiso inmediatamente.

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Pasé la semana en Lausanne, con el objetivo de recuperar cantando en la calle lo que se me escapaba en el albergue y el día a día de una de las ciudades de uno de los países más caros del mundo. Aún así, poco a poco fui amortizándolo, y mi permiso me permitía regresar más adelante otra semana. Viví experiencias increíbles a pie de acorde y estribillo y conocí gente interesante, además de perderme por una ciudad auténtica en la que tuve la suerte de vivir el último día la edición de la Marathon de Lausanne, que se celebra anualmente entre el frío, la magia y la humedad del lago Leman.

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Esa semana estuvo llena de color, porque a pesar del frío, los atardeceres sobre Flon, donde tocaba habitualmente, tenían un punto muy especial. Unos tonos que ni los pintores impresionistas habrían sido capaces de reflejar. Además, a orillas del gran lago, el sol atardecía con orgullo y recitaba cielos que se reflejaban en las aguas. Algún día llovía y entonces, era la propia ciudad la que destacaba con sus miles de luces, puestas con mucho más que gusto. 

La última tarde subimos al Parc de l’Hermitage, una colina con un bosque al que llaman parque, donde hay una torre de madera que eleva aún más la perspectiva. Allí vimos al sol acostarse, y a la catedral gótica mirarle y soñar con desprender sus piedras del suelo y ponerse a caminar en dirección a ese lugar al que llaman Compostela y hacia el que se dirigen muchos de los personajes que pasan por allí…

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