Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 23/08/2017
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El Solito Trovador
23/01/2014

Italia, Divina Comedia: Los primeros pasos de un Dante Trovador

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En la estación de servicio de Aosta, cuando se acercaban las luces más madrugadoras de mi primer amanecer en Italia, me recogió Patric, un conductor con el que había contactado por Internet. Fue difícil no dormirme durante el trayecto. Estaba agotado tras aquella larga noche despierto, pero agradecido por la conversación que se mantenía viva en todo momento.

Mis ojos hacían lo posible para no cerrarse y el cielo nublado y denso permitía, a ratos y con condiciones, desperezarse al sol. Tenía una extraña sensación. Tantas ganas de llegar a Italia estaban desembocando de pronto en una pequeña angustia no definida. Podía deberse al cansancio, no le dí más vueltas.

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Pasamos por Alessandria, Piacenza, Parma… y de pronto estábamos inmersos en un caótico embudo que nos sacaba de la autovía en la salida de Modena. 

“L’Italie…” dejó caer Patric. 

Me dejó en una parada de autobús, después de decirme que guardase su teléfono, pues él hacía este trayecto y de ida y vuelta todas las semanas y quizás algún día podría venirme bien. 

Paré al autobús. La conductora me gritó en Italiano ¡Oh lala, ya no se hablaba francés, certo! Estaba muy enfadada; y yo trataba de no caerme mientras pagaba lo que entendí que costaba el viaje de conducción agresiva que me hacía danzar extrañamente para evitar perder el equilibrio, agarrando el carrito con el acordeón y con la mochila a la espalda. Traté de preguntarle a la conductora dónde me tenía que apear. Una chica me dijo amablemente en inglés que ella me avisaría, ante el recibimiento enérgico y enfurecido de nuestra chófer.

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Por la ventanilla del autobús veía un cielo absolutamente gris y plomizo, y yo no había dormido e iba muy cargado. Y había cambiado el orden suizo por el estilo italiano… que empezaba a descubrir. Más tarde me dirían que Italia, habitualmente, los primeros días no trata muy bien al visitante. Tal vez esconde sus maravillas al principiante porque no todos los ojos merezcan enviar tanta belleza y magia al corazón… 

Como un Dante moderno atravesando los infiernos di mis primeros pasitos, asustado, scombolto (sin saber aún lo que significaba) por un país que más que un país era un modo de vida. Hacía frío. Tenía sueño. Me pesaba el equipaje. Me dolía la espalda. Trataba de sonreír, de tomármelo con filosofía. Las calles estaban vacías, era muy pronto. Me daba cierto miedo pensar que allí, quizás, no pudiera ponerme a tocar en las calles. Realmente, lo confieso, me sentía en otro mundo. Recuerdo mi adolescencia por Marruecos menos exótica que esos primeros pasos por Modena. Donde el vinagre, donde el Lmbrusco, donde los Ferrari. Donde las cosas desde fuera se ven tan refinadas… y yo lo veía todo sucio y desordenado.

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Los espíritus de las artes convierten en periplo caótico los primeros pasos por Italia. Porque tanta belleza, tanta magia, tanta vida… tanta Bella Italia merece una dantesca iniciación… tocaba, como el protagonista de La Divina Comedia, enfrentarse a la primera parte: El Infierno.
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