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El Solito Trovador
29/01/2014

El infierno

Canto Primero. Emilia Romagna
Modena


el mezzo del cammin di nostra vita
    mi ritrovai per una selva oscura,
    ché la diritta via era smarrita.

    Ahi quanto a dir qual era è cosa dura
    esta selva selvaggia e aspra e forte
    che nel pensier rinova la paura!

    Dante

[Img #7535]
                            Las puertas del infierno de William Blake.                     

Dante eligió el espíritu de Virgilio, el poeta, como acompañante en su viaje interior por los distintos círculos del infierno. Guió al florentino a través del tránsito de su alma desde los bosques oscuros hacia la luz. Yo elegí a Dante. Le elegí ya en Jaca, sin saberlo. Recorrí las librerías de la ciudad aragonesa en busca de La Divina Comedia. No la encontré, y un pdf en mi teléfono me abrió la posibilidad de acompañar a Virgilio y a Dante por los infiernos. ¡Quién me iba a decir a mí que emularía el periplo del poeta renacentista!

Y es que el infierno es algo interior. Al igual que el paraíso. Algo que llevamos por dentro pero que caminamos por fuera. Algunos, como los condenados de La Divina Comedia, se conforman con una vida de tinieblas y dolor. Otros, como Dante, prefieren atravesar conscientemente el infierno, observando, viviendo, comprendiendo que forma parte del camino.

Italia... hoy agradezco de corazón esas lecciones que me diste cuando atravesé tus puertas. "Abandonad los que entráis toda esperanza". Y de tu mano, Dante, como tu atravesaste las puertas de tu exilio junto a Virgilio, caminé por esas calles vacías, madrugadoras y cansadas de Modena, ¿o era yo quien estaba vacío, madrugador y cansado? 

[Img #7533]
                        El Rey Minos a las puertas del infierno de Gustave Doré.

EL LIMBO. Círculo Primero del Infierno.
Allí, en El Limbo, hay que comparecer ante el juez Minos. Dios de Creta. Hijo de Zeus y Europa. Sentado a las puertas del segundo círculo del infierno, que es donde comienza el infierno propiamente dicho, juzga las almas y les asigna el castigo. Entré en un bar pequeño, cerca de la Duomo de Modena. "Hoy mi primo día en Italia", tartamudeé. Acerté una palabra (intentaba hablar en italiano). Francesca, la camarera, era simpática. Sonreía. El ambiente era acogedor, pero seguía habiendo algo en el aire que no me convencía. Quizás la atenta mirada de mi Minos particular. Sentada en una mesa redonda, leyendo Il Resto del Carlino, una mujer me observaba por encima de las gafas. Me había oído tratar de hacerme entender, animado, sonriente (la procesión va por dentro) que buscaba como podía pedir permiso para tocar en las calles. Me interrogó. Me preguntó que qué pensaba mi madre de todo esto. Que qué esperaba de la vida y cuestiones del estilo. Imaginé a Dante en una situación similar... viviendo su Divina Comedia interior, siendo interrogado por un ser del inframundo (entiéndase que hablo metafóricamente, pues esa mujer fue un punto importante de todo este viaje). Parece que mis respuestas le valieron, pues me dijo que era un "vero ragazzo".

Entendí que aquel interrogatorio había sido una prueba más. Intentaba defenderme en italiano sin saber decir nada y luchaba ante el examen de gentes que veían en mi un peregrino-bohemio-extranjero -perdido-loco-inconsciente-acordeonista sin metas fijas. Sentía, vacío, perdido, desubicado, que había que continuar adelante con la filosofía del pensamiento positivo. Solo esa premisa podía poner esperanza a un rumbo a la deriva. Tocaba seguir, a contracorriente, a disgusto. Darle la espalda a lo oscuro del bosque. Dante y Virgilio iban conmigo. ¡Adelante!

[Img #7536]

Recorrí kilómetros por la ciudad con mi inseparable acordeón y la maleta. Estuve en tres edificios y en uno tuve que subir hasta un sexto piso con el ascensor estropeado. Las oficinas estaban viejas. Papeles por los suelos, carpetas... desorden. Caos. Sin embargo, la gente era amable. Excepto la venerable ancianita que me atendió. Estaba en la policía. Quería un permiso para tocar en la calle. No hacía falta.

Deshice kilómetros, me senté a tocar donde creí que sería mejor opción. No era el mejor sitio. Miré la hora. Las 10:30. Aún las 10:30. La primera parte del Infierno se estaba haciendo larga. Me desanimé. ¿Dónde dormiría esa noche? ¿Qué haría al día siguiente? ¿Y al siguiente? ... tenía intención de ir a Bologna, pensaba en seguir bajando hacia el sur, pero nada me llenaba. Nada me seducía. Me sentía muy solo. Muy perdido. Muy lejos de casa.



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